El
árbol de Iraq no nos deja ver el bosque de Oriente Medio (Líbano) y
Lejano (Irán). Y más ahora, cuando tenemos la ejecución de Sadam Husein
como entretenimiento de masas y literario. Cuando el Grupo de Estudio
sobre Iraq (GEI) hizo público su informe todo el mundo se las prometía
muy felices sobre la retirada de las tropas de ocupación de Iraq. Y no.
Ni antes (1), ni entonces, ni ahora cuando Bush se reúne con su séquito
en su rancho y decide darse más tiempo para "reconducir el rumbo" de la
guerra. Un tiempo que coincide, como si fuese por casualidad, con el
que la nueva Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU concede a
Irán para que ponga fin a su programa nuclear (2). Y en ambas situaciones existe el mismo hilo conductor: el petróleo.
El
GEI hace 79 sugerencias al gobierno de Bush, pero merece la pena
detenerse en tres de ellas y que ponen de manifiesto la razón principal
de la invasión de Iraq. Son la 28, la 62 y la 63 y tienen un mismo
común denominador: la privatización del petróleo. En Iraq se viene
asistiendo a un paulatino incremento de la producción, modesto pero
sostenido mes tras mes, de petróleo. La estrategia energética de
Washington supone que a mediados de 2007 Iraq haya alcanzado los 2'8
millones de barriles diarios (ahora está en casi 2'1) y, así,
garantizarse una importante baza de presión dentro de la OPEP para
reducir el precio del barril de petróleo en una cifra cercana, por
arriba o por abajo, a los 30 dólares. Hay que tener en cuenta que Iraq
no participa de los compromisos de la OPEP para reajustar los precios
según la evolución del mercado.
En
estos momentos el precio está estabilizado en 61 dólares –llegó a los
74 durante la guerra de Israel contra Líbano del verano de 2006- tras
la decisión de la OPEP, a iniciativa de Venezuela, de recortar la
producción para impedir que los precios continuasen bajando. A ello hay
que añadir el reciente ingreso de Angola a la OPEP, producido en la
reunión celebrada el 14 de diciembre en Nigeria. Aparentemente este
hecho no significa nada. Excepto para EEUU, que ve aumentar su
dependencia inmediata del cártel petrolífero. The Financial Times lo ha reflejado a la perfección:
"con el ingreso de Angola a la OPEP los EEUU han aumentado su nivel de
dependencia hasta el nivel que tenían hace 15 años"
(3).
Según este diario, la entrada de Angola supone que la OPEP pasa a
controlar el 54% del total de las importaciones de petróleo de los
países industrializados, aunque esa entrada no se va a reflejar en un
incremento del precio por el momento.
Como
es sabido, el dólar es la moneda de transacción del petróleo. Hasta
ahora. El pasado 18 de diciembre Irán anunció su decisión formal de
adoptar el euro como moneda oficial de cambio, lo que implica que sus
transacciones financieras internacionales se realizarán a partir de
este momento en euros. Irán había venido anunciando a lo largo de todo
el año 2006 su intención de poner en marcha una bolsa petrolera en
euros (4), pero el paso dado va más allá. El efecto de esta medida
no es inmediato. De hecho, Gholanhossein Nozari, director de la
Compañía Nacional de Petróleo Iraní, estima que Irán recibirá en euros
el 57% de sus exportaciones de petróleo. Como diría Chávez, "por
ahora".
¿Cómo
hay que interpretar la decisión iraní? El país persa se justifica
diciendo que el cambio de divisa significa que los países productores
pierden menos dinero. El barril está en los 61 dólares, como se
apuntaba más arriba, y ha estado en los 74. Pero si el precio hubiese
sido reflejado en euros la fluctuación hubiese sido menor, de 48 a 58.
"El dólar es débil y el euro fuerte", dicen los iraníes, por lo que hay
que comenzar a comerciar en una moneda fuerte como antes se hizo con el
dólar tras el abandono del patrón oro, hace ya casi 40 años. Y se
justifican diciendo que Rusia ya tiene la mitad de sus reservas
económicas en euros y yenes y que los Emiratos Árabes Unidos habían
anunciado que iban a convertir en euros el 8% del total de sus reservas
monetarias, algo que se ha hecho efectivo el pasado 27 de diciembre (5). Añaden, además, que ya desde el mes de noviembre EEUU ha
venido presionado a los bancos para que congelasen las cuentas iraníes
por su supuesto "apoyo al terrorismo" (con mención expresa a Hizbulá y
Hamás) y que como consecuencia de esta presión los europeos son cada
vez más renuentes a tramitar las ventas iraníes en dólares o extender
líneas de crédito en esta moneda. Hay al menos tres bancos que desde
entonces retienen los activos iraníes: el Credit Suisse, el Credit
Lyonnais y el HSCB.
