(Parte final preliminar... por ahora)

El Marxismo-Leninismo como falacia revolucionaria (IV). Del Estalinismo burocrático al pluralismo socialista

“El aparato monopoliza y concentra la información programadora de toda la cibernética social. Dispone de una memoria histórica y manipula de forma desvergonzada la historia pasada, sobre todo la de su propio pasado. Dispone del Verdadero saber y de la Ciencia total (materialismo dialéctico y materialismo histórico). Dispone de la computación suprema. Dispone de todos los medios de ejecución. Genera/regenera la sociedad piramidal y se auto-reproduce al reproducir la jerarquía desigualitaria. Dispone, pues, de todo lo que produce la auto-producción, la auto-regulación, la auto-perpetuación de la organización totalitaria que el mismo ha instaurado”.

(Edgar Morin. Que es el totalitarismo. Sobre la naturaleza de la URSS.) 

     Hay corrientes que proponen incluir el marxismo-leninismo como una suerte de patrimonio ideológico del Socialismo del siglo XXI. Lo que censuran estas corrientes, es que el marxismo-leninismo es una falacia revolucionaria, y que nos retrotrae automáticamente a la mentalización de aparato del estalinismo-burocrático. El marxismo-leninismo se ha convertido, adicionalmente, en una fraseología seudo-revolucionaria, en una fraseología que repite consignas revolucionarias sin tener en cuenta la dinámica de las condiciones objetivas y subjetivas, sin tomar en consideración las correlaciones de fuerzas y el contenido de las luchas sociales y políticas, en un momento histórico determinado.  

     El marxismo-leninismo tiene una historia, y esta historia está atada al estalinismo-burocrático de cabo a rabo. No se puede enterrar la cabeza en la tierra como avestruces, y evadir las verdades históricas. O se asume la crítica al fracaso del socialismo histórico del siglo XX, directamente vinculado al estalinismo-burocrático o se repetirá lo peor del Imaginario Socialista: el Colectivismo Oligárquico de la Nomenklatura.  Las consignas marxistas-leninistas pueden aparentar ser retóricamente impecables, radicalmente brillantes, exaltan los ánimos y pasiones, pero carecen de fundamentos, de premisas históricas reales, esa es la esencia de la fraseología seudo-revolucionaria.

     Frente a este peligrosa tendencia, hemos justificado que más que imponer una doctrina única o un marxismo-leninismo inventado por Stalin en el debate sobre el ideario filosófico-político del la unidad orgánica de las fuerzas revolucionarias, hay que valorar los aportes del pensamiento originario liberador de Nuestra América y los saberes contra-hegemónicos, que han sabido recrear los aportes de las corrientes de pensamientos socialistas sin imitaciones ni recetas.  En Nuestra América existen múltiples referencias críticas que pueden fecundar las bases del ideario revolucionario, anticolonial y antiimperialista:

“Ahí esta Bolívar en el cielo de América, sentado aún en la Roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies. Ahí está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejo hecho, sin hacer  está hoy. Porque Bolívar tiene que hacer en América todavía.” (José Martí)

Si no se comprende la fuerza moral del pensamiento y acción de Simón Bolívar, poco se comprenderá el llamado a la independencia real de Nuestra América de las cadenas imperiales y transnacionales que atan su autodeterminación política, económica, social y cultural. La revolución bolivariana ha definido un camino de la transición al Nuevo Socialismo del siglo XXI. Son los aportes diversos alrededor del nuevo socialismo del siglo XXI los que decantarán una estrategia compartida de acción política.

La crisis de todos los pensamientos únicos es un dato brutal de la realidad histórica contemporánea. El mundo contemporáneo palpita de luchas por la diversidad e interculturalidad, de reconocimiento de círculos civilizatorios, culturales y nacionales plurales como para recaer en una forma extrema de euro-centrismo, como lo fue la concepción tecnocrática y productivista del estalinismo-burocrático. Hay un inmenso campo de apertura, creación y experimentación para el pensamiento crítico y los saberes contra-hegemónicos. Son los programas de investigación-acción configurados desde diversos pensamientos liberadores lo que generarán las bases teóricas para concebir y poner en práctica la estrategia revolucionaria adecuada para enfrentarse al dominio imperialista a escala mundial. El ideario bolivariano aportará su grano de arena en este esfuerzo por recrear alternativas: otro mundo es posible.  

