Producir un rico

El escritor y político portugués del siglo XIX, Almeida Garrett decía: «yo pregunto a los que se dedican a la economía política, a los moralistas, si ya han calculado el número de individuos que es forzoso condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia más ruín, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico».

La pregunta, plena de vigencia en el Estado español actual, es de dificil cuantificación, pero la cifra sobrepasa los 10 millones de pobres. La brecha entre ricos y pobres se disparó en el Estado español hasta llegar a triplicar la media de la Unión Europea. Mientras, el consumo de productos de lujo, se incrementó en casi más del 30% durante esta crisis; son cientos de miles las familias españolas que el mes que pagan la luz tienen que dejar de pagar el agua porque no les llega. No es una sociedad a dos velocidades, sino una sociedad injusta, arbitraria y clasista en la que el sufrimiento de muchos engorda las cuentas a pocos que cada día son más a juzgar por el aumento del consumo de productos de lujo.

Dentro de esa casta privilegiada de intocables a la crisis, hombres y mujeres de teflón (a los cuales todo les resbala), están los políticos y los miembros del sector financiero y empresarial. Con el cierre de hospitales, colegios o cualquier servicio público se tapan huecos negros sin fondo en bancos. Los de siempre deciden como gastar tu dinero, que por cierto no tienes en tu bolsillo, y qué mejor manera de gastarlo que en uno mismo, en los «amiguetes», a los hechos me remito.

Y es que no se puede poner a buitres a cuidar la carne.

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