Argentina

Hace pocas semanas una megasuperconcentración opositora a Cristina Fernández de Kirchner invadió las calles de Buenos Aires. La presidenta argentina tiene quien le escriba, quien le grite, quien la insulte y quien la deteste; imagino tendrá quien le vote si no, no estaría donde está.

Una señora de edad me pregunta en Buenos Aires si soy extranjero, le contesto que sí y me cuenta una historia que me contaron mil veces en Caracas o en cualquier lugar del mundo en el que haya un venezolano de vacaciones o «autoexiliado».

La historia es así: «¿Sabe?, acá vivimos bajo el tacón de un régimen autoritario. De los 40 millones de habitantes de la Argentina, casi la mitad son inmigrantes ilegales paraguayos, bolivianos y peruanos que trajo la presidenta. Les dio una casa en una villa miseria y papeles, por eso gana las elecciones, acá ningún argentino votaría por una mujer así. Nuestra presidenta tiene una psicopatología bipolar, eso lo saben todos, es obvio. A los hechos me remito. ¿Usted cree que una persona normal nacionalizaría YPF? ¿Usted cree que una persona normal asignaría un salario por hijo menor a cargo para los desempleados y trabajadores informales, cuando lo que tienen que hacer es dejar de ser pobres y ponerse a trabajar (o viceversa)? ¿Usted cree que una persona normal puede poner coto a la compra de dólares, o pesificar la economía? Pues estas cosas, entre muchas otras, son las que tenemos que aguantar de esta presidenta, que obligó a los ganaderos a dejar de criar ganado para sembrar una soja que nadie nos quiere comprar y nos está arruinando económica y ecológicamente».

Todos estos lugares comunes suenan conocidos. La inmigración fomentada desde el poder, la enfermedad mental, la «imposición» de la moneda nacional y la «dictadura» a la que está sometida la población por no poder comprar dólares y poder viajar al extranjero para ir de compras.

No creo que todo lo que haya hecho Cristina esté bien, pero sería suficiente darse una vuelta por Latinoamérica y ver los resultados de todos estos años de capitalismo desenfrenado al servicio de intereses extranjeros, y las condiciones de vida de la población para no volver a caer en lo mismo. Pese a los problemas, veo una Argentina distinta, mejor que la de hace 20 años.

[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 761 veces.