Pensar y vivir al Ché

Pensar y vivir a Ernesto Che Guevara, el Comandante del Alba, supone trascender el hombre mito, derrotar la operación ideológica desarrollada por la industria cultural burguesa que a finales de los años sesenta, tras la muerte del Comandante Guerrillero, fomentó su culto hasta convertirlo en mercancía (nos es casual que hoy los jóvenes, revolucionarios o no, vistan camisetas, porten relojes o gorras con la imagen del Che); con la intención de desvanecer, ocultar y distorsionar la esencia de la vida, obra, pensamiento y acción de uno de los personajes más importantes de la historia de la revolución mundial.

¿Por qué aún hoy el sistema capitalista pretende imponer al Che como mito, hombre idealista, aventurero, violento o rebelde sin causa? Incluso compararlo con personajes históricos míticos como Robin Hood. Como escribió Germán Sánchez Otero en Che sin enigmas: “El mito burgués tiene un factor común: el miedo al Che”.

La importancia histórica del Che, sobre todo en la actualidad para la juventud del mundo, radica en un elemento que el sistema ha tratado de desvirtuar: su integralidad como ser humano, recordemos que el Che al igual que Martí compartía la máxima de hacer haciendo, y es de esta manera como se ha convertido en ejemplo de integralidad, de Hombre Nuevo.

Aquello de ser los primeros en los sacrificios y los últimos en los privilegios, insuflado por el Che a su tropa y a los obreros en Cuba, es uno de las características más importantes que todo revolucionario y revolucionaria debe rescatar: ¿o somos con otros o no somos nada? Si no hay un sacrificio personal para contribuir con la Revolución cualquier intento es infructuoso y acomodaticio a los intereses pequeños burgueses.

Y esta premisa de ser los primeros en los sacrificios y los últimos en los privilegios da al traste con los anti valores del sistema capitalista, porque el capitalismo se fundamenta en la acumulación de riquezas de unos pocos en perjuicio de la explotación y exclusión de las mayorías del mundo, y para conquistar tal fin promueven antivalores como el individualismo, el egoísmo, la lucha del más fuerte y por supuesto, la banalización de lo importante en la sociedad.

No es casual que las series de televisión y películas dirigidas al público joven legitimen cada día anti valores como el machismo, la promiscuidad, el consumo de drogas y artículos que no satisfacen nuestras necesidades como individuos de una sociedad; así como los prejuicios por el origen étnico, sexualidad, inclinación religiosa o color de piel del semejante. Es la lucha de clases disfrazada de una aparente vida cosmopolita y divertida.

Es por eso que hoy el Che es presentado como una imagen mítica, inconexa con la realidad socio-histórica de América Latina. ¿Por qué lo estimamos como ejemplo a seguir si somos los primeros en afirmar los antivalores del capitalismo al creer que el Che era solo un hombre de armas y violencia (revolucionaria, vale aclarar)? Recordemos que fue el Che, junto con Fidel Castro y Salvador Allende uno de los exponentes más pertinaces y preclaros a la hora denunciar y desmontar el problema del subdesarrollo en los pueblos de América: si no había soberanía política y económica, los grandes del mundo seguirían, como lo han hecho hasta entonces, expoliando a los pueblos en nombre de la libertad.

Si ahondáramos en la vida y pensamiento del Che encontraríamos la raíz de las luchas políticas actuales. ¿Cuál es su importancia hoy en Venezuela y el mundo? Lejos de la maraña de actos proselitista y frases guevaristas vale rescatar al Che virtuoso, al hombre que impulsó la conciencia del deber social como vía inclaudicable para derrotar la cultura del capitalismo.

La conciencia del deber social es la conciencia de pertenencia de la sociedad, del querer resolver juntos, en colectivo, los problemas que nos aquejan. Como escribió Toby Valderrama en su Grano de Maíz: "El convencimiento de que la suerte de la sociedad depende del esfuerzo de cada uno de sus hijos, y que la suerte de cada uno de los individuos depende de la suerte de la sociedad toda...".

De ahí que el trabajo voluntario cobre más vigencia que nunca: es el camino para romper con la cultura del egoísmo, es la manera más humana de expresar nuestra solidaridad con nuestro semejante. Hoy en Venezuela, por ejemplo, no solo se trata de construir viviendas y señalar que el Producto Interno Bruto creció gracias a este programa de gobierno; si estas viviendas no son fruto de la apropiación social de los trabajadores y pobladores no estaríamos resolviendo un problema crucial que el Che avizoró: la conciencia y la nueva cultura política, un Nuevo Hombre.

Tenía razón el Che. Hace falta un Hombre y una Mujer Nuevos. Eso significa una cultura política nueva, alejada de la mercantilización de las relaciones sociales, es decir, hay que hacer revolución y construir el socialismo sobre valores éticos nuevos, que no sirvan de soporte al individualismo y el egoísmo.

Es tarea de todo joven revolucionario descubrir la ética guevarista: descubrir que los estímulos morales y la conciencia del deber social de los que hablaba el Che, el sacrificio y el altruismo, el amor por el prójimo, debe estar por encima del los estímulos materiales y la solución individual y aislada de los problemas sociales.

A diferencia de Robin Hood, personaje diseñado para ocultar las causas que ocasionan las desigualdades de la sociedad, y quien robaba a los ricos para repartir entre los pobres; el Che Guevara luchó por cambiar el sistema que ocasionaba esas desigualdades.

No debemos caer en el altruismo misericordioso (dadivoso) que el sistema ha tratado de imponer, sino la sociedad por la que luchó el Che.

Para la sociedad capitalista, para el sistema capitalista, el mayor peligro no es reproducir cientos, miles y millones de imágenes del Che. Con el Comandante del Alba sucede lo mismo que sucedió con la Revolución Cubana: es un ejemplo a seguir y por eso es más temido que nunca.

!Hasta la Victoria Siempre¡

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