Partiendo de esta máxima y sabiendo que
hoy más que nunca la defensa de nuestra soberanía y nuestras esperanzas que
están puestas en el desarrollo y profundización del proceso revolucionario bolivariano, radica en aumentar aún más los existentes lazos de
hermandad y organización que nos identifican como pueblo soberano e
indeclinable. Pero la organización no se
decreta, no se prefabrica, ni se tiene sólo en la idea; ella se empuja, se
construye día a día, en lo cotidiano, en
el debate y con la voluntad férrea de
cada ciudadano.
Digamos
más claro, hay una inmensa exigencia de nuestro pueblo y nuestro proceso a
construir aceleradamente instancias organizativas; desde las más embrionarias e
imperceptibles formas , hasta aquellas que son impulso visible de la
revolución. Pero la organización no puede ser pensada con fríos cálculos para acceder a cuotas de poder a partir de diferentes instancias
organizativas: cooperativas, sindicatos, asociaciones de vecinos, etc.
Organizarse hoy demanda reconocer las potencialidades que cada uno tiene para optar a cualquier
cargo de elección pública; pero mucho mas allá de eso, reconocer que cada
sujeto organizado es capaz de aportar desde su más minúscula forma organizativa
para la defensa del proceso y por consiguiente
el de la patria.
Hace
algunos días anunciamos una propuesta, que hoy cobra mayor pertinencia y fuerza
; muy a pesar de haber sido bombardeada por propios y extraños, las esquinas
calientes resurgen y se multiplican. Sin lugar a dudas las cuatro esquinas de
la plaza Bolívar de Caracas son escenarios para los conversatorios, el debate
productivo, para informarse y aún mejor se pueden convertir en centros de
formación política e ideológica, si algunos dejan aunque sea por un ratico, el
escritorio y las frías oficinas, para irse a los espacios libres a compartir y
a aportar; ahí también hace falta su concurso, en todas las plazas de nuestra
geografía, en las fabricas, los centros educativos y donde lo demande la
revolución
El Salto Adelante, lo demanda, lo exige el país
entero. Es también el momento de contribuir a formar la conciencia colectiva,
trabajar duro para que se materialice la verdadera democracia directa, la de
participación protagónica, la de conducir el proceso juntos, la de asumir conciente y organizadamente su
defensa en cualquiera de los espacios donde nos encontremos; en fin la de hacer
cumplir la contraloría social, los sueños de la mayoría, no los que están en la imaginación, si no los que están en el
proyecto de sociedad que nos hemos dado a través de nuestra Constitución
No
es el momento de descuidarnos , ni de confiarnos respirando aires de triunfalismo, es el
momento de permanecer alertas ante los enemigos; los de afuera y los de
adentro. Es el momento de prepararnos sin escatimar esfuerzos en todos los
terrenos; porque de lo contrario pueblo que no se organiza y se duerme lo jode
el imperialismo.