La DEA: coordinadora del narcotráfico en América Latina

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

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El inspector Franklin Brewster Chase de 39 años de edad, jefe de investigaciones de casos de narcotráfico particularmente importantes en Panamá, el 3 de julio del 2006 fue envenenado. Brewster, al igual que muchos otros miembros del personal guardaba los alimentos que traía de casa en la nevera ubicada en una de las dependencias del personal.

Luego de servirse su almuerzo y beber agua de una botella de plástico empezó a quejarse que no podía respirar, tenía fiebre, mareos y vómitos.

Media hora más tarde y todavía consciente pidió que lo llevaran al Hospital Nacional. Dos semanas más tarde murió en medio de terribles dolores. Investigadores panameños informaron a la prensa que era muy posible que Brewster había sido envenenado con pesticidas organofosforados.

Brewster era un agente exitoso, se graduó brillantemente de la Academia de la DEA (Drug Enforcement Administration) Oficina del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Se especializó en los carteles colombianos de la droga y encabezó varias operaciones exitosas en la denuncia de canales para el lavado de dólares provenientes del narcotráfico y tomó parte en la denuncia de los cómplices del zar panameño de la droga, Pablo Rayo Montaño. Brewster no estuvo nunca involucrado en ninguna relación dudosa. Tenía en alta estima su carrera y fue un ejemplar padre de familia.

Podría pensarse que el asesinato del más importante experto anti narcotráfico movilizaría a todo el aparato policial de Panamá y alarmaría a la DEA, la cual opera con unos cientos “agentes encubiertos”. Nada de eso ocurrió. La muerte de Brewster fue vista como algo rutinario. Dos días después su cuerpo fue cremado.

La investigación sobre el asesinato fue llevada a cabo violando numerosos procedimientos policiales lo cual distorsionó las evidencias y de hecho confundieron el rastro. Una muestra de la indiferencia de la DEA por el caso de Brewster fue el análisis de laboratorio realizado en las dependencias del FBI de su tejido dérmico, sangre, fluidos estomacales, etc. Los datos del pasaporte de Brewster fueron incorrectamente detallados en los tubos de ensayo y en la práctica algunos tubos de ensayo conteniendo muestras biológicas pertenecían a otra persona. De acuerdo con algunos periodistas panameños, agentes de la DEA de manera deliberada crearon las condiciones para que el reconocimiento de cualquier hallazgo no sirviera para examinarlo.

Joseph Evans estuvo a cargo de la investigación por parte de la DEA y el Consejero Legal, David Vatli representó al FBI. Fue él el que envió a las autoridades policiales de Panamá los documentos del laboratorio clínico del FBI sobre las muestras biológicas de Brewster. No se encontró trazas de pesticida órgano fosforado, si se encontró atropina, oximas y lidocaína. Estas drogas indican evidencia de tratamiento en el Hospital Nacional, la lidocaína es un elemento discordante y no cuadra dentro del tratamiento. El documento fue enviado por fax sin la debida autenticación por parte de la embajada norteamericana. Las conclusiones toxicológicas originales no fueron enviadas a las autoridades policiales panameñas. Es importante notar que posteriormente en una carta oficial dirigida al periódico “Panama-America” el FBI negó la existencia del tal documento diciendo que uno nunca sabe quien podría enviar un fax como broma. Un día después de la muerte de Brewster, cierta organización criminal difundió un comunicado sobre el “éxito de la operación Factura Roja” lanzando amenazas contra los funcionarios panameños que trabajan con el FBI y La DEA.

Inmediatamente después del deceso de Brewster, un grupo de norteamericanos que se identificaron como agentes del FBI detuvieron sin ninguna orden a tres de sus más cercanos asociados de la División de Investigaciones de casos particularmente importantes. Fueron trasladados a habitaciones especialmente equipadas en un hotel de lujo de Ciudad de Panamá y los interrogaron empleando un detector de mentiras.

