Expectativas

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

En mi artículo anterior aventuré una especulación calenturienta que, para mi sorpresa, no resultó ser tal; de manera coincidente han venido apareciendo comentarios escritos y radiales que especulan en el mismo sentido y, probablemente, vaya tomando cuerpo una alternativa válida para salir de la encrucijada en que se encuentra la cuestión electoral y con ella el país mismo. Lo que hace falta es que  voces autorizadas y respetadas se manifestaran en el sentido de buscar alternativas, de manera de ofrecer salidas al TRIFE que, sin demérito del derecho, contribuyan a dar el paso trascendente: arribar a una solución negociada para establecer un gobierno interino con la suficiente fuerza para impulsar cambios de fondo en la organización del estado y en los procedimientos electorales, muy por encima de la coyuntura. Es una oportunidad histórica sin precedentes que difícilmente se podrá repetir.

Entre tanto, la presión social se manifiesta con mayor solidez y grado de organización. “Yo Soy 132” está  rebasando la línea de lo inmediato y traza un rumbo hacia cambios verdaderos. Mantiene invariable su carácter apartidista pero de gran contenido político. Irrumpe la juventud inventando formas novedosas de entender la política, las que son del todo incomprensibles para los políticos tradicionales, particularmente los de cuño priísta, que sólo alcanzan a descalificar sin entender el fenómeno que corre por carriles totalmente distintos, que no responde a intereses de ningún actor político, sino a un afán por construir un México que sea satisfactorio para todos.

Por su parte, el Movimiento Progresista endurece su reclamo pacífico por la invalidación de un proceso electoral plagado de inequidades y trampas. Ya es escándalo internacional la información relativa al empleo de carretonadas de dinero de dudosa procedencia en la campaña de Peña Nieto y se siguen acumulando pruebas recabadas, por cierto, por la propia sociedad ante el tortuguismo aplicado por la autoridad responsable de la procuración de justicia. La cúpula priísta y su corifeo de levantacejas a sueldo van cediendo en su hermetismo y caen en confesiones parciales que confirman los resultados de la investigación social. Intentan defenderse atacando; acusan a López Obrador de desviar dineros públicos para su campaña de seis años recorriendo el país; no les cabe en la cabeza que un hombre austero pueda concitar tal nivel de penetración a despecho de la desinformación mediática. Pretenden descalificar diciendo que el movimiento que reclama la limpieza de las elecciones es sólo un intento de López Obrador para oxigenar su “agonizante carrera política”; son profesionales vividores de la política entendida como carrera personal, sin detenerse a suponer que haya quien actúe con la mira puesta en la construcción de un México mejor.

En iguales condiciones están los dirigentes del PAN; protestan pero aceptan. En sus bases hay quienes asumen el papel de no aceptar el estado de cosas imperante. Algunos simplemente deciden retirarse ante el cochinero de la “política”, como anunciara Xóchitl Gálvez, pero muchos otros se apuntan a dar la lucha. Bienvenidos, el asunto va más allá de siglas partidistas o de intereses personales o de grupo.

Lo cierto es que, de no adoptarse una alternativa de solución negociada honestamente, el país entero entraría en una más pronunciada pendiente de descomposición de alta peligrosidad. Si el TRIFE convalida el proceso y entrega constancia de presidente electo a Peña Nieto, tendrá que hacerse acompañar por una enorme fuerza represiva lo que, a su vez, nutrirá de mayores motivos a la movilización juvenil y social. Esto lo tienen que tomar muy en cuenta quienes tienen el sartén por el mango, se les puede caer el mango y el sartén. El peligro no es un López Obrador pacífico y legalista, sino una sociedad agraviada que ya no soporta más; no más violencia institucionalizada; no más pobreza; no más privilegios a unos cuantos; no más entrega del país al extranjero; no más abandono del campo ni más desprotección al trabajo. No más de lo mismo. El pasto está seco y el incendio puede ser mayúsculo.

Por favor ¡RECAPACITEN!

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Gerardo Fernández Casanova


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