1.
Las lecciones del fracasado socialismo histórico europeo
Para la
construcción del Socialismo del Siglo XXI es
vital entender, por qué los poderosos Estados del Socialismo histórico
europeo cayeron como castillos de naipes, a comienzos de los 90.
Tres casos son de particular relevancia: 1. la República Democrática
Alemana (RDA), cuyo alto nivel de vida ---mucho más alto
que el de cualquier país latinoamericano actual--- y avanzados
sistemas de educación y salud, no fueron suficientes para
impedir la implosión del sistema; 2. Polonia, porque ni el
empleo de las Fuerzas Armadas pudo impedir el derrumbe; y, 3. la Unión
Soviética, donde ni la radical destrucción de las fuerzas y clases
sociales opositoras, por parte de Stalin,
ni el centralismo político-económico absoluto del sistema, garantizaron
su sobrevivencia a mediano plazo.
En esta primera parte dialogamos sobre: 1.
El papel de las Fuerzas Armadas en la
implosión socialista; 2. La importancia
de la propiedad estatal sobre los medios de producción;
3. La imposibilidad de construir el socialismo sin democracia participativa
real.
2.
El Ejército Nacional Popular (NVA) ante la transición
H.D. ¿Qué
papel asumieron las Fuerzas Armadas ante la transición?
H.M. Los
ejércitos de ambos Estados alemanes
eran elementos importantes dentro de los bloques militares de la OTAN
y del Pacto de Varsovia. La principal preocupación del Comandante en
Jefe del Pacto de Varsovia, General del Ejército Luschew, consistió
en garantizar la integridad militar de la
Nationale Volksarmee (NVA, Ejército Nacional Popular
de la RDA) y el mantenimiento de la estabilidad interna de la RDA, para
impedir conflictos violentos entre el Ejército soviético y las fuerzas
opositoras.
Todavía
hoy hay un debate acerca de que sí en el otoño de 1989 hubo un
viraje (Wende) en la RDA, si hubo una revolución pacífica o una contrarrevolución.
Independientemente de la evaluación que se haga, hay dos momentos que
son de importancia decisiva.
No
se produjo violencia con derramamiento de sangre y el ejército soviético
nunca estuvo ante la disyuntiva de intervenir militarmente. Por lo mismo
es falso declarar, que Gorbatchev haya evitado algo. La verdad histórica
es que él nunca tuvo una concepción políticamente madura para la
unificación de los dos Estados alemanes y que nunca luchó por los
intereses de la Unión Soviética, ni de los ciudadanos de la Alemania
socialista.
Dentro de
las Fuerzas Armadas socialistas (NVA), se instalaron
„mesas redondas“, en las cuales se discutía sobre cuestiones de
una reforma militar y la responsabilidad del liderazgo militar. El ejército
siempre fue leal frente al gobierno.
3.
La propiedad estatal y el desarrollo del Socialismo
H.D. ¿Qué
importancia tiene la propiedad estatal y qué lugar deberían ocupar
las diferentes formas de propiedad en una sociedad socialista?
H.M. La
cuestión de la propiedad sobre los medios de producción es para todo
sistema social, como se ha visto hasta el día de hoy, la base de su
existencia y de su funcionamiento. En la RDA, la intención era concentrarse
en dos formas de propiedad social: la estatal y las cooperativas. Las
experiencias indican, sin embargo, que también en una evolución socialista
debería haber diferentes formas de propiedad. Esto es de mayor importancia
para la eficiencia de la economía y, sobre todo, para alcanzar una
amplia alianza social.
Las industrias
claves, el transporte y las comunicaciones, la educación y el sistema
de la salud deberían ser propiedad del pueblo, administrada por el
Estado. Para las cooperativas, particularmente en la agricultura y en
el sector de la vivienda, al igual que para la pequeña y mediana empresa
privada, los artesanos y las pequeñas tiendas, el Estado debe definir
las condiciones de su funcionamiento en un marco de referencia. El objetivo
económico tiene que ser un suministro seguro de bienes y servicios,
la innovación y el crecimiento. Los intentos de
lograr un desarrollo de este tipo se hicieron
demasiado tarde. Cuando se trató de realizarlos, el tiempo ya se había
acabado.
Todos los
empeños de una transformación económica con carácter socialista
requieren la unidad entre el poder político y la participación democrática
amplia, profunda y multifacética. En ese sentido, elecciones son importantes,
pero solo un elemento. Formas de democracia básica y de cogestión
en las empresas pueden ser aún más importantes para impedir un centralismo
unilateral.
4.
Guerra Fría y centralismo político: causas principales del derrumbe
H.D.
¿Cuáles son las principales causas de la
caída de la RDA?
H.M.
Hay factores internos, principalmente dentro del sistema político,
y factores externos que tuvieron un doble efecto.
Mientras
los países aliados de la Segunda Guerra Mundial todavía colaboraban
entre sí, había cierta tolerancia entre ambos lados.
Esto cambió con el inicio de la Guerra Fría,
que se manifestó en el uso de armas nucleares de Estados Unidos contra
Japón y que se concretizó en Alemania
con su división en dos Estados de postguerra.
El factor
de la división fue un factor político y personal en casi todas las
familias y el conflicto entre los sistemas y la confrontación entre
ambas superpotencias constituyó una carga y una limitante permanente
para la RDA. El 13 de agosto de 1961, cuando se construyó
el muro de Berlin, es una clara expresión de esta situación.
H.D. ¿Qué
papel jugó el centralismo político?
H.M.
En su inicio, bajo el Presidente Walter Ulbricht, la RDA tenía todavía
una dirección caracterizada por su exilio en la URSS y la
influencia de la Internacional Comunista (Komintern). Pese a esto, se
procuró hacer reformas económicas en los años 60, que fueron cancelados
por completo bajo el sucesor de Ulbricht, Erich Honecker.
Un sistema
socialista necesita un proceso permanente de reformas y de renovación,
que fue imposible en la RDA hasta octubre de 1989. Las causas principales
de esta situación radican en el rígido sistema político jerárquico
y su centro de poder absoluto. Este sistema no permitió ninguna innovación
espiritual o práctica desde las bases de la sociedad.
(*)
Hans Modrow, de profesión mecánico, estuvo cuatro años como
prisionero de guerra en la Unión Soviética. Regresó como antifascista
y socialista a la RDA, donde se adhirió al Partido Socialista Unificado
alemán (SED). En la fase más crítica del derrumbe de la RDA, de otoño
1989 hasta la primavera de 1990, se
le encargó la conducción del país. Negoció con los protagonistas
de las potencias mundiales, como James Baker, el canciller de Bush padre,
y la muy influyente Condoleezza Rice, asesora de ambos políticos; el
Presidente Francois Mitterand de Francia y el
“inepto” presidente de la URSS, Mikhail Gorbatchev, quién permitió
que “Estados Unidos y la OTAN alcanzaran todos los objetivos que se
habían trazado desde el inicio” de la crisis.