Vientos de la sabana

¡Golpe seco! en Paraguay

Bien ilusos aquellos que se duermen pensando que el imperio descansa. Bien ilusos aquellos que habían creído que las acechanzas del diablo estaban amarradas y ya en América Latina se habían superados las dictaduras y golpes de estados. Muy ilusos todos aquellos que se atreven a pensar que las oligarquías no son iguales y que se agrupan y reagrupan para proteger sus particularidades que no son otras que sus dominios económicos en todas partes.

Todo sucedió justamente en un Paraguay que arrojaba cifras alentadoras para su pueblo, con numeritos que beneficiaban a los más desposeídos; cuando de repente, en un abrir y cerrar de ojos, en menos que canta un gallo, se vino de bruces las alternativas democráticas, las decisiones de las mayorías, la elección de un pueblo, para que un grupo de congresistas se unieran a favor de sus propios intereses para despojar con un plumazo al democrático presidente Fernado Lugo y montar a un representante de la oligarquía traidora de la voluntad de las mayorías como es Federico Franco.

En todas estas andanzas anda el imperio norteamericano y sus secuaces de la CIA. Grupos poderosos de mercenarios, escondido en una cúpula podrida de fuerzas tenebrosas capaces de moverse sigilosamente comprando conciencia, almas, virtudes, talentos, medios, políticos, científicos, artistas, jueces, militares y todo aquello sensible a los dólares que ellos mismos producen y que desestabilizan o deprimen las estructuras económicas de muchos países del mundo.

Todo un plan maquiavélico que arropa la esfera y que se detona con alta precisión en esas coordenadas donde los pueblos se resisten a ser esclavos de sus dominios, una bomba latente sobre los pueblos que caminan por la autodeterminación, por la soberanía, por la independencia, por una verdadera democracia y una genuina libertad. Así es el imperio norteamericano, un monstruo de mil cabezas, el cancerbero de la mitología que guarda los intereses del mismísimo infierno; y que tiene su misión de sobrevivir a expensa del genocidio de los pueblos y del genocidio de la naturaleza.

Todo un sistema de vida apocalíptico, mortal, que hace añicos cualquier valor ético o moral total de preservar el incremento de sus propias riquezas, que no le importa las voces de la humanidad, de los pueblos, de los niños, de los adultos mayores, de las familias, que no le importa el envenenamiento del ambiente, de la brisa, de los campos, de la fauna, de las grandes vegetaciones, de las tierras y de los ríos. Un modelo satánico que camina al lado de las dictaduras, del narcotráfico, de la violencia y de las guerras.

Lo de Paraguay fue eso, un duro ¡golpe seco!, a las voces de un pueblo noble y libre. La democracia hoy en Paraguay se desangra por las acciones irracionales de la oligarquía apátrida que a fin de cuenta son las extensiones, los satélites diseminados en el mundo de ese imperio morboso que no cesa de implantar maldad y terror.

Reciente fue en Honduras, el mismo libreto. Cuando las políticas del Ejecutivo van de mano con el pueblo reaccionan las oligarquías, mueven a sus marionetas políticas y activan todos los mecanismos de supervivencia para desalojar a los presidentes electos democráticamente. En la Venezuela reciente, fue el 11 abril del 2002, cuando sacaron a nuestro líder Hugo Chávez; y en la América Latina hay una imborrable historia de atropellos, dictaduras, intervenciones que datan desde los inicios de nuestras independencias.

Conciencia, alerta, activar mecanismos de defensa y denunciar al mundo a ese imperio decadente, es una tarea ineludible de esta revolución y de todos quienes amamos la vida, el honor y el amor.

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