Santiago Lazo,
Coordinador del Área de Investigaciones de la Asociación Latinoamericana
de Economía Marxista, ALEM, conversa en La Habana, Cuba, durante el
desarrollo del X Encuentro de Economistas sobre Globalización y Problemas
de Desarrollo con el belga Eric Toussaint, Presidente del Comité por
la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM)
Santiago
Lazo es economista egresado de la Universidad Central de Venezuela en
el año 2004. Cursó estudios de postgrado en el área de estadística.
Desde el 2001 ha estado ligado a la actividad laboral relacionada al
Estado, pasando desde unidades administrativas hasta de investigación.
Interesado en especial en el área laboral y la autogestión, ha desarrollado
algunos trabajos de investigación, incluyendo una ponencia presentada
en Cuba en el 2008 sobre el papel de los consejos comunales en el tránsito
al socialismo durante el desarrollo del X Encuentro de
Economistas sobre Globalización y
Problemas de Desarrollo. En cuanto a su actividad política, fue representante
estudiantil ante el Consejo de Escuela de la Escuela de Economía de
la UCV. Fue fundador de la Asociación Bolivariana de Economistas Socialistas,
la cual abandonó para fundar la Asociación Latinoamericana de Economía
Marxista -ALEM-, de la cual es el coordinador del área de Investigación
y Formación. Argenpress dialogó con
él por medio de su corresponsal Marcelo Colussi.
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Argenpress:
Desde un punto de vista tanto económico como político, ¿qué perspectivas
le ves al proyecto de integración del ALBA?
Santiago
Lazo: El proyecto del ALBA es, quizá, uno de los proyectos de integración
más importante que se haya firmado entre país alguno por los fundamentos
conceptuales que lo sustentan. La Alternativa Bolivariana para las Américas
busca rescatar los vínculos ancestrales entre nuestros pueblos para
forjar una integración que tenga un alcance mucho mayor a las tradicionales
integraciones económicas. La integración cultural, social y económica
signan el tratado y ofrece un nuevo marco para las relaciones entre
los países integrantes, diametralmente opuesto a los tratados de libre
comercio que proponen los Estados Unidos de Norteamérica, que buscan
aprovechar las ventajas comparativas y desarrollar las ventajas competitivas
en un marco por la competencia por mercados regionales y que el libre
juego del mercado haga un proceso de limpieza, que acabe con las empresas
poco competitivas e incapaces de adaptarse. En este orden, los tratados
de libre comercio son un instrumento del gran capital para fomentar
el proceso de concentración y centralización del capital en los países
periféricos haciendo a estas economías mucho menos fuertes. La complementariedad
y cooperación son los pilares del ALBA y, por ende, viene a ser una
propuesta revolucionaria dentro del área de tratados de integración;
la idea es trascender los acuerdos de ayuda o asistencia social y los
tratados comerciales, para avanzar hacia una integración más profunda
y de consecuencias más importantes en términos de mejora del bienestar
social que cualquier propuesta anterior.
Las perspectivas
del ALBA desde el punto de vista económico son muy alentadoras. Los
países caribeños actualmente beneficiados por los acuerdos petroleros
con Venezuela pueden hallar en el ALBA una propuesta muy interesante
en cuanto a potenciar su desarrollo y reducir en el corto plazo la incidencia
de sus mayores problemas sociales. Si bien el nivel de intercambio comercial
–condición que va a repercutir sobre el desarrollo de las estructuras
productivas de los diferentes países– es poco significante en lo
actuales momentos, la posibilidad de crear acuerdos que potencien la
complementariedad de manera que no se busque una competencia desgastante
sino una cooperación fortificante crea de forma inmediata grandes posibilidades
de desarrollo económico. Los niveles de comercio en el marco del tratado
observaran importantes incrementos, lo que traerá beneficios a todos
los sectores, puesto que se hará de manera de proteger las industrias
nacionales y fortalecer las economías. El trato a los derechos de propiedad
permitirá acceso a tecnología imposible de desarrollar por países
pobres, aspecto que en los actuales tratados de libre comercio se acomoda
de la manera que más beneficie a los grandes capitales. Ahora bien,
las verdaderas consecuencias económicas dependerán del impacto político.
