Pareciera sencillo a simple vista
interpretar la agenda de prioridades que debe acometer la revolución durante el
año que comienza, tal y como lo ha indicado su líder indiscutible, Hugo Chávez:
a) Revisar su actuación para intentar explicar el descalabro del 2D; b)
Rectificar aquello que mal se hizo y, c) Relanzar sus proyectos de
transformación del país que se diseñaron, esencial y básicamente para
catapultarlo por la senda de su desarrollo en beneficio de las grandes mayorías,
es decir, de ese pueblo que ancestralmente se le mantuvo excluido de las grandes
decisiones que marcaron su torcido rumbo y que sólo recibió
migajas.
¿Cómo comenzar la tarea? ¿Qué vamos a
revisar y cómo debemos hacerlo? ¿Se darán las pautas mínimas necesarias para que ningún burócrata deje de revisar
aquello que le corresponda y que directamente se le pueda atribuir? ¿Se dictarán
líneas estratégicas para abordar las debidas soluciones a todo aquello que sea
detectado como erróneamente realizado? ¿Quién y qué herramientas se habrán de
utilizar para fiscalizar que en cada estamento del ejecutivo haya la disposición
de acatar y desarrollar esa agenda dispuesta por el líder? ¿Se le invitará a
la Contraloría
General para que haga suya esta agenda, por ejemplo en aquello
que tenga que ver con el manejo de fondos y bienes públicos, así como en la
revisión de las declaraciones de patrimonio?
No estamos muy seguros que por motus proprio
se logren avances significativos en las distintas dependencias gubernamentales
con este desafío que ha lanzado el presidente para precisar cuales fueron las causas que
determinaron que una cifra bien cercana a los tres millones de “chavistas”
expresaran su descontento dejando de concurrir al acto refrendario del 2D,
permitiendo con ello que se abortara la reforma
constitucional.
Ningún jerarca dirá que hizo mal tal
gestión y menos que, por ejemplo, malversó o “distrajo” fondos públicos. Jamás
confesará que en su despacho se hizo una práctica común fraccionar contratos de
obras y servicios para evadir el requisito de las licitaciones y permitir así la
asignación de obras a precios escandalosamente altos o que, simplemente, se les
solicitara a los contratistas comisiones o regalos, como por ejemplo, paquetes
turísticos o casas vacacionales o camionetas del mayor lujo. Ninguno dirá que
utilizó viáticos y los carros de su despacho para vacacionar con su familia. No
se atreverían a confesar, por ejemplo, que se auto asignaron bonos especiales
millonarios en connivencia con sus más cercanos colaboradores, mientras que a
los profesionales y empleados de planta les negaban el aumento que reclamaban
como indispensable para poder sobre vivir, violentando de esa forma los
reiterados llamados de Chávez de acabar para siempre con esa práctica malsana de
la cuarta república. Nada dirán acerca de la pésima atención que se les prestó a
los ciudadanos que intentaban resolver asuntos urgentes. Nada que los ponga en entredicho se
sabrá por boca de ellos, como por ejemplo, explicar la excesiva tardanza en la
terminación de una obra pública esencial como una escuela, un centro de
asistencia médica o el arreglo de una calle llena de huecos y paremos de
contar.
De allí que esa agenda solamente dará los
resultados que se esperan una vez se fijen los lineamientos que deberán seguirse
para implementar las correspondientes revisiones, rectificaciones y
relanzamientos e igualmente que se establezcan los controles y supervisiones
necesarios para garantizar que nadie se libre de acatar tan loable decisión del
Jefe del Estado.
oliverr
cantv.net