migo Eduardo,
Una
confusión teórica que se niega a morir en el debate del
Socialismo del Siglo XXI, es la identificación de la economía
de equivalencia con el trueque. Hay dos vertientes en esta
equivocación. La derecha la promueve porque lleva la teoría
ad absurdum. En otros casos,
se debe a la falta de formación económica y la
tentación al debate fácil, sin documentación
previa. Dado que el Socialismo del Siglo XXI está en vísperas
de su fase de implementación, es necesario explicar en forma
sencilla las diferencias entre trueque e intercambio equivalente.
(Ver también el capítulo 7 de mi libro, Hugo
Chávez y el Socialismo del Siglo XXI.)
1.
Cuando una persona trata de obtener libremente de otra persona un
bien o un servicio, puede pagar de tres formas:
1. con dinero; 2. con trabajo; 3. con productos. Históricamente
las tres formas han coexistido durante cinco mil años, pero
hoy día domina la economía monetarizada, en la cual el
dinero real o virtual (tarjeta de crédito) mediatiza los
intercambios. En el feudalismo era frecuente el pago en trabajo, por
ejemplo, cuando el Señor (latifundista) le arrendaba al
minifundista una parcela para su usufructo, y éste le pagaba
trabajando gratuitamente cierto tiempo en los dominios del Señor
(renta en trabajo).
2.
La tercera forma suele llamarse trueque, barter
en inglés y francés y Naturaltausch
en alemán. Puede definirse como un intercambio libre de
productos o servicios en su forma natural, sin mediación o
intervención del dinero.
3.
El espacio físico o virtual en que se encuentran oferta y
demanda y donde se lleva a cabo el intercambio de productos y
servicios, se llama mercado. Puede ser una tienda, un supermercado,
una bolsa de valores, un burdel, E-bay, etcétera.
4.
La forma de pago con que se
realiza el intercambio no dice absolutamente nada sobre la justicia
del mismo. El pago en forma de trueque puede ser tan injusto y
explotador como el pago en forma monetaria (mediante dinero) o en
forma de trabajo vivo. El delincuente Cristóbal
Colón es un buen ejemplo de esto: cambió espejos por
oro. Si el trueque fuera igual a la economía de equivalencias,
entonces Colón hubiera sido un socialista del siglo XXI.
5.
Si la identificación del trueque con el intercambio justo es
falsa, entonces: ¿Qué es lo que determina la justicia
del intercambio? Para resolver esta incógnita hay que
determinar primero, cuando un intercambio es “justo”. Podemos
decir, que un intercambio es justo, cuando ninguna de las personas
que participan en él, es explotada. Esta condición
---ausencia de explotación--- se cumple, cuando en el
intercambio se entregan exclusivamente esfuerzos laborales iguales.
Esos esfuerzos, medidos en tiempo, se llaman en la economía
política “valores”. Objetivamente justo es un intercambio,
por lo tanto, cuando todos los participantes se quedan al final de
las transacciones con valores (esfuerzos) iguales o equivalentes.
6.
Lo que determina la justicia de un intercambio no son, por
consiguiente, las formas de
pago, sino los términos de intercambio
(terms of trade, T.o.T.), ya
identificados por Adam Smith para el comercio internacional como el
intercambio de volúmenes o
cuantidades de trabajo concretizado.
7.
En conclusión: Para que el intercambio, en cualquier momento
de la historia y en cualquier tipo de economía, sea justo, es
imprescindible que existan dos condiciones: 1. los sujetos económicos
que realizan el intercambio, necesitan conocer
el valor objetivo (tiempo incorporado) de cada producto/servicio; 2.
tiene que haber un poder real (Estado, ética, control público)
que garantiza el cambio de equivalentes, es decir, valores o, lo que
es lo mismo, esfuerzos laborales cuantitativamente iguales.
8.
Crear sustitutos monetarios locales (scrip)
o volver a la economía natural (trueque), para escaparle a las
maldades de la crematística es, hoy día, una propuesta
feudal que no tiene sentido: a) porque no resuelve los dos
prerequisitos funcionales de la justicia expuestos en el punto
anterior, y b) porque genera un problema adicional de conversión
del equivalente general “dinero”, debido a que la comunidad tiene
que adquirir gran parte de sus productos (electricidad, energía,
medicamentos, transporte, ropa, etc.) en el mercado
nacional-internacional que opera con la moneda oficial y en
dólares/euros. Puede ser bien intencionada la idea, pero no
sale de lo que en ciencias económicas se llama la “ilusión
monetaria".
9.
En la crematística, el intercambio se realiza vía el
precio, no el valor. Esto es así porque el precio es la
expresión del poder de cada sujeto económico en
las esferas de circulación (mercados). El más poderoso
determina el precio, que, a su vez, es el instrumento de apropiación
del excedente económico. En una sociedad de clase el poder
está en manos de las elites dominantes. Quitarles el sistema
del precio mediante el sistema del valor, significa quitarles su
mecanismo de acumulación del capital y, en consecuencia, su
existencia como clase dominante. La derecha ha entendido esto, la
“izquierda” sectaria y dogmática no, y el
socialoportunismo evade el debate.
10.
El primer paso decisivo hacia la sociedad postcapitalista es éste.
Ni ideas románticas, ni desconocimientos económicos, ni
maniobras confusionistas de la derecha o del sectarismo deben desviar
el gran avance del Socialismo del Siglo XXI, ahora que el concepto ha
sido aceptado como valor positivo por las mayorías en
Venezuela, Ecuador y Bolivia y que puede convertirse en la nueva
fuerza telúrica mundial que fue el Socialismo histórico
en su momento.