Desde el punto
de vista político el impacto es aún mayor. La simple propuesta de
una alternativa constituye una retaliación al imperio y un obstáculo
real a su necesidad de expansión y dominación. Se ha abierto la posibilidad
a nuevas formas de integración que están abiertamente en contraposición
a las tradicionales. Desde el punto de vista político es más complicado
que los países pobres del hemisferio se adhieran cuando en el Caribe
el 71% de las exportaciones se dirigen al imperio y un 4% a Sudamérica.
A la mayoría de los países se les dificulta apoyar iniciativas que
tiendan a una efectiva integración latinoamericana porque en buena
medida dependen de lo que decida el país hegemónico. Tenemos, pues,
un acuerdo que mejoraría las condiciones de sus integrantes, en especial
para los países más pobres, pero el costo en relaciones con el imperio
puede ser muy alto. En todo caso es necesario hacer una buena campaña
de divulgación que permita conocer las ventajas del ALBA para así
sean los pueblos los que presionen para lograr la adhesión de más
países.
Argenpress:
El MERCOSUR parece haber ganado algún terreno en el escenario latinoamericano
con Brasil como mini potencia regional. ¿Cuáles son sus perspectivas
reales a mediano y largo plazo? ¿Puede servir de alguna manera a un
proyecto popular?
Santiago
Lazo: El MERCOSUR ha cobrado importancia tanto como lo ha hecho
la economía de Brasil. Nacido en 1985, el MERCOSUR es un tratado típico
de las burguesías nacionales que buscan asegurarse mercados, en lo
cual Brasil está muy interesado. Brasil debe defender el camino que
ha avanzado, liderizado por su burguesía, en la producción de bienes
y servicios que le ha llevado a estar entre las primeras diez economías
del mundo. Brasil, como pequeña potencia, busca asegurarse de lugares
donde colocar sus mercancías, y si bien se han logrado avances en materia
sociolaboral en cuanto a la movilidad de los trabajadores, MERCOSUR
no ha pasado de ser un acuerdo comercial tradicional. Los mecanismos
de integración sur-sur siempre encontrarán trabas; era difícil imaginar
como podrían integrase dos países como Argentina y Brasil en los años
90 cuando ambos vivían procesos económicos complicados y cuyas políticas
estaban impuestas por el FMI. De esta manera hemos visto la aparición
de un bloque de integración que no logró sostener un crecimiento del
intercambio interregional que tuvo su cumbre en 1997-1998 con un comercio
cercano a los 20.000 millones de dólares, y que se recupera de su caída
debido a la crisis argentina cuando llegó a un poco menos de 10.000
millones de dólares.
La necesidad
de recursos energéticos y minerales del bloque hace interesante para
sus miembros la inclusión de Venezuela en el mismo; toda vez que Venezuela
es el país con mayores reservas probadas de petróleo. Venezuela se
ha declarado como un país que quiere transitar al socialismo y, en
especial, defensor de un mundo multipolar y luchador retórico contra
el imperialismo. En términos políticos, la inclusión de Venezuela
se ha visto llena de tropiezos y obstáculos. Con los tratados de libre
comercio que se pretenden imponer en América Latina, el MERCOSUR debe
buscar fortalecerse, para lo que Venezuela puede resultar muy útil.
Las perspectivas del bloque son favorables, en especial con la inclusión
de Venezuela, al menos desde el punto de vista económico. El discurso
nacionalista que ha surgido en la región no puede sino beneficiar a
sus burguesías en cuanto cuentan con gobiernos dispuestos a defender
sus aparatos productivos; por lo que los tratados de integración regional
son la mejor opción ante los tratados de libre comercio que no harán
menos que destruir a los sectores más débiles de la burguesía de
los países firmantes. En este ambiente, la protección a las economías
nacionales se observa con mucho optimismo en cuanto a mantener y mejorar
el crecimiento económico que hemos observado. A mediano plazo, podremos
observar un bloque más consolidado con un mayor intercambio que tienda
a acrecentar el producto interno bruto de la región.