La meta de cambio 1=1'50
Pero
está claro que también es una medida política. Esta iniciativa de uno
de los principales países productores de la OPEP significa un desafío
sin precedentes a la economía estadounidense puesto que el comercio de
petróleo es lo que sostiene el dólar.
No
es la primera vez que ocurre, pues una medida similar ya puso en
práctica Sadam Husein como gobernante de Iraq antes de la invasión,
pero entonces la exportación de petróleo estaba sometida a un régimen
de sanciones que, aunque se burlaba en ocasiones, era bastante eficaz y
el precio estaba en los 30 dólares el barril. Una de las primeras
medidas impuestas por los ocupantes a los colaboracionistas fue el
retorno al patrón dólar en el comercio petrolífero, que se mantiene en
la actualidad. La adopción del euro como moneda oficial de una nación
productora de petróleo de la relevancia de Irán, con unos precios por
encima de los 60 dólares, constituye una enorme amenaza estratégica
para la economía de EEUU porque significa el principio del fin.
Los
expertos economistas consideran que el colapso del dólar llegará cuando
la tasa de cambio respecto al euro llegue al 1'50, aunque hay quien lo
establece en 1'70. En estos momentos un euro equivale a 1'32 dólares.
Veinte céntimos. Eso es lo que separa a EEUU del declive económico y el
fin de su hegemonía como superpotencia. Por eso es importante la
premura para imponer sanciones a Irán, amenazar con un plazo de 60 días
para incrementar esas sanciones si este país no renuncia a su programa
nuclear y enmarcar todo ello dentro del Capítulo VII de la Carta de la
ONU, el que autoriza el uso de la fuerza. El déficit comercial de EEUU
y el agujero sin fondo que supone Iraq obligan a la Administración Bush
a reaccionar con fuerza frente a cualquier sugerencia, no ya
constatación, de que los mercados internacionales pueden dejar de
utilizar el dólar. La única solución sería recortar el gasto social,
aumentar impuestos o ambos. Y en un año electoral como 2007 ninguna de
estas medidas es popular.
En
política internacional nada es por casualidad. Irán ha venido
retrasando esta decisión todo lo que ha podido. Cuando ha tenido
constancia de la resolución de la ONU ha sido cuando ha dado el paso.
Una resolución que ha venido precedida de unas maniobras militares de
EEUU, Gran Bretaña y algunos países árabes del Golfo; de las reuniones
de los miembros de la Administración Bush con ocho países de la zona
-Egipto, Jordania, Bahrein, Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudí y los
Emiratos Árabes Unidos – para sondear las posibilidades de crear un
"baluarte suní" frente a Irán (6); del envío a la zona de una parte de la flota de guerra de
EEUU, y de la declaración de Blair de que Irán es la principal amenaza
para la paz y la estabilidad en Oriente Medio. Parece que el cerco se
estrecha y que la guerra es inevitable.
Pero
¿lo es? Son muchos los intereses económicos en juego y una guerra
contra Irán no se quedaría circunscrita únicamente al territorio de
este país. Veamos algunos posibles escenarios.
En
el ámbito económico, China, Rusia e India tienen intereses muy
suculentos en Irán. Los chinos han firmado un acuerdo a 25 años para
importar gas natural, los rusos apoyan el programa nuclear y han
logrado que la planta de Busher no sea mencionada en la resolución de
la ONU, los hindúes también han firmado contratos de suministro de gas
y la construcción de un oleoducto conjunto Irán-Paquistán-India. A ello
hay que añadir que en agosto de 2006 la Organización de Cooperación de
Sanghai admitió a Irán como miembro en calidad de observador. El
referente iraquí está muy presente para estos países. El gobierno de
Sadam Husein firmó acuerdos comerciales con ellos y otros europeos,
como Francia, que no fueron respetados por las potencias ocupantes tras
la invasión de 2003 y temen que algo parecido ocurra en el caso de
Irán.
