Colombia: de la tregua unilateral a la contención militar

COLOMBIA: DE LA TREGUA UNILATERAL A LA CONTENCION MILITAR

La decisión del Secretariado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo, FARC-EP, de declarar una Tregua Unilateral durante el período navideña hasta el 21 de enero de 2013, en el marco del actual proceso de diálogo y negociación de Paz que se celebra en la ciudad de la Habana, República de Cuba, con el gobierno de la República de Colombia, fue una decisión política de importantes consecuencias militares en el terreno, la cual, aunque fue respondida con rechazo por el Presidente Juan Manuel Santos, su Ministro de Defensa y su alto Mando Militar, tuvo una aceptable acogida en diversos sectores políticos y sociales colombianos y de importantes gobernantes, líderes políticos y personalidades de Nuestra América y el mundo, que vieron en esta decisión una importante contribución al éxito de las negociaciones de Paz.

Aunque los voceros del Estado Mayor de las Fuerzas Militares y el Ministro de la Defensa, Pinzón, ratificaron su línea de confrontación militar permanente y, con el apoyo de las empresas informativas de la oligarquía neogranadina se hacían ecos de supuestos planes militares de las FARC-EP y de violaciones de su propia tregua unilateral, reiterando sus gastadas acusaciones de “narcotráfico”, “secuestro de civiles” y “alianza con el crimen organizado”; las estadísticas de combates militares durante el período de la vigencia de la tregua hecha pública por organizaciones independientes colombianas, como Fundación Arcoiris”, demuestran la existencia de una substancial reducción de los enfrentamientos en ambas partes, alcanzando una baja cercana al 80% de combatientes muertes y heridos, respecto al mismo período del año pasado.

Tales resultados, son sin duda, deben ser atribuidos al repliegue táctico de la unidades operativas estratégicas de las FARC-EP hacia sus zonas de control territorial, a las que solo acceden las Fuerzas Militares del gobierno colombiano mediante la movilización de gran cantidad de tropas helitransportadas o, en desarrollo de operaciones conjunta en las que se involucran varias unidades elites y brigadas militares territoriales; las cuales, en las presentes circunstancias parecieran estar, fundamentalmente dedicadas a la preparación del Plan “B”, de incremento del pie de fuerza y de los medios técnicos de movilización, inteligencia y combate, dirigidos al supuesto exterminio de las fuerzas guerrilleras, en caso de que las FARC-EP no acepten las condiciones de sumisión y desmovilización con las cuales sueñan los actuales residente del Palacio de Nariño.

Las consecuencias de la Tregua Unilateral declarada por la FARC-EP esta próxima de culminar con un resultado político y militar positivo porque, aunque se han producido lamentables bajas entre las dos Partes Beligerantes, lo fundamental del propósito político de la decisión de las FARC-EP, representada por la demostración de su Voluntad de Paz, la promoción de condiciones favorables a la incorporación las organizaciones sociales, populares, académicas e internacionales en el acompañamiento del proceso de negociaciones y, el desenmascaramiento del sector uribista de la oligarquía contrario a la Paz, han sido alcanzado; generando con ello condiciones aún más favorables a la solución política negociada del ininterrumpido conflicto social y armado interno que vive Colombia desde el asesinado del líder liberal socialista Julio Cesar Gaitán, ocurrido en 1.948.

Esta visión no esta disociada de las propias conclusiones de los estamentos civiles y militares que se agrupan alrededor de la política de “Paz con Guerra” del presidente Juan Manuel Santos quienes, muy a su pesar, no pueden materializar su línea de “Arreciar, arreciar, arreciar”, contra las FARC-EP y demás organizaciones revolucionarias porque en el terreno, las condiciones del combate generalmente están determinadas por las líneas de mandos de los frentes y la decisión de los mandos las pequeñas y medianas unidades móviles de la guerrilla y sus milicias; salvo los casos de operaciones de bombardeo de saturación a agrupaciones combatientes ubicadas en zonas inaccesibles pero, fundamentalmente, porque los problemas de moral de combate, dispersión extrema y las labores de protección de infraestructura vial, sistema eléctrico, instalaciones petroleras e importantes instalaciones gubernamentales, ha convertido al ejército colombiano en un “paquidérmico” cuerpo militar con fijación territorial y con escasa capacidad de movilización, lo que le impide acosar, acechar y atacar incisamente a las unidades guerrilleras.

Para las fuerzas democráticas y populares colombianas y los gobiernos, organizaciones y personalidades que acompañan las actuales negociaciones de Paz de la Habana, Cuba, sería deseable que el Secretariado de las FARC-EP decidiera una extensión de la Tregua Unilateral, con suspensión de todas las operaciones ofensivas, manteniendo el derecho a repelar cualquier ataque a sus unidades y a la población civil en sus zonas de control territorial, aunque es comprensible la declaración dada a conocer por el vocero principal fariano en la mesa de negociaciones, Comandante Iván Márquez, de que solo mediante un acuerdo con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que declare un Cese Bilateral de Fuego entre las dos Partes Beligerantes, será posible que las unidades guerrilleras no reanuden su Plan General de Operaciones acordada por la dirigencia fariana, bajo el mando del Comandante General Timoleón Jiménez, “Timochenko”.

Lo que no podrán evitar, tanto las FARC-EP como el gobierno colombiano, es la presión de los sectores políticos y sociales internos y de los gobiernos, movimientos sociales y personalidades de América Latina y el planeta, involucrados con la búsqueda de la Paz en Colombia, para evitar que la terminación de la Tregua Unilateral decretada por las FARC-EP, y que tan auspiciosos resultados políticos y militares produjo durante su vigencia, se convierta en un factor que destruya el proceso de negociaciones y deje sin efecto el compromiso de ambas partes con el pueblos colombiano y la comunidad internacional, de resolver en la mesa de negociaciones el actual conflicto armado, en el cual se estiman, han sido asesinados 200 mil colombianos y colombianas y desplazados internamente, refugiados y emigrados más de 8 millones de personas.

En consideración a lo anterior, es presumible, por ser del interés de ambas partes en el actual estadio inicial de las negociaciones, que se produzca, aún sin acuerdo expreso y formal de las Partes Beligerantes, un tipo de comportamiento militar de contención – distinto al Acuerdo para la Regularización de la Guerra propuesto por las FARC-EP y rechazado por el gobierno - que evite que las partes pretendan modificar, mediante acciones armadas masivas, las actuales condiciones de control e influencia en el territorio de cada una de las partes, realizar operaciones de aniquilamiento como la ejecutada para asesinar a los Comandantes “Mono Jojoy” Briceño y Alfonso Cano y, de destrucción del sistema de interconexión eléctrico, por cuanto ello supondrá una escalada cuya duración y consecuencias afectaría el clima en la mesa de negociaciones y el desarrollo mismo del proceso de Paz. Y ello, pareciera que no le conviene a los Miembros de la Mesa de Negociaciones sino al imperialismo norteamericano y a los poderosos grupos oligárquicos nucleados alrededor del ex presidente Uribe Vélez.

Yoel Pérez Marcano
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