Un proyecto
popular quizá no sea muy beneficiado por el bloque por la razón de
que fortalece a las burguesías. Ahora bien, habría que definir a qué
se denomina "proyecto popular". Si el proyecto popular es
la toma de conciencia de clase por parte de los trabajadores, su organización
y la posterior toma del poder para imponer los intereses de clase de
los trabajadores, es muy posible que no ayude. Si el proyecto popular
se entiende como un proyecto socialdemócrata que busca mejorar el nivel
medio de vida y aún mantener las estructuras de propiedad sobre los
medios de producción que refleje los intereses de clase de la burguesía,
a mi juicio sí se logrará. Ya que es más factible que triunfe la
segunda opción, los beneficios económicos derivados del bloque no
cambiarán la estructura actual de distribución del ingreso; quizá,
incluso, hasta la consolide, por lo que los que se encuentren en mejor
posición actualmente se mantendrán allí en el futuro.
Argenpress:
La Revolución Bolivariana lleva ya nueve años de existencia. Desde
una lectura económica del proceso, ¿qué pro y qué contras se le
pueden encontrar? ¿Cómo entender, en términos económicos, y también
políticos, esto del socialismo del siglo XXI? ¿Hay un "socialismo
petrolero"?
Santiago
Lazo: Dependiendo del paradigma económico donde nos situemos encontraremos
diferentes respuestas para esta pregunta. En términos generales, la
situación económica del país ha mejorado notablemente en los últimos
9 años. Los ingresos fiscales se han diversificado mediante una mejora
en la recaudación fiscal, por lo que el gasto primario del gobierno
ha dejado de depender del ingreso petrolero. La administración de divisas
se ha mostrado exitosa con 6 años en funcionamiento y ha permitido
frenar la fuga de capitales. Se ha producido un fenómeno particular
en la fijación de los precios de los bienes transables (que se pueden
comerciar internacionalmente), donde ha sido utilizado el precio del
dólar paralelo (ilegal) como referencia, por lo que los bienes nacionales
no han sufrido una pérdida de competitividad como a finales de los
años 70. Este proceso, aunado a una mejora en la distribución de la
renta petrolera, por diversas vías que incluyen la transferencia directa,
ha propiciado el incremento de la demanda de bienes de una manera tal
que la oferta no se da abasto y se ha impulsado un proceso inflacionario
dañino para la mayoría.
En términos
puntuales, podemos decir que la distribución del ingreso ha mejorado,
pasando de un índice de Gini de 0,49 en 1998 a 0,42 en año 2007. Se ha
logrado reducir la pobreza general en Venezuela de 50,4% en 1998 a 33,07%
en 2007. Mientras, la pobreza extrema, que se situaba en 20,3% en 1998,
descendió a 9,4% en el año 2007, el nivel más bajo de los últimos
17 años. La tasa de desocupación en diciembre de 2007 alcanzó los
6,2%, por debajo del 10,2% en diciembre de 1999. En general el momento
de la economía venezolana es estelar. En cuanto a los contra, se puede
considerar que el gobierno ha sido un poco lento en hacer la reformas
necesarias para el efectivo tránsito al socialismo. Entre las medidas
que creemos deberían tomarse por parte del Estado, están: nacionalizar
la banca, adquirir grandes medios de producción monopólicos, reforma
tributaria, entre otras.
El socialismo
bolivariano no está definido; es un sistema que esta creándose con
poca claridad conceptual e ideológica. Existe claridad en valores como:
cooperación, solidaridad, pueblos hermanos, bienestar social, entre
otros. Pero poca claridad en cuanto a: propiedad privada, propiedad
social, lucha de clases. Es difícil construir el socialismo sin socialistas.
