Asumir la violencia desatada contra el pueblo
hondureño por más de dos años como una serie de hechos aislados, removiendo la
historicidad de los mismos, sería un error muy grave para todos los que hoy
habitamos este continente. Los incendios sucesivos de un centro penitenciario y
varios mercados populares de Tegucigalpa no están desvinculados de todos los
hechos de violencia que se remontan al Golpe de Estado de junio de 2009; por el
contrario, desde una perspectiva histórica es fácil ver un patrón, una
tendencia; una conspiración que busca incendiar a la América Latina de inicios
del siglo XXI; los pirómanos son los mismos de siempre, y las mentes malévolas
que los impulsan también lo son.
En cuestión de horas se sacrificaron cerca de
cuatrocientas vidas, y se provocaron pérdidas a miles de familias dependientes
del complejo círculo del dinero de los mercados populares. Los únicos que no
perdieron son los usureros, ellos seguirán cobrando, y con el caos suscitado,
terminaran por aumentar las víctimas fatales de este proceso de terror que
busca hacer con el miedo de la gente, lo que no pudo lograr mediante su guerra
frontal contra la resistencia anti golpista.
Después de la victoria sandinista en
Nicaragua, y la ridícula suma de los votos de la seudo oposición en Venezuela,
hechos que se suman a la firme determinación de las mayorías hondureñas en
resistencia, por transformar el país, sabíamos que la agresión imperial tomaría
nuevos matices, aunque la conspiración en sí está en progreso desde hace varios
años, las acciones concretas son aplicadas de acuerdo a criterios más
coyunturales. Es evidente la mano fascista en el plan de terror que se aplica
en Honduras, donde el mismo Plan de Nación que promueve el gobierno hace gala
de tesis maltusianas para hablar del progreso de Honduras.
Importante es ahora que los pueblos hermanos
entiendan que lo que hacen aquí, lo aplicaran más tarde en otra latitudes, y
que la contención de esta trama, y su necesaria derrota, reviste una
importancia sin precedentes en la historia del continente. La idea de asesinar
gente, y llevar adelante actos de terrorismo contra la población más pobre, a
la par de una campaña alienante que pone los eventos en el plano ideológico, no
es una novedad en nuestra historia, pero sucede en un momento en que los
pueblos tenemos mucho que perder.
En Honduras se han extraviado armas pesadas de
batallones, se han quemado vivos testigos de los nexos que existen entre las
fuerzas armadas, la policía y el crimen organizado. Aunque se comprobó que la policía
es pieza fundamental del crimen contra la ciudadanía, el gobierno no ha hecho
nada; y es que el gobierno de turno ha demostrado hasta la saciedad su vocación
servil para entregar el país a los intereses transnacionales. Esta vez no se
trata solamente de un asunto retorico, por cada muestra de violencia que se da
en el país, los funcionarios corren a declararse incapaces de esclarecer los
hechos, o de hacer justicia, y recurren a Estados Unidos. No tenemos más
seguridad, pero la presencia militar extranjera mucho mayor.
No es muy complicado inferir que las
posibilidades de que asesinen miembros de la resistencia nacional han
aumentado, para lo que recurrirán a mil argucias, incluyendo la vieja historia
de que nos matamos entre nosotros por disputas ideológicas internas. El
asesinato de nuestros dirigentes, incluidos Manuel Zelaya Rosales, o la
candidata de LIBRE, Xiomara Castro, es más probable ahora. También es evidente
la posibilidad de que liquiden a compañeros que no han estado de acuerdo con la
formación de nuestro partido político. Hoy estamos más expuestos que nunca. Además,
tienen la reforma constitucional dirigida contra el narcotráfico y el
terrorismo, que les permite extraditar (entiéndase matar la verdad) a nuestros
compañeros hacia los Estados Unidos. Las vías del terror son múltiples, las han
estado construyendo ante nuestros ojos por mucho tiempo.
