John Lennon y el Socialismo

¨Imagina que no hay cielo¨, John Lennon

Una canción en medio de la vorágine de la tormenta de la lucha de los pobres contra los ricos en América Latina.

Una canción que abstrae perfectamente la idea de una sociedad donde no haya posesiones y por tanto ricos y pobres, donde no haya países que son ya una posesión, donde el infierno y el cielo no existan para nadie, porque si el cielo es el privilegio y el infierno la indignidad humana, entonces debería desaparecer esta categoría dicotómica.

Al desaparecer la propiedad en el seno de la sociedad humana ya no habrá por quien matar o por quien morir, todo será igual y justo, verdadero y digno, sin dueños de todo y más aún sin dueños de nada. No habría pobres, no habría ricos, si no una sola clase la humanidad.

No existiría el delito, la estafa, los derechos sobre algo. No habría tierras que repartir porque toda la tierra sería una sin propietarios, desaparecerían los pronombres posesivos: mío tuyo, suyo, nuestro y vuestro.

A lo mejor habría que inventar de nuevo el lenguaje, algunos verbos dejarían de usarse: apropiarse, tener, invadir, robar, etc.

Tendríamos una nueva sociedad basada en necesidades y no en consumo. No habría religiones, por que el bien y el mal no estarían basados en lo que tengo, ni en lo que debo. El cielo no sería un premio que se debe ganar ejecutando siempre el bien, y el infierno no sería el castigo del que no puso la mejilla izquierda después de haber sido golpeado en la derecha, ni habría paradojas como aquella que habla sobre que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico se sale.

El mal sería otra definición que habría que considerarla como transformación del espíritu humano.

Habría paz para todos, no existiría la guerra por el petróleo, ni por el oro, ni por el uranio. Las armas se extinguirían porque nadie las usaría, y así ya no habría crímenes, ni cárceles, ni penas que purgar.

Se acabaría la envidia, la intriga y la conspiración. Pues ¿quién conspiraría para poseer bienes? La palabra bien sería un anacronismo.

En vez de presidentes, coroneles, ministros habría ciudadanos al cuidado de la paz, y no habría ejércitos porque no se tendría que defender ni la tierra, ni las naciones. La palabra soberanía tendría otra connotación, y la palabra independencia sería algo inusual usarlo; la diplomacia desaparecería porque no habría gestiones para evitar la guerra, e hipocresías que emplear para la convivencia humana.

La paloma de la paz no sería un signo subversivo. Y el águila no sería referente de la guerra o del poder.

El poder como tal sería una palabra en desuso, completamente descreditada. El dinero desparecería y se mostraría en museos de arqueología y antropología como símbolos de una sociedad que existió hace unos cientos de años, cuando el hombre era un primitivo más. Nadie compraría, sólo existiría la palabra adquisición.

Los niños irían a escuelas generales de la sociedad, no habría autos y choferes, mucamas y sirvientas, mozos, capataces, etc.

En fin, el universo sería uno. Una sola sociedad justa, hermosa, plena, sin amenazas de guerra. No habría asesinatos políticos, ni persecuciones, porque nadie lucharía por el bien común, si este sería precisamente su espacio y su tiempo, lugar de todas y todos, sin hambres históricas.

La gente toda compartiría lo necesario. La codicia y la ambición serían sustantivos de una lengua muerta. Una sola tierra para todos.

¿Qué más puedo soñar?


[email protected]


Esta nota ha sido leída aproximadamente 2761 veces.



Recomienda la lectura de esta nota a través de las redes sociales




US Y /ideologia/a92515.htmlCUS