Claro, no se puede ni debe confundir el socialismo con la socialdemocracia,
como ocurre con Francia por ejemplo. El socialismo debe ser el estado
del proletariado, que exprese sus intereses de clase y que controle
los medios de producción para sí. En este sentido, el socialismo bolivariano
apenas ahora esta entendiendo esto y ha dado algunos pasos para la adquisición
por parte del Estado de medios de producción. Si se quiere entender
el "socialismo bolivariano", hay que entender que somos un
país petrolero que vivió una gran bonanza, se destruyó la industria
nacional, se intentó aplicar medidas neoliberales a un pueblo poco
sumiso y de condiciones culturales que lo hacen particularmente irreverente
a la autoridad. Los medios de comunicación destruyeron sistemáticamente
la imagen de los partidos políticos en una forma de minimizar al Estado,
quedando los dos principales partidos sin capacidad de movilización.
Venezuela es un gran saco de dinero, dinero proveniente del petróleo
donde los partidos se turnaban el gobierno para saquear al Estado. En
este marco, un movimiento militar de liberación nacional se fue formando
en la búsqueda de devolver al pueblo lo que por años se sacó del
país mediante endeudamiento y fuga de capitales. En ese movimiento
se destacó un líder, el teniente coronel Hugo Chávez, quien alcanzó
la presidencia por la vía de la democracia representativa. Este líder,
lejos de ser marxista, fue luchando por construirse una visión política
de administración del Estado, pasando por la tercera vía hasta toparse
con el socialismo. Pero el socialismo ha tenido casi un siglo de difamación
por parte del poder constituido, llegando a ser que actualmente sujetos
que se dicen ser revolucionarios y socialistas, creen que el socialismo
es dañino y perverso. En este grado de ignorancia se propone el socialismo
bolivariano, desprovisto de teoría y de categorías. Por medidas políticas
se llamó a respetar la propiedad privada de los medios de producción
y se abandonó e incluso ocultó la existencia de la lucha de clases.
Desprovistos de herramientas fundamentales para entender el sistema
de explotación capitalista, se le consultó al pueblo sobre la aprobación
de una reforma constitucional muy tímida pero que representaba un cambio
de timón hacía el socialismo que no logró ser aprobada. El socialismo
bolivariano es un sincretismo teórico de diferentes corrientes, una
corriente postmoderna que busca tomar lo mejor de todos, pero poco se
logra definir. Esta desprovisión de fundamento teórico deja todo en
manos del líder, quien debe bandear los intentos del imperio por destruir
su propuesta. Ahora los movimientos de izquierda luchamos por darle
teoría a este sistema y consolidarlo como única vía de supervivencia
de la humanidad.
El socialismo
petrolero no existe, el socialismo es un sistema definido. Es como decir
capitalismo petrolero, eso no dice nada. Ahora se cree que por llamar
algo "socialista" ya se hizo la revolución. El solo hecho
de utilizar ese término "socialismo petrolero" indica que
existe una confusión ideológica y teórica sobre el socialismo en
general. El socialismo es una forma de organización social, no es una
forma de organización de una actividad ni mucho menos.
Argenpress:
El gigante Estados Unidos, si bien está lejos de caer, comienza un
declive que seguramente podría impedirle seguir siendo la única potencia
hegemónica en unas décadas. Hoy atraviesa una recesión que se anuncia
fuerte. ¿De qué manera todo esto afectará -o beneficiaría eventualmente-
a la región latinoamericana?
Santiago
Lazo: La región de América Latina seguramente se verá afectada
negativamente ante una caída de la economía estadounidense, de dos
maneras. Económicamente, América Latina encontrará más difícil
la colocación de sus productos ante una economía intraregional poco
desarrollada. Ante un desaceleración de la economía de Estados Unidos,
los términos de intercambio de América Latina se empeorarán al verse
reducida la demanda por materias primas y demás artículos producidos
por la región y vendidos a Estados Unidos. Esto es posible que traiga
reducción de empleos en la región, incremento de la pobreza y desmejora
en la calidad de vida. En materia política, un declive de la hegemonía
incrementará la presión por controlar las fuentes de recursos que
presenta América Latina, y por ende podremos ver un incremento en la
actividad militar en la zona, posiciones más duras con los gobiernos
que no sigan sus políticas y hasta es posible la aparición de dictaduras
disfrazadas de democracias impuestas por el departamento de Estado.