No podemos subestimar los alcances de la
inteligencia gringa, ni creer remotamente en alguna dosis de patriotismo en la
clase dominante hondureña. Ambos carecen de limites morales o éticos,
simplemente no los conocen. La agenda de shock dirigida hacia la población busca
tres objetivos inmediatos: a) Neutralizar la dirección de la resistencia; b)
Alejar al pueblo de su aspiración refundacional, y; c) Eliminar físicamente la
imagen de personas que puedan incidir en la movilización del pueblo. El
objetivo central de toda la trama es la desestabilización, primero de Centroamérica
(es difícil predecir el marco temporal), y luego la destrucción de las
democracias populares del continente.
Aquí debemos hacer una reflexión sobre los
acuerdos firmados en Cartagena de Indias en mayo del año pasado, que incluyen
la formación de una Comisión de Verificación y Seguimiento que no ha sido
integrada hasta la fecha. Sin ánimo de juzgar la visión estratégica de los países
garantes, creemos que este ha sido un error, al menos de la República
Bolivariana de Venezuela, una de las potenciales víctimas de la escalada
agresiva que se está iniciando en Honduras. El descalabro de la maltrecha oposición
venezolana, será compensado por otros actos de sabotaje orquestados desde el
comando sur, y están, indudablemente conectados con los hechos en Centroamérica
y el caribe.
Históricamente, el aumento de presencia
militar gringa en el centro del continente ha tenido repercusiones para los
hermanos del sur; no hay razones para intuir siquiera que esta vez la cosa será
distinta. El gobierno dirigido por Lobo
Sosa trata de mostrar una cara de ineptitud e impotencia, táctica que le ha
servido para burlar la posición democrática de los países de la región. Lo
cierto es que lo único que podemos percibir desde el interior del país, es que
la violencia se incrementa, y es el Estado el que la origina. Además, lejos de
la simple percepción, hemos comprobado una y otra vez, la monstruosa impunidad
que se vive, la fortaleza de la posición de los ejecutores del Golpe de Estado,
y la sumisión de Lobo Sosa a estos últimos.
Se han creado condiciones para que las apátridas
autoridades invoquen la intervención extranjera a causa de su incapacidad, aun
teniendo que aceptar su propia ineptitud. Mientras tanto, las victimas las
sigue poniendo el pueblo, aunque es improbable que siga poniendo “la otra
mejilla” por mucho más tiempo. Nos encontramos frente a un abismo inminente,
pero no unilateral. Lo cierto es que el imperio se ha constituido en el Nerón
que quiere atizar el fuego que consuma la vocación revolucionaria del
continente. Ahora más que nunca debemos ser uno solo. No es bueno recordar
Honduras solamente cuando aparece en los medios corporativos controlados por el
imperio.
La tarea esencial de todos y todas los
miembros de la resistencia, miembros de LIBRE o no, es proceder de inmediato a
transmitir al pueblo los detalles de esta trama, apoyar la organización, y
establecer planes concretos para defender la integridad física de cada
hondureña y hondureño. Ya no es tiempo de desencuentro. El plan de mediático es
despolitizar la agenda del país, mientras se arrastra a la gente a un punto
donde le dicen que la ideología es mala, y que nosotros somos quienes
planteamos una lucha ideológica. Trataran de alejar a las comunidades de los
problemas económicos y sociales, mientras se les alienta la ilusión de sus
grandes libertades individuales (las que solo usan con gran brutalidad los
dueños del poder). Recordemos que el poder es una relación de fuerzas, hablando
en sentido estricto.
También debemos tener en mente que se le ha
ofrecido el dialogo a Lobo Sosa en varias ocasiones, a lo que él ha reaccionado
con estúpidos chistes, o demeritando la importancia de nuestro llamado. La paz,
o la ausencia de la misma es algo que impone quien tiene el poder, a ellos no
les interesa nuestra paz, ni nuestro desarrollo, ni nuestro bienestar.
Recordemos entonces que mientras más organizados estemos más posibilidades
tenemos de establecer relaciones de fuerza más favorables. En ningún caso es
aceptable sucumbir por miedo, eso sería traición.
Por lo que a los pueblos del continente
respecta, esperamos que nos tengan en su agenda solidaria, y los gobiernos revolucionarios que hagan un análisis
permanente de este contexto, en ello les va una porción importante del futuro.
Ricardo Salgado
19/febrero/2012