Hicieron de todo para intimidarlos: amenazas, ataques y chantaje. Durante los interrogatorios les quedó claro a los panameños que ellos no eran del FBI. Incluso reconocieron a uno de ellos –John Warner—como oficial de la marina norteamericana. Cuando Giaconda Vélez, “una entre los sospechosos” le señaló al norteamericano que él no era del FBI sino de la marina, Warner de inmediato salió de la sala y no volvió a aparecer. Los interrogatorios no tuvieron ningún éxito.

Quizás los norteamericanos trataron de crear la impresión que ellos estaban respondiendo ante el asesinato de Brewster, de quien dependía en gran medida el éxito de la DEA en Panamá.

Sobre la base de los materiales de este caso sensacional, la periodista mexicana Adela Saltel de Coriat, que trabajó largo tiempo en Panamá, el año 2011 escribió y publicó un libro titulado “En la pista del Narcotráfico”. Como reportera del diario “Panama-America” ella tuvo que cubrir los detalles que rodearon la muerte del inspector Brewster. Todo apuntaba hacia el hecho que su eliminación era del interés de influyentes fuerzas políticas de Panamá, financiado por los barones de la droga y la embajada de Estados Unidos, los cuales habían tratado de utilizar a Brewster para recolectar informaciones comprometedoras sobre algunos elementos de la elite gobernante panameña. En particular, empleando el equipo de última tecnología del departamento de Brewster que realizaba espionaje a cientos de teléfonos celulares en el marco de la “operación matador.”

La tarea fue planteada de manera específica: los materiales reunidos deberían ser tan convincentes como para permitir el reclutamiento de políticos prometedores como agentes influyentes. Aunque Panamá en años recientes ha estado sistemáticamente “integrada” con Estados Unidos, en proyectos geoestratégicos, sin embargo, es menester cuidar de la continuidad y prepararse para un cambio en la confiabilidad de la dirección política panameña, de manera que esta siga estando enfocada en Washington. Aparentemente, Brewster se rehusó a trabajar contra su propio gobierno con lo cual firmó su propia sentencia de muerte.

Fue en Washington donde la periodista viajó para obtener la información que faltaba para su libro. En Estados Unidos se encontró con el rechazo de las autoridades. Fue amenazada con detenerla y enjuiciarla, supuestamente por tratar de obtener secretos del estado. Coriate fue obligada a huir de Estados Unidos. Pero no se rindió y continuó recolectando materiales y descubrió muchas inconsistencias en cómo se llevó a cabo la investigación. Se ocultaron los hechos y las circunstancias que rodearon la muerte de Brewster fueron falseadas. Ella también le prestó atención a las estadísticas de la DEA en cuanto al decomiso de drogas en Panamá y otros países de América Latina. Los números no concuerdan; pareciera que cientos de toneladas de cocaína confiscada, heroína y alucinógenos sintéticos habrían desaparecido misteriosamente. ¿Qué fue realmente lo que sucedió? ¿En qué mercados? ¿Con qué marca?

Nuevas versiones están apareciendo sobre la muerte de Brewster. En respuesta a artículos de prensa de Adela Coriate, me encontré con declaraciones (citando fuentes policiales) en el sentido que Brewster fue eliminado por negarse a participar en operaciones de la “mafia interna” de la DEA, el contrabando de cocaína desde Colombia hacia Panamá y luego a Estados Unidos y Europa. Las técnicas norteamericanas de inteligencia aplicadas al tráfico de estupefacientes son bien conocidas: ataques despiadados contra los competidores y la creación de canales seguros para la distribución de los narcóticos a los usuarios.

En discusiones privadas sobre este problema en círculos elitescos de Estados Unidos, el narcotráfico de manera creciente es visto como una fuente estratégica de ingresos para el tesoro en situación de inminente colapso económico y financiero.

Los funcionarios de la DEA y del FBI que participaron en la investigación del asesinato de Brewster, fueron prematuramente retirados del país. El agente del FBI, David Vatli, regresó a Estados Unidos. En Panamá corrió el rumor que lo habían despedido, pero existen serias dudas a ese respecto. Joseph Evans fue enviado a México donde hasta hace poco coordinaba las operaciones de su departamento con la policía mexicana. El personal probado no se desbanda. Todos los funcionarios posteriores de la DEA en Panamá han seguido la política estratégica de la Oficina Central.