Al ser el patio trasero de la gran potencia del Norte, vamos a ser los
primeros en enterarse que el Tío Sam está en problemas, y muy seguramente
va a tratar de que seamos nosotros quienes paguemos el mal manejo de
su economía.
Argenpress:
Algunos de los países que desarrollaron experiencias socialistas durante
el pasado siglo se han volcado hoy a economías de mercado, con diversas
combinaciones: Rusia, China, Vietnam. ¿Fracasaron los experimentos
socialistas en términos económicos? ¿Por qué seguir apostando por
proyectos socialistas? ¿Qué nos enseña la actual experiencia venezolana?
Santiago
Lazo: El socialismo es un sistema más complejo que el capitalismo
por cuanto debe definir las reglas de distribución de la producción
social que el capitalismo ya tiene definido a través de la ganancia,
los salarios y el uso del mercado. Los tres países mencionados han
vivido procesos diferentes y no se pueden analizar de la misma manera.
Rusia, el experimento socialista más interesante de todos porque logró
crear un gran bloque de países a su alrededor que adoptaron dicho sistema,
fue estancándose en una burocracia de la que no pudo escapar. Muchos
consideran que se transformó en un capitalismo de Estado que no supo
manejar la contradicción que representa la acumulación capitalista
con explotación al trabajo. Pero esta es una lectura un poco sonsa;
la URSS, luego de haber solventado exitosamente los principales flagelos
del capitalismo como el desempleo y la exclusión, fue atacada sistemáticamente
desde occidente en busca de desmantelar la experiencia socialista más
exitosa de la historia. Un plan en el que participó desde el Vaticano
hasta la CIA (si es que podemos encontrar diferencias apreciables entro
uno y otro), culminó con la caída del bloque a principios de los años
noventa del siglo pasado.
China es una
economía increíble. Ha logrado organizarse para alimentar a mil trescientos
millones de seres humanos. La vía al socialismo, o más bien al comunismo,
que ha implementado China es admirable. Hay que comprender que el socialismo
se nutre de los valores autóctonos de la sociedad en la que germina,
y los chinos gozan de nada menos que cinco mil años de historia. El
estado actual de China es difícil de analizar. El Estado chino escogió
una vía para desarrollar sus fuerzas productivas que fácilmente se
puede confundir con una vorágine capitalista de explotación a la mano
de obra del pueblo chino; pero que contrasta con la idea del partido
comunista de aquel país que considera que en 50 años podrán alcanzar
al comunismo. Los planes de los detentadores del poder en China no los
podemos conocer a cabalidad, y hablar de lo que aparentemente es, puede
ser una aventura. China se ha convertido el principal destino de las
inversiones extranjeras de los países más ricos, y de algunos no tanto.
Su capacidad de producción y la ubicación de plantas industriales
en suelo chino que ha ocurrido en los últimos años han hecho de este
país el principal acreedor del gobierno estadounidense. El capitalismo
y la desigualdad asociada a él han penetrado la milenaria China; pero
no sabemos hasta que punto la voluntad política del Partido Comunista
Chino y sus setenta y cinco millones de militantes vayan a dejar que
el camino avanzado hacia el socialismo realmente se deje de lado y se
adopte un sistema meramente capitalista.
Vietnam, luego
de haber ganado una guerra de desgaste propiciada por los Estados Unidos
para hacer más rico a los dueños del sector financiero, siguió de
pie. Con cerca de tres millones de bajas durante un período de cerca
de una década, y sin recibir los recursos por parte de Estados Unidos
para su recuperación como vencedor de la guerra, Vietnam se vio obligado
a adoptar un llamado "socialismo de mercado" –para algunos
un simple capitalismo disfrazado–. Los procesos de construcción del
socialismo tienen toda clase de problemas y siempre serán mejorables.
El sistema de Vietnam ha permitido levantar de la ruina a un país campesino
y devastado por la guerra para convertirlo en un país de desarrollo
medio. Con una población de 85.262.000 habitantes, ha logrado una esperanza
de vida es de 71 años y con el 94.3% de la población alfabetizada.
