Las vacas flacas de Calderón

  "Que el fraude electoral jamás se olvide"

Ante la comunidad judía de México Calderón hizo a un lado la sobrada casaca militar, esa que simbolizó su belicosidad frente al crimen organizado, y vistió larga cuan apostólica túnica para rasgarla y presentarse como el sacrificado héroe que padeció  el sexenio de las vacas flacas. Flaco el favor que involuntariamente se hace con tal remembranza de la mitología judeocristiana que narra la Biblia en el Génesis 41 (RVR1960) cuando José interpreta el sueño del Faraón y que da origen a la referencia aplicada a las penalidades de una nación. La escritura dice que el Faraón soñó que siete vacas gordas fueron aniquiladas por siete vacas flacas y también que siete robustas espigas de trigo eran reemplazadas por siete espigas escuálidas; infructuosamente convocó el Faraón a todos sus sabios para que le interpretaran los sueños; alguien le recomendó que llamase a José, un judío esclavo que decía hablar con Dios; así lo hizo y obtuvo como interpretación que a siete años de fertilidad y progreso seguirían otros siete de sequía y hambruna; satisfecho de la respuesta el Faraón encomendó a José la prevención de la catástrofe; José almacenó los excedentes de grano de los años fértiles y los distribuyó entre la población en los años de la sequía, con lo que el reino mantuvo la felicidad de sus súbditos y José se convirtió en héroe popular.

El tal Felipe, fraudulentamente erigido en faraón, tuvo un sueño parecido sólo que se quedó con las vacas y las espigas gordas y, por aquello de no alarmar a los mercados, ignoró  a las flacas; así se pasó el sexenio hablando de las maravillas de su gestión gubernamental; consultó a sus exégetas y se confirmó  en el error; se gastó el excedente petrolero en lujos, altos salarios a la corte y baratijas para la población. La miseria y el hambre cundieron y la gente, en vez de héroe, lo llama traidor.

El mensaje bíblico exalta la intervención del estado en la corrección de los defectos de la libre competencia. Calderón es el campeón mundial de lo contrario, por lo menos en lo que a México se refiere, porque en Galicia la canción es otra: allá sí se vale que PEMEX contrate la construcción de barcos y salve de la ruina a los paisanos de su trágicamente finado delfín. El Faraón osó intervenir en el mercado de los granos y salvó a su pueblo, aquí el inventario de maíz alcanza apenas para quince días de consumo y se apoya a los grandes especuladores internacionales para que se adueñen de la alimentación popular.

Hasta el mismo Carstens -esa sí una vaca gorda- advierte alarmado que el aumento de los precios y de la inflación está impactando a la opinión pública y desgastando el salario de los que trabajan. Menuda perogrullada: ya hace mucho que los salarios se quedaron rezagados de los precios reales de lo que se tiene que comprar para sobrevivir. Tal vez este señor sea más vaca que gorda, lo que es decir mucho, porque sus indicadores de inflación no guardan la más mínima relación con la carestía que se padece desde que se inauguró el actual desgobierno. Creo que va a ser necesario formar un Consejo Nacional de Señoras de la Casa para realizar las mediciones inflacionarias y otro Consejo Nacional de Maridos Agobiados para asesorar la política económica; Peña Nieto sí que sabe de qué se trata.

Pero las vacas flacas a que Calderón hace referencia con gala de estadista fueron debidamente sometidas a dieta rigurosa de engorda, incluida una sobredosis de clembuterol, por los veterinarios de Televisa, de manera que en la pantalla se viesen robustas y sanotas. Fortaleza virtual que el infeliciaje se traga de manera también virtual. A la hora de lo real Calderón finge demencia, alza los hombros y se sale por la tangente diciendo que la crisis económica, la violencia y el virus AH1N1 vinieron de fuera. Tiene razón, con eso de su neoliberalismo ahora todo se importa, hasta las pinches vacas flacas.

Lo peor del caso es que ante su fracaso el faraón va a ser reemplazado por uno nuevo, pero de la misma dinastía neoliberal. Ya antes de instalarse en el trono anuncia nuevas dosis de clembuterol para engordar a las vacas: reformas neoliberales en lo fiscal y lo energético, además de forzar una breve dilación a la laboral para ser él quien firme el decreto de muerte a la clase trabajadora.

Mientras que todo esto sucede, desde el baluarte de la izquierda vociferamos que no lo vamos a permitir. ¡Como si fueran a pedirnos permiso!

 


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Gerardo Fernández Casanova


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