"Un fantasma
recorre el mundo: el fantasma del antipoder. Todas las fuerzas de la
vieja civilización se han unido en santa cruzada para acosar a ese
fantasma: el Papa, Bush, los radicales, socialdemócratas, fascistas,
nacionalistas burgueses y los polizontes de todas las nacionalidades".
Anónimo
Cuando Chávez
plantea que hay una corriente que pretende sembrar divisiones en las
fuerzas populares y la ubica en los “anarquistas”, en los defensores
del “antipoder”, me viene a la memoria toda la ceguera histórica
para comprender en toda su complejidad al campo popular-subalterno.
Obviamente, hay pocos ácratas serios en su entorno inmediato, muchos
menos en la dirección del PSUV, donde abundan otros pelajes ideológicos
y económicos, más próximos a las intimidades del Capital (léase
derecha endógena, boli-burguesía, “burguesía nacionalista” y
capital bancario, un extraño coctel con olor a whisky 24, mezclado
con cubas libres. ¡Mezclar licores de alto octanaje no es un buen consejo!).
El metabolismo del capital está muy cerca de determinadas esferas del
alto gobierno, que en dos meses le otorga una amnistia a la derecha
golpista del 11 de abril, y en este corto período, descalifica una
manifestación sin carácter masivo alguno, de un pequeño grupo que
gritaba: “no queremos que nos gobiernen, queremos gobernar”. No
hablemos de las superganancias del capital especulativo, bancario, comercial,
inmobiliario y paraestatal. A nosotros nos quieren convencer con pdvales
y pdvalitos: ¡no jodan! De la polarización de una retórica ultra-izquierdista
del año 2007 pasamos a la pragmática eficiencia y las jefaturas de
corte militar, un estilo cómodo para los dueños del capital, preocupados
por las rentabilidades en “paz, orden y trabajo”. Que el pueblo
desee gobernar, esto es demasiado. Este es un grito que nos retrotrae
a aquellas barricadas parisinas de 1848, donde todavía no aparecía
una jefatura, un mando centralizado y concentrado, aquel que previera
luego Trotsky en la “degeneración burocrática” del poder obrero-campesino,
y el famoso “centralismo burocrático”. Mientras nos enfocamos en
combatir las maniobras del imperio (lo que hay que hacer, por cierto),
observo con desparpajo la abusiva represión contra los obreros de SIDOR,
una verdadera lección de gobernabilidad burguesa. Comprendo a ese grupo
de “infiltrados”, “anarquistas”, “indisciplinados” y “divisionistas”
como aquellos seres infames que merecen etiquetas, rótulos, estigmas.
Por supuesto, han sido conquistados inconcientemente por los planes
de la CIA. A lo mejor hasta un chip electrónico de direccionamiento
ideológico, les han inoculado; una suerte de “mk-ultra” para chapistas
descontentos. Pero esta versión me parece falaz, de cabo a rabo. Los
tiros van por otro lado. Hay razones para rebelarse, hay malestar, desconcierto
y deriva en la dirección revolucionaria, en Chávez. Todo esto no se
resume a simples actos de indisciplina. Hay que excavar más en profundidad,
con menos prejuicios, con más inteligencia general. El asunto es claro,
preciso, breve: Hay que rectificar, pero ¿hacia donde? Luego de despilfarrar
un capital electoral de 63% en dic-2006 y pasar al patético cuadro
del 32 % en feb-2008, es ostensible la crisis de direccionalidad revolucionaria.
¿Que ha crecido? ¿La oposición? No, el cansancio político. Se han
quebrado los alineamientos automáticos. Crecerá sin duda, la abstención.
Algo está pasando en los cimientos políticos del país. Escucho el
grito de rebeldía frente a la indiferencia oficial a conmemorar la
masacre del 27 de febrero de 1999. Palabras más, palabras menos: “maldito
sea el soldado que vuelva sus armas contra el pueblo” decía Simón
Bolívar. Todo esto me recordó a Holloway, y sus argumentos para “cambiar
el mundo sin tomar el poder”. Atilio Borón ha replicado: fantasías,
fanfarronadas del anarquismo. Tal vez el problema no sea el poder, sino
la lógica de la dominación como huella matricial. Pero lo lamentable
es que aquí se desconozca el debate de fondo. Nos quedamos en la epidermis
del asunto. A pesar del principio de rendimiento denunciado por Marcuse,
sigo insistiendo en la quimera, no del antipoder (Farruco dixit),
sino la de la complejidad, algo que asume R. Lanz en diversos espacios.
Cuando Chávez llama al antipoder un “limbo sin definiciones”, me
parece clave la escasa capacidad para generar distinciones desde una
inteligencia general. Existe un tejido interdependiente, interactivo
e inter-retroactivo entre el objeto de conocimiento y su contexto, las
partes y el todo, el todo y las partes, las partes entre ellas; para
pensar no desde lo disjunto, desde la racionalización paranoica, sino
desde otras operaciones lógicas maestras: inclusión, distinción,
conjunción, implicación. Rectificar implica una “inteligencia general”,
referirse a lo multidimensional, lo complejo, el contexto y lo global
(Morin dixit). Hay que romper paradigmas. J. V. Rangel calificaba
en febrero de 2007 a Chávez de ser el antipoder. Un año después,
Chávez descalificaba al antipoder de ser infiltrados de la CIA. Chávez
caligrafía mentalmente el leninismo y el centralismo democrático:
“Quizás yo por mi formación militar, hecho y pensado para la
guerra… uno está en una guerra, uno esta acostumbrado a que tiene
que haber un plan, tiene que haber una jefatura, tiene que haber un
liderazgo, pues, tiene que haber una disciplina que no tiene que ser
militar, por supuesto, para nada, pero disciplina revolucionaria, disciplina,
y cuadros revolucionarios, reconocimiento a un liderazgo revolucionario,
a un programa revolucionario y la autocrítica revolucionaria”.
Bien, 20 puntos en leninismo, pero el problema es que el examen no lo
está haciendo un comité central de un Partido leninista en un remoto
lugar (¿o si?), sino el pueblo venezolano. Ojalá no se cometan los
errores de caligrafiar a Kronsdat, Hungria, Polonia, Checoslovaquia…
para no hablar de las decisiones de Stalin en la República española
Esto explica que caigan estatuas, que los jóvenes vean con entusiamo
“Good Bye Lenin” o “La vida de los otros”. Recordemos a Fromm,
a Schaff, a Petrovic y a tantos otros: un socialismo sin libertad, sin
escala humana, sin democracia participativa, será un fracaso. Como
para tomar nota, y sobre todo, rectificar.
jbiardeau@gmail.com