El tránsito al socialismo, tanto de Vietnam como de China, no está
cerca de culminarse.
El socialismo
es una necesidad, no es un capricho. Los niveles de destrucción al
medio ambiente, la sobreexplotación de recursos naturales, el agotamiento
de las fuentes de energía y el peligro ecológico en que hemos colocado
al planeta Tierra son situaciones que no podemos dejar pasar. El sistema
capitalista, al tener como única regla de funcionamiento la maximización
de la ganancia, ha dejado de lado el asegurar la propia existencia de
la raza humana y de la vida sobre la tierra de la mayor parte de las
especies que conocemos. Es necesario ir hacia una economía planificada
a nivel mundial donde se utilicen los recursos de forma conciente y
donde se acabe con la explotación del hombre por el hombre, que es
a todas luces inmoral y antihumana.
La experiencia
venezolana nos enseña que es necesario formar a las personas en materia
ideológica y política para la construcción del socialismo. La creación
de conciencia va a permitir que los trabajadores se reconozcan como
sujetos históricos del cambio social y nos permitirá avanzar en el
proceso de trascender el capitalismo. Es necesario comenzar con la atenuación
de las desigualdades sociales, pero a la vez ir cambiando la estructura
y deliberadamente la super estructura, permitiendo que aparezca el nuevo
sistema de organización social. El socialismo científico es una herramienta
fundamental que en Venezuela no hemos usado con la seriedad merecida,
y nos hemos dejado llevar por los planteamientos inculcados por la CIA
contra el comunismo y el marxismo. Es necesario romper los prejuicios
contra el marxismo y utilizar esta excepcional herramienta para la toma
de conciencia de clase y el cambio social.
Argenpress: De acuerdo con la lectura sobre la situación latinoamericana,
¿por qué se funda y cómo se inserta en este contexto la creación
de una organización tal como la ALEM, la
Asociación Latinoamericana de Economía Marxista?
Santiago Lazo: Nuestra lectura de los procesos en América Latina
nos dice que necesario y oportuno crear una plataforma que permita articular
a los interesados en estudiar las teorías marxistas, sean economistas
o no. La investigación en esta área es fundamental para el desarrollo
de las bases teóricas de la revolución, así como la propagación
de las herramientas necesarias para que nuestros pueblos comprendan
sus condiciones materiales de existencia y las relaciones sociales que
las determinan.
Así lograremos
generar un cambio de conciencia que unifique a la clase trabajadora
y la gane para la revolución. La teoría marxista es una herramienta
de análisis muy potente que no se ha utilizado a cabalidad, y por lo
tanto hay que rescatarla y ponerla en funcionamiento para entender la
naturaleza del sistema capitalista y cuáles son las acciones para destruirlo,
fin último de la revolución.
Es importante
el hecho de que los pueblos latinoamericanos han decidido, más que
apoyar presidentes de izquierda, alejarse de la potencia imperialista,
lo que nos está diciendo que puede haber espacios para crear las condiciones
subjetivas de la revolución. Por esta razón nuestra organización
es de alcance latinoamericano.
En este contexto
la creación de la ALEM parece ser increíblemente oportuna y necesaria,
por lo que hacemos un llamado a todos los interesados en unirse y difundir
junto a nosotros el pensamiento de izquierda. Los procesos latinoamericanos
son aún frágiles; es necesario reforzarlos, ya que son la esperanza
de la humanidad. El marxismo es una de las teorías más jóvenes de
la humanidad y aún debe crecer y desarrollarse. La investigación,
el desarrollo del pensamiento, pero sobre todas las cosas, las luchas
concretas de los pueblos por alcanzar su liberación, harán que el
marxismo sea redescubierto por la clase obrera y el pueblo explotado
y vuelva a ocupar el lugar de vanguardia en la lucha por alcanzar una
sociedad donde los seres humanos podamos alcanzar el grado más grande
de libertad y felicidad. Y eso se llama comunismo.
mmcolussi@gmail.com