En
el ámbito militar, las instalaciones de petróleo y gas de los países
del Golfo y Arabia Saudí son extremadamente vulnerables a un ataque de
respuesta iraní si es atacado este país, lo que provocaría el pánico en
los mercados financieros elevando el barril de petróleo a cifras
cercanas a los 100 dólares. No hay que perder de vista, además, que en
estos países el porcentaje de población shií no es nada despreciable:
en Bahrein es del 80% (pese a que los suníes controlan el poder); en
Kuwait es del 30%; Dubai - que se engloba en los Emiratos Árabes Unidos
- es un centro de influencia iraní, donde se hacen negocios y viven
200.000 iraníes; Arabia Saudí tiene una minoría shií precisamente en la
provincia donde se asientan las principales reservas de petróleo.
¿Qué
queda, entonces? O bien una acción unilateral de Israel – y aquí hay
que recoger lo que viene publicando la prensa israelí sobre la "falta
de energía política de Bush para atacar a Irán, y un ataque americano a
Irán es esencial para nuestra existencia" (7) y la necesidad de impulsar el lobby sionista en EEUU,
especialmente dentro del Partido Demócrata para que apoye en público
una acción militar contra Irán, aunque se termina diciendo que "si no
actúan los americanos lo debemos hacer nosotros" – o bien la
desestabilización interna, para lo que ya se está actuando en dos
frentes: el occidental, con EEUU y Gran Bretaña a la cabeza, y el
árabe, con los saudíes en el principal papel. Aquí los israelíes son
muy claros: "debemos cooperar clandestinamente con Arabia Saudí de modo
que persuada a EEUU para atacar a Irán" (8).
EEUU ya está manos a la obra en esta segunda opción. Ha instalado en Dubai su principal estación de espionaje (9)
y se pretende influir en los residentes iraníes allí para que promuevan
un cambio de régimen. Al hecho ya conocido de que el régimen de Bush
incentiva la revuelta en Baluchistán, Azerbaiyán y Juzestán (10) se añade el contacto establecido con los kurdos iraníes, tal y como ha revelado Seymour Hersh (11). Pero el factor más importante es el enfrentamiento sectario, suníes contra shííes.
El pasado 12 de diciembre The New York Times
informó que Arabia Saudí había hecho llegar a la Administración Bush un
escrito con tres condiciones: que no se retirasen las tropas de Iraq
antes del 2008, que no se iniciase ninguna negociación con Irán y que
se reasumiesen "de inmediato" las negociaciones de paz entre Israel y
la Autoridad Palestina para contrarrestar la creciente influencia de
Irán en Hamás, cuyo primer ministro iba a viajar esos días a Teherán en
busca de apoyo político y económico. Las tres condiciones se están
cumpliendo a rajatabla.
El factor chino
La
economía de EEUU es cada vez más vulnerable. Si la iniciativa de Irán
se consolida será un golpe brutal, pero es China quien tiene la última
palabra. Aunque no sea el momento de extenderse en ello, China vende
una gran cantidad de productos a EEUU, proceso en el que acumulan
dólares que luego prestan a los propios EEUU a cambio de bonos del
Tesoro y hacen que EEUU se convierta, cada vez más, en el principal
deudor de China. En el momento en que China corte el grifo, la crisis
financiera será total. Una acción militar contra Irán de EEUU sería la
señal para que ese momento hubiese llegado.
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(1) Alberto Cruz, "Muqtada al Sader, el verdadero problema de EEUU en Iraq"
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=41022
(2) Resolución 1737 del 27 de diciembre de 2006.
(3) The Financial Times, 2 de enero de 2007.
(4) Alberto Cruz, "Irán, la crisis nuclear y la bolsa petrolera"
http://www.igadi.org/index.html
(5) Bloomberg, 27 de diciembre de 2006.
(6) The Financial Times, 29 de noviembre de 2006.
(7) Yediot Aharonot, 30 de diciembre de 2006.
(8) Ibid.
(9) Times, 16 de noviembre de 2006.
(10)Alberto Cruz, "Irán, la crisis nuclear y la bolsa petrolera"
http://www.igadi.org/index.html
(11)New Yorker, 21 de noviembre de 2006.
albercruz@eresmas.com