“¿Dónde iremos a buscar modelos?. La América Española es original. Originales han de ser sus instituciones y Gobierno. Y originales los medios de fundar otras. O inventamos o erramos.” (Simón Rodríguez) 

Algunos ríen socarronamente cuando escuchan hablar del Nuevo Socialismo del siglo XXI, y suponen que una fidelidad a los dogmas aclararía la situación. Sin embargo, los dogmas han caído, los aparatos de terror que los mantenían han hecho aguas, el pueblo organizado se ha ido quitando una a una las cadenas mentales de la derecha y de la izquierda colonial, y plantea una corriente histórico-social de resistencia, impugnación y esperanza. La recuperación de la memoria histórica de las luchas nacional-populares ha generado las premisas de un sujeto indo-afro-latinoamericano para la liberación. El análisis de clases es indispensable, pero es insuficiente. No se trata exclusivamente de clases, se trata de un sujeto popular, nacional, pluricultural, multiétnico, revolucionario. 

No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una generación nueva. ( José Carlos Mariategui) 

Así mismo, las nuevas subjetivaciones revolucionarias intuyen que el Socialismo de Estado, liquida la democracia revolucionaria, participativa y protagónica. El estalinismo-burocrático es el mayor ejemplo de estadolatria en los términos de Gramsci. No es reforzando la matriz estado-céntrica y su patrón de politización que se profundizará la democracia, generando una superación de los modelos elitarios (mas bien oligárquico) de democracia representativa. 

“Posiblemente el último combate estallará en el porvenir bajo el signo de la siguiente proclama: o la democracia socialista, o el Socialismo de Estado”. Wilheim Liebknecht (1892)

Democracia socialista implica participación, protagonismo y auto-emancipación del poder popular. Es desde nuestro pensamiento socialista, sin calcos ni copias, desde una apropiación creativa y crítica de las fuentes teóricas de la tradición socialista mundial, y específicamente de los pueblos-naciones sometidos al coloniaje, desde donde es posible fundar una base teórica, crítica y diversa, adecuada a las experiencias y procesos específicos de nuestros pueblos. Otra vía sería desconocer que la emancipación del pueblo será obra del mismo pueblo. Nada más y nada menos que la conjunción del poder popular y los saberes contra-hegemónicos.

Es incontestable que la cuna del estalinismo-burocrático surgió como una tendencia dentro del Partido bolchevique después de la guerra civil en la Unión Soviética, y logró la hegemonía dentro del partido a través de una serie de trágicas luchas internas, consiguiendo el control absoluto en 1928-29. El marxismo-leninismo censuró y reprimió desde entonces la diversidad de pensamientos liberadores, erigiéndose en la Verdad infalible. Si hay algo que reivindicar del desarrollo de las ciencias y los saberes liberadores es precisamente su apertura a las razones falibles y críticas. Nada de dogmatismos, ni determinismos, ni mecanicismo, ni simplificaciones, una verdadera revolución del pensamiento y de la educación liberadora.

La problemática de estalinismo-burocrático es la de sedimentar fuentes de legitimación, acreditar sus decisiones y su estrategia de poder, a través de operaciones ideológico-políticas. No se trata de fecundar el pensamiento crítico, diferencialista, sino de homogeneizar prejuicios y cancelar la cultura de debate. Es una doctrina para reforzar la sumisión ideológica.

Pues a diferencia del marxismo-leninismo, Marx  planteó un programa de investigación-acción desde una crítica radical al modo de producción del saber/conocimiento dominante. Despojo del aura de indeterminación socio-histórica a las premisas del pensamiento liberal-burgués, desmontando su formalismo, sus abstracciones indeterminadas y su universalismo. Provocó entonces un acontecimiento, una apertura, un nuevo horizonte de interpretación tanto histórico, como ético-político, como teórico-crítico. Una revolución paradigmática, un pensamiento divergente, no una ciencia normal o una iteración interpretativa. Nada de consuelo para identidades ansiosas de certezas, más bien una revolución cognitiva y la lucha por la soberanía cognitiva para la auto-emancipación de las clases oprimidas. También en el campo del poder simbólico se ejercen luchas, despojos, explotaciones y apropiaciones. Es precisamente el marxismo-leninismo el poder simbólico de la casta burocrática dominante en el partido-aparato, la lengua legítima y el saber/poder para manipular la información.

