Camarada Pepe: hay una cuestión que debe examinarse,
en relación al tipo de comodidades que el socialismo debe proporcionar a toda
la población, porque las comodidades de la clase media capitalista no son
socializables, me refiero al automóvil y la casa, principalmente, pero seguro
que hay muchas otras comodidades que solamente pueden proveerse para la minoría
de la población que en las sociedades capitalistas constituye la llamada clase
media. Doy un ejemplo: los obreros de la construcción, durante su vida,
construyen muchas casas para la clase media, digamos profesores universitarios,
y lo más probable es que ellos mismos vivan en un rancho o en una casa muy
humilde. Generalicemos el razonamiento: el modelo de vivienda de la clase media
del capitalismo no se puede masificar, porque los sistemas constructivos
capitalitas responden a criterios clasistas, es decir, el capitalismo
desarrolla una arquitectura y una construcción clasistas, orientadas a
satisfacer las necesidades de las minorías con poder económico. La vivienda
popular sí se puede masificar, de modo que el sistema constructivo del
socialismo debería tomar como base la arquitectura de los barrios y los campos
y no la de las urbanizaciones. Por eso fracasan los planes masivos de vivienda
de los países socialistas, porque toman como modelo el sistema capitalista. Y
fracasan no solamente en construir la cantidad necesaria, también fracasan en
proporcionar viviendas apropiadas a las necesidades humanas, es decir, de
calidad. Claro que si nosotros consideramos de calidad lo que tiene la clase
media, es necesario revisar el patrón de valores que tenemos, pues está
penetrado por la ideología burguesa.
El tema del transporte es más ilustrativo en este
caso. El automóvil individual o familiar es una de las mayores aberraciones que
ha producido el capitalismo. Lo ha demostrado hasta la saciedad Iván Ilich, en
un librito magistral y poco difundido: Energía y equidad. Una tecnología que
busca, supuestamente, transportar rápida y eficientemente a las personas,
terminó siendo la peor opción. Chávez lo explicó gráficamente hace poco: se
llega más rápido caminando, en ciertos trayectos de Caracas, que en automóvil
por la autopista y generalmente cada carro lleva a una sola persona. Sin entrar
en el pavoroso problema ambiental generado por el sistema automovilístico.
Ilich dice, si no recuerdo mal, que si el uso del automóvil familiar se
extiende en China, la catástrofe ecológica será monstruosa.
Creo que en ese interesante debate que usted abrió en
Aporrea, se ha saltado un paso al plantear la cuestión de las comodidades
socialistas, pues no podemos adoptar acríticamente las soluciones capitalistas
a la satisfacción de las necesidades sociales, pues dichas soluciones están
teñidas del carácter clasista del capitalismo. El capitalismo no se dedica a
atender las necesidades sociales, sino las necesidades de quienes tienen el
poder adquisitivo suficiente o, más bien, holgado, sin importarle el estado en
que se encuentren las mayorías trabajadoras, aquellas que con su trabajo están
encadenadas a proporcionarle comodidades a las minorías, a costa de su propio
bienestar.
Para ponerlo en términos crudos y provocadores: el
rancho y la bicicleta son socialistas, la quinta y el automóvil son
capitalistas. El mismo Ilich dice que los gobernantes socialistas no se
transportan en jet sino en bicicleta. Esta afirmación nos llama a revisar bien
lo que estamos haciendo para construir el socialismo y lo que proponemos como
modelo de sociedad socialista. Es posible ir mejorando el rancho hasta
convertirlo en el tipo de vivienda apropiado para el socialismo, es decir, para
que todo el mundo tenga vivienda, autoconstruida, automejorada y
autoconservada; pero es imposible masificar el tipo de vivienda capitalista,
porque es, por definición, un tipo de vivienda para minorías, que exige
sacrificar la satisfacción masiva de esta necesidad, es decir, que condena a
los trabajadores de la construcción a pasarse la vida haciéndole las casas a la
pequeña burguesía y a los ricos, mientras ellos viven precariamente.
Socialismo es, en mi opinión, elevar el bienestar
desde las condiciones de los pobres y no pretender masificar los privilegios de
las clases medias y los ricos. Para aceptar esto se requiere una visión crítica
del tipo de comodidades que ha creado el capitalismo, pues son comodidades
definidas para la ganancia, para el mercado, para la concentración de capital,
nunca para la felicidad ni el bienestar del pueblo. Que la clase media
considere que está cómoda es una señal de alienación, por lo demás fácil de
refutar, si se toma en cuenta la cantidad de señales de infelicidad que se
consiguen en la familia pequeñoburguesa: disolución, depresión, etc.
De aquí podemos pasar a revisar críticamente otros
productos del capitalismo: la medicina, la agricultura, la alimentación… El
sistema agrícola capitalista no resuelve el problema de producir alimentos para
todos, el sistema campesino sí. La medicina capitalista no resuelve el problema
de salud colectivo, las medicinas tradicionales sí. La alimentación capitalista
enferma a la población, pero es un gran negocio; debemos modificar los patrones
alimentarios, idear el sistema de alimentación del socialismo. En el fondo,
esto significa revolucionar el régimen de necesidades, lograr que se
manifiesten las necesidades realmente sociales y producir los bienes, también
sociales, que las satisfagan. Para ello, lo peor que podemos hacer es tomar
como patrón las soluciones que ha engendrado el capitalismo.
No se me ocurre mejor manera de concluir esta
intervención en el debate, que recordar la frase de Gandhi relativa a que
tenemos los recursos para satisfacer las necesidades de todos, pero no la
codicia de unos pocos; o aquello de que rico no es el que más tiene sino el que
menos necesita. Revisemos, entonces, hasta qué punto el capitalismo nos ha
creado un sistema de necesidades perverso y destructivo, haciéndonos creer que
es riqueza.