El momento actual nos coloca en un punto crucial del largo camino hacia el cambio estructural de la sociedad venezolana. Tiempo histórico que exige definiciones precisas, concientes y radicales. Ningún espacio para la duda o la reforma, cero tolerancia con el enemigo irracional y rapaz. Despojémonos de la ingenua creencia, que dos sistemas pueden coexistir conciliatoriamente hasta el infinito. Reforma y Revolución son materias de distintas naturalezas, como el aceite y el agua que, por más que se traten de mezclar inútil será el esfuerzo, siempre seguirán siendo lo que cada una es, materia ajena la una de la otra.
El avance logrado hasta ahora en el proceso de cambios en Venezuela es consecuencia de un cúmulo de luchas que registran años de derrotas y aprendizajes, de vidas truncadas de hombres y mujeres que soñaron una sociedad justa e igualitaria, hombres y mujeres que jamás claudicaron ante la engañosa comodidad que brindaba un modelo de democracia burguesa, hipócrita y asesina de esperanzas como lo fue esa etapa ignominiosa del llamado puntofijismo.
No nos llamemos a engaño, las cosas hay que señalarlas por su nombre. Esta es una lucha entre la vida y la muerte, entre lo nuevo y lo viejo, entre la liberación y la opresión , entre los que ven en sus semejantes a un hermano y no a un socio, entre los que tienen principios y no intereses, en pocas palabras esta es una lucha entre Reforma y Revolución .
Hoy las amenazas van mas allá de nuestras fronteras, ya no es un simple problema, como consideraron hasta hace poco algunos ingenuos, que vieron en el sector minoritario de la oposición a un grupo que solamente resentía la perdida de sus privilegios económicos y sociales. No, esta lucha, entiéndase de una vez por todas, es el enfrentamiento de dos modos de concebir la existencia del ser humano, una que lo ubica como pieza de un engranaje de la gran maquinaria de producir riquezas para unos pocos: el capitalismo salvaje, hoy en su etapa neoliberal; y el otro que desde siempre a anhelado la liberación plena del hombre en justicia y paz con sus semejantes y la naturaleza.
Vienen tiempos más difíciles todavía, y eso no debe sorprendernos. Como revolucionarios sabemos sin temor a dudas, que la Revolución se alcanza haciendo la revolución no la reforma. No hay otro camino, son ellos o somos nosotros. Es el momento de defender lo logrado, de imponer la voluntad del colectivo y de influir decisivamente como pueblo organizado en la dirección del proceso. Es el momento de profundizar la Revolución.
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