“La Verdad de la Salvación inscrita en las escrituras científicas se llamará en adelante marxismo-leninismo. Es la doctrina estaliniana, poco marxista y poco leninista, la que se apropia exclusivamente de Marx, Lenin, la Revolución, el Socialismo, y hace de Moscú no ya únicamente la ciudadela, sino la Meca de la Humanidad revolucionaria. Esta formidable transformación mítico-religiosa se operó durante el primer estalinismo, particularmente en los años 1924-1930.”(Edgar Morin; ¿Qué es el totalitarismo?  De la naturaleza de la URSS)

Evidenciado el engaño, el fraude, la mentira que justificó el GULAG y la Nomenclatura, que violentó abiertamente el derecho a la vida, el derecho de asociación, de huelga, que censuró y reprimió violentamente la reflexión crítica, la libertad de pensamiento y la praxis revolucionaria en el terreno de la construcción del socialismo a escala humana. ¿Puede silenciarse la impostura del marxismo-leninismo en el nuevo socialismo del siglo XXI?.

En nombre de un “Estado Socialista” se liquidaron los derechos de la propia clase trabajadora, y el pueblo fue una entelequia manipulada por el aparato para reproducir su lógica de dominio. Al hacerle propaganda a la codificación estalinista del marxismo y del leninismo como si fuese el “verdadero marxismo” y el “verdadero leninismo” se realizó uno de los más gigantescos fraudes intelectuales de la humanidad.  ¿Cuál fue la mentira? Suponer que la renovación de los planteamientos de Marx y de Lenin, dependían de Stalin y exclusivamente de Stalin, para mantener un sistema de creencias cuya validez se soporta en la apelación infalible a la autoridad del partido-aparato, cultivando la sumisión y la dependencia hacia un canon infalible de interpretación histórica. ¿Quién puede argumentar con consistencia hoy que el marxismo-leninismo puede orientar un proceso de liberación nacional-popular?

La supresión del pluralismo de tendencias, corrientes, pensamientos críticos, de la diversidad social, de democracia es un rasgo central del marxismo-leninismo. Una superación consecuente del dogmatismo estalinista-burocrático y del absolutismo doctrinario de la presunta “línea general” del partido-aparato permitirá recrear la democracia socialista en el seno de una organización socialista. La renuncia radical a la reivindicación fraudulenta de infalibilidad y totalidad de un canon sacrosanto custodiado por el partido-aparato implica la legitimación de la crítica radical y la cultura de debate en el seno de una organización socialista, crítica radical que asume el respeto por las opiniones divergentes y el diálogo de saberes. Hay que cuestionar radicalmente una pedagogía domesticadora del opresor, del domesticador, del centinela ideológico. El nuevo Socialismo del siglo XXI debe plantear una crítica radical a cualquier figura del Socialismo orwelliano. 

En el nuevo socialismo del siglo XXI, tiene que existir una conexión indisoluble entre autogestión, democracia participativa, propiedad social y desaparición progresiva de la enajenación económica, social, política, psicológica y cultural. Por pluralismo socialista puede comprenderse en el nuevo socialismo la existencia de una multiplicidad de sujetos en la vida política, la participación activa de la ciudadanía social y pluricultural, la radicalización de la democracia y la desconcentración del poder social. El pluralismo socialista es un concepto de lucha contra la omnipotencia de la estadolatria, contra el centralismo burocrático en las organizaciones partidistas, la lucha por la construcción de una volunta colectiva nacional-popular, diversa, abierta y liberadora; donde se fecunde la iniciativa, la crítica, la opinión diferenciada y la asunción de conflictos no antagónicos en el seno del pueblo. La explosión del poder popular en la forma de consejos territoriales, sectoriales y sociales es la explosión radical de la democracia socialista. 

En fin, el pluralismo socialista implica la exigencia de una radicalización de los derechos humanos, optando menos por el universalismo abstracto y más por la justicia y dignidad de las victimas de los sistemas de opresión, la lucha simultánea por la libertad personal y la liberación social, la pluralidad e igualdad democráticas en el sistema político y económico, el respeto a la diversidad de caminos de transición de acuerdo al principio de soberanía nacional, una pluralidad de modelos y estilos de socialismo, que dependen de las tradiciones y particularidades histórico-culturales. En fin se trata de un nuevo humanismo eco-socialista, pluricultural y liberador.

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