Lance Heberle participó en una operación de pasos múltiples contra el general boliviano René Sanabria quien a través de la contra-inteligencia militar supervisaba la lucha contra el narcotráfico en su país. A menudo se le describía como “el mejor estudiante de la DEA.” Sin embargo, no pudo resistir la tentación de enriquecerse rápidamente. En la ciudad chilena de Arica, Sanabria se reunió con unos “narcotraficantes de Colombia”. Acordó colaborar con ellos y como depósito recibió un maletín conteniendo 170 mil dólares.

Toda la conversación fue grabada por agentes chilenos y norteamericanos. El primer envío de cocaína hacia Estados Unidos fue remitido por vía de “los caminos verdes” organizados por el general. Inspirado por este éxito y con el objeto de continuar en el negocio, Sanabria viajó a Panamá donde fue detenido por personal de Heberle y de inmediato trasladado a Estados Unidos. Luego de un juicio breve con evidencias irrefutables el ex general fue condenado a 17 años de cárcel.

Por supuesto que Sanabria en gran medida culpó al gobierno de Evo Morales para quien la lucha contra el narcotráfico es una cuestión de principios. El cultivo de la hoja de coca es una tradición popular que tiene mil años, pero la producción y el tráfico de cocaína ¡ es un delito ¡ En Bolivia, los socios más íntimos de Sanabria fueron detenidos o están siendo investigados. Aquellos en torno al presidente están fuera de toda sospecha. En el futuro cercano la DEA utilizará a Sanabria para desprestigiar al gobierno como venganza por la expulsión de su personal de Bolivia.

Panamá figura a menudo en los informes de la DEA sobre la lucha contra el narcotráfico, en parte debido a su posición geográfica y un tráfico en aumento a través del Canal de Panamá. La Zona de Libre Comercio crea las condiciones favorables para que los bancos laven los dólares del narcotráfico. Como siempre, la tarea más relevante para la DEA en Panamá es la captura de las reservas financieras de los carteles de la droga.

Por lo tanto, más y más operaciones de carácter regional se realizan sin la suficiente preparación, con elementos improvisados y riesgo para sus agentes. En el mes de mayo de este año, en el Aeropuerto Internacional de Tocumen de Ciudad de Panamá, dos hondureños y un colombiano fueron detenidos a bordo de un avión con pilotos norteamericanos. A bordo se encontró bolsos conteniendo millones de dólares. La tripulación y los pasajeros fueron detenidos y se inició la investigación durante la cual tuvieron que explicar la presencia de la DEA a bordo del avión norteamericano.

La operación fracasó por la sencilla razón que nadie reclamó la propiedad de los bolsos. Dadas las actividades de la DEA, episodios similares se están produciendo cada vez con mayor frecuencia. Igualmente, el congreso norteamericano cuestiona de manera creciente el carácter de la DEA. ¿Combate en realidad el lavado de dinero o contrariamente estimula la actividad delictual de este tipo?

Aplicando el esquema ya establecido de la DEA –protección a su personal—a Heberle, jefe de la agencia en Panamá, lo enviaron a un nuevo cargo como asesor político del Comando de la Cuarta Flota de la marina norteamericana, cuyo campo de operaciones abarca Centro América, el Caribe y América del Sur. Heberle se estará comunicando formalmente entre el Departamento de Estado y el alto mando de la flota aportando recomendaciones analíticas para las diferentes operaciones de la flota en la región.


En la práctica, las actividades de Heberle en la DEA no se detendrán. El debate sobre el empleo de navíos de la Cuarta Flota para el traslado de la droga desde América Latina hacia la costa oriental de Estados Unidos prosigue en la blogósfera. El nombramiento de Heberle es otra importante confirmación que el narcotráfico coordinado por el Estado (incluyendo la cobertura de la marina) realmente existe y está siendo coordinado por la DEA.


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