El pulpo del Panamericanismo

Casi inmediatamente, luego que el pueblo suramericano logró expulsar al imperio español de sus tierras, se levantó otro brutal imperio y tristemente la división del pueblo suramericano en varias fracciones nacionales, lo hizo débil ante éste, es así como se posiciona en América Latina la par americana de la europea balance of powers: la Doctrina Monroe de 1822, doctrina de la opresión al pueblo de Suramérica. Los Estados Unidos mantenía la vasta región como bastión de su imperialismo económico-militar, impidiendo a toda costa la expansión o influencia dominante de las potencias europeas en lo que convencidos estaban, era el patio trasero de casa. Así pues, para aquellos años habían intervenido ya la región. Apenas comenzaba la segunda mitad del siglo XIX, emprendieron dos macabras empresas: la invasión de México, que sufrió la rapacería imperialista que le arrebató más de dos millones de kilómetros cuadrados, los actuales estados de California, Nevada, Utah, Colorado, Wyoming, Arizona, Nuevo México y Texas, más de la mitad del territorio mexicano. Luego por aquellas mismas décadas, anunciaron su intención de anexarse Centroamérica, como fase previa invadieron la región en 1855 y establecieron un Estado títere esclavista, nombraron como presidente a William Walker, un malandrín del sur de los Estados Unidos, pero en 1856 éste fue abrumadoramente derrotado por el pueblo de Costa Rica, y en 1857 fue expulsado de Nicaragua, donde había establecido la capital, no obstante, el imperio resuelto a anexarse Centroamérica, volvió a enviar su ejército en 1860 al mando del mismo comandante, sin embargo, atravesaba Estados Unidos una seria crisis política interna, aquella que a pocos meses degeneraría en el asesinato de su presidente y en el estallido de una guerra intestina, por tanto sus menguadas fuerzas en Centroamérica, fueron reducidas y Walker, mordiendo el polvo de la derrota, hubo de huir en 1861; fue capturado por los ingleses y Londres decidió entregarle a un gobierno centroamericano del cual estuviese seguro ejecutaría al filibustero, esto fue consumado en Honduras ese mismo año.

Queda pues, en evidencia la intención que para la época tenían los Estados Unidos: extender su territorio anexando México y Centroamérica, y también la disposición de Inglaterra, (además de Francia, que también procuraba para sí, la construcción de un canal interoceánico en Centroamérica) para impedirlo.

En 1898 después de la sospechosa voladura del Maine en la Habana, invadieron y se anexaron Cuba y Puerto Rico, luego en 1903 invadieron Colombia, a raíz de la negación del gobierno neogranadino a cederle una franja que comprendía Ciudad de Panamá y Colón para construir un canal interoceánico, en ese año declararon la independencia del Istmo y procedieron a firmar con el gobierno nombrado el tratado Hay-Bunau-Varilla, que obsequió a Washington la requerida franja de territorio para construir el canal. Incontables fueron los excesos lucrativos que este canal que Bolívar soñara para Colombia la Grande, otorgó al monstruo económico que se gestaba en Norteamérica, pues como cualidad innata del liberalismo, prácticamente ni un centavo de dólar emanado de la renta del canal interoceánico se quedó en suelo sudamericano, de este modo, los dineros de estas latitudes desde aquellos años comenzaron a ser utilizados para motorizar el monstruo del imperialismo. Sin excepción, todas las naciones latinoamericanas debieron sufrir de algún modo el yugo del pulpo del norte, que pretendió arropar con sus largos y sanguinarios tentáculos toda la América del Sur. Al estallar la I Guerra Mundial, se justificó la invasión y ocupación de República Dominicana y Haití, con supuestos temores a elementos germanófilos en el Caribe, de manera que para proteger las pequeñas naciones de la malévola Alemania se ocupó la isla, sin embargo, los marines protectores irrumpieron en Puerto Príncipe, ocuparon la Casa de Gobierno, y a fuerza de bazucas reventaron las puertas del Banco Central de Haití, y lo saquearon, llevándose los lingotes de oro y los pocos billetes. Como el gobierno de la isla respaldaba la economía de su pueblo, los mariners se lo llevaron todo, por orden del presidente Wodrow Willson y su séquito de bestias.

No ha habido pueblo en América del Sur que no haya sido golpeado por el Imperio estadounidense, no sería esto cierto si los pueblos de ésta tierra, se hubiesen unido luego de expulsar al imperio español, tal como lo proponía Simón Bolívar, pues si bien es cierto que se unieron para expulsarlo, también lo es que luego de logrado el propósito prioritario, se dividieron, y esa es la razón por la cual Estados Unidos pudo construir ese Imperio que hoy amenaza con destruir el planeta. Pero hoy ha nacido la CELAC, Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, que promete ser esa unión de naciones que soñó el Libertador, y que con el empeño que le ha puesto el Comandante Presidente Hugo Chávez y su visión multipolar podremos maniatar al pulpo del panamericanismo.

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Moisés Rodríguez Castellano


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