Cómo acabar con la corrupción

El origen de la corrupción es el capitalismo, que se basa en la premisa de obtener la mayor cantidad de dinero con el menor esfuerzo posible y, como recomiendan algunos libros de “auto ayuda” gringos, pasando por encima de quien sea.

Mientras la lógica predominante en la sociedad sea la lógica del capitalismo, la corrupción contará con un terreno bien abonado y estará presente dentro del proceso revolucionario, debido a que se está intentando construir un modelo socialista sobre el sistema capitalista intacto, cuya base y superestructura aún tienen mayor fuerza que la nueva sociedad que quiere nacer.

Eso explica por qué muchos compatriotas que cobran su beca, o su sueldo aumentado por el gobierno bolivariano, vayan a gastárselo a Mac Donalds o al “Mall”, el centro comercial que tenga más publicidad. Y por qué demasiados funcionarios bolivarianos no aguantan dos pedidas para corromperse... Y por qué el aumento del nivel adquisitivo del pueblo es drenado sistemáticamente hacia las cuentas de los más ricos por medio de la exacerbación del consumismo y la especulación, que infla los precios para succionar más rápidamente la sangre de la comunidad.

Para acabar con la corrupción es necesario acabar con el capitalismo y éste no está dispuesto a permitirlo; de allí los posicionamientos militares del imperialismo y la solidaridad automática de los reaccionarios de todos los países que, como el negativo del manifiesto comunista, están unidos contra el progreso de los pueblos. Es una unión de carniceros, que no tendrán el menor escrúpulo para despedazar a quienes consideren peligrosos para sus fines explotadores.

Lo que pasa en Honduras es una prueba viviente de que no se puede hacer justicia social dejando intacta la sociedad capitalista, y mucho menos en un país que es estratégicamente importante para el imperialismo, que ha sido su base de operaciones desde hace mucho tiempo.

En nuestro caso, con todos los recursos naturales que tenemos, desde uranio hasta petróleo, pasando por todos los metales, energía hidroeléctrica, tierras cultivables, una riquísima biodiversidad, agua dulce en abundancia y una posición geográfica extraordinaria, las clases aún dominantes no quieren que se les escape esta presa.

El problema de la corrupción es inherente al capitalismo que la produce y, para erradicarla, es menester erradicar totalmente ese sistema de explotación. Así mismo, para vencer a nuestros oligarcas es indispensable vencer al imperialismo que, como hemos podido observar en muchas ocasiones, acudirá presuroso a apoyar a todo aquél que se oponga a los procesos revolucionarios sean cuales sean los métodos que usen para imponerse. El imperio es el comprador número uno de conciencias, países, recursos naturales, y en este momento está engorilado por la crisis económica sistémica que padece, que aumenta su peligrosidad porque hará lo que sea contra quien sea.

En la misma medida que se generalicen los principios socialistas de solidaridad, apoyo mutuo, laboriosidad, amor por la humanidad, la corrupción será erradicada. Por eso es tan importante contar con medios de comunicación socialistas en manos de socialistas y expandiendo ideología socialista, que es a lo que más temen los enemigos del pueblo.

Los Consejos Comunales, los Consejos Obreros y Estudiantiles, son gérmenes de socialismo, y por sus características, estos brotes tienden a ser muy superiores al socialismo del siglo veinte, porque contienen el protagonismo de la comunidad, el poder popular. De allí la importancia de que el partido revolucionario asuma la organización de estos órganos de poder, no dejándoselos a la representatividad porcentual de los escuálidos de la comunidad, porque de esa manera se están convirtiendo en simples juntas parroquiales, tuberías por donde se desaguan los recursos económicos que el gobierno bolivariano destina para apoyar la creación de la sociedad justa.

Cada empresa que pase a manos de los trabajadores, cada tierra que pase a los campesinos para trabajarla en común, cada consejo comunal verdadero que se organice, cada consejo obrero y estudiantil, son células de la nueva sociedad socialista que, por estar inmersa en el capitalismo, no es ajena a los vicios de ese sistema y sus brotes pueden ser asimilados si nos descuidamos.

Construir el socialismo sin acabar con el capitalismo es como hacer una operación sin asepsia, o como intentar sembrar sobre los rastrojos. Las alimañas acabarán con la semilla, arrasarán con las plántulas que logren germinar y en poco tiempo todo estará como si nada hubiera pasado.

De allí que es tan importante sustituir el comercio capitalista por el comercio socialista, la producción planificada en empresas de propiedad social y organizar el poder popular, para ir tomando terreno de manera paulatina pero inexorable, en la misma medida que se va enriqueciendo y expandiendo la ideología socialista.


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Andrea Coa


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