Las
estadísticas y las cuentas le añaden hoy una buena carga de paradojas a la
guerra en Colombia.
A finales
de 2007 se hizo público el documento “Algunas consideraciones cuantitativas
sobre la evolución reciente del conflicto en Colombia”, de los investigadores
José Fernando Isaza Delgado y Diógenes Campos Romero.
El estudio
es una actualización del informe “Modelos dinámicos de guerra”, escrito por los
mismo autores en el año 2004, que mereció ser traído a casos y cuentas de hoy,
por lo que Isaza y Campos consideran un “reforzamiento” de sus conclusiones
iniciales.
Y la más
importante de estas conclusiones actualizadas pudiera ser el costo de la guerra
para los colombianos. Me refiero a un costo estrictamente monetario, ya que ese
es el carácter primordial del documento.
Según Isaza
y Campos en la guerra se gastan hoy en Colombia 22,21 billones de pesos, o un 6,5%
del Producto Interno Bruto, que es el total de los ingresos del país. Este PIB
está calculado a 2007 en $351,2 billones, con la aclaración de que billones en
pesos son millones de millones, y de que un millón de pesos corresponde a
U$2.000 aproximadamente.
Hasta aquí
esa conclusión pudiera ser un dato frío, pero las alarmas se encienden cuando lo
miramos en perspectiva: Los Estados Unidos, que mantienen dos frentes de guerra
activos, en Irak y Afganistan, y subsidian multimillonariamente aparatos
militares como el de Israel, Pakistán y Colombia, entre otros, dedica sólo el
4,04% de su Producto Interno Bruto al gasto militar.
Y en todos
los países de la Unión Europea que hacen parte de la OTAN, el gasto militar
llega, en casos extremos, al 2% de su PIB.
Y nada
indica una reducción en el futuro pues el informe anota que: “No obstante la
elevada participación del gasto militar en el año 2007, esta crecerá para el
año 2008, superando la proporción del PIB, en toda la historia registrada en el
siglo XX”.
En el
pasado Colombia, además de vivir el conflicto social y armado que se agudiza a
partir del asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán en 1948,
se enfrentó militarmente al Perú en 1934 y el gasto militar de entonces llegó a
ser del 3% del PIB.
Más
adelante, entre 1974 y 1991, durante casi tres décadas de “Estado de Sitio” o
supresión de garantías constitucionales por la agudización del conflicto social
y armado interno, en una época de dictaduras en el Continente, el gasto militar
colombiano fue inferior al 2%. Antes, en el año 1970, había crecido hacia el
3,2% por la compra de nuevos fusiles tipo G-3 para la fuerza pública, y la
adquisición de aviones supersónicos “Mirage”.
El mismo
informe considera “interesante” mencionar que durante la llamada “dictadura”
del general Gustavo Rojas Pinilla, entre los años 1954 y 1957, se registró en Colombia
uno de los más bajos gastos militares, con un 1,5% del PIB.
País policía
Con un
gasto militar de tal magnitud y en aumento, los sacrificados son los rubros
sociales, pues los ingresos del país no aumentan. Hoy día el gasto en defensa
es igual a la suma de todas las trasferencias en salud, educación y saneamiento
ambiental juntas.
Según los
estudios de personalidades como el investigador Pedro Medellín y el economista
conservador Juan Camilo Restrepo entre otros, en este año 2008, de los 566.084
cargos que el Estado atiende con cargo al presupuesto central, 459.687 estarán
ocupados por servidores públicos asignados a las labores de defensa, seguridad
y policía. Esto es el 81,2% de los funcionarios públicos colombianos.
El Gobierno
ha estimado en 3,56 billones de pesos la inversión total para este año, pero
2,3 billones, es decir, el 65% lo destinará para comprar equipo militar.
Dentro del
mismo gasto militar, de cada peso asignado por el gobierno central, el
Ministerio de Defensa destina 47 centavos, el 47%, para pagar pensiones de los
militares, que durante lo que duró el estado de sitio, más de dos décadas a
partir de los años 70s, mantuvieron la regla del 2x1, es decir, un año de
tiempo cronológico contado como dos años en el servicio.
Guerra Pírrica
En Colombia
por cada guerrillero de las FARC-EP, el ELN y otros grupos menores, participan
en la guerra 15,5 militares, y “la cifra tiende a aumentar” dice el informe.
A su
inicio, en el año 2002 el Gobierno de Uribe Vélez publicó la cifra de 20.600 rebeldes
de todas las fuerzas presentes en Colombia. Hoy los informes del Ministerio de
Defensa dan cuenta de 50.464 guerrilleros fuera de combate, entre abatidos,
capturados y desmovilizados.
Dice el
informe que “se observa que el número de retirados de la guerrilla es superior
al doble de la cifra inicial de combatientes regulares”. Se calcula entonces
que de cada 100 subversivos retirados del conflicto, la guerrilla logró, en el
“periodo Uribe” de 2002 a 2007 incorporar 84 nuevos combatientes, “lo cual hace
surgir dudas sobre la eficiencia de la lucha” concluye.
Si se toma
el consolidado de cifras de bajas causadas a la guerrilla durante el “periodo
Uribe” 2002-2007 se tienen 9.565 combatientes. Y si se toma como cierta la
cifra dada por el Ministerio de Defensa que dice dedicar el 30% de su
presupuesto a la lucha contra insurgente, es decir, 5,9 billones de pesos, se
tiene que “el costo unitario por baja, captura o desmovilización de un guerrillero
ha sido de $616 millones de pesos”.
Según las
conclusiones de los propios organismos de seguridad, que dan cuenta de la
incorporación de 84 nuevos combatientes por cada 100 bajas, en un periodo
inmediato de cuatro años el costo por baja, captura o desmovilización de un
guerrillero alcanzará una cifra entre los 1.000 y 1.500 millones de pesos.
Salida política
La más
reciente liberación de Consuelo González y Clara Rojas, por intermedio del
presidente venezolano Hugo Chávez y la senadora colombiana Piedad Córdoba, ha
hecho retomar el tema de la necesaria salida política al conflicto social y
armado colombiano.
Chávez por
su parte llama a Marulanda a pensar en la vinculación de las FARC al debate
político legal, cosa que no debe sonar muy bien dentro del grupo guerrillero
por su experiencia de más de seis mil dirigentes políticos de la UP asesinados,
luego de convenir con el gobierno del conservador Belisario Betancur la
creación de la extinta plataforma de participación popular.
Internacionalmente
la propuesta de creación de un nuevo “Grupo de Contadora” para el caso colombiano
tiene de importante la internacionalización del conflicto. Pero esta propuesta
pasa, a mi modo de ver, por dos debates; uno, que los Estados Unidos se
adhieran a sus compromisos y procedan exactamente de forma contraria a como
procedieron con el primer “Grupo de Contadora”, o “Grupo de los ocho”, o “Grupo
de Río”; y dos, que Uribe y sus asesores terminen de una vez reconociendo que
en Colombia existe un conflicto y no una guerra de pandillas enfrentadas al
Estado.
Porque a
pesar de toda la claridad que los números de este informe puedan aportar para
comprender la magnitud de la pesadilla guerrerista colombiana, los mismos
autores han concluido que: “Los guarismos anteriores son bien difíciles de
explicar en un país que, de acuerdo a la política oficial, no tiene conflicto
interno ni externo”.