La Revolución en la administración pública (II)

En la primera parte de este artículo, nos referíamos a la situación intro en la administración pública, específicamente a la estructura y conformación mental de los gerentes que poco o nada ofrecen al proceso de transformaciones que ocurre en el país, y si hablamos de revolución o no en su seno, dando las razones para concluir que en verdad la revolución no ha llegado a la administración pública de manera gradual y sistemática, obedeciendo ello, al adolecimiento de un estado de conciencia institucional que conlleve a generar resultados acordes con el entorno político social que existe en el país.

En esta segunda parte, abordaremos el asunto desde el punto de vista de los recursos humanos en la administración pública nacional, regional, local y en los distintos organismos nacionales y regionales, es decir en todo aquello donde el Estado sea el patrón.

Podemos decir sin temor a equivocarnos que la matriz es casi estándar, pero en que consiste esa matriz, cómo está conformada, cuál es su alcance y resultados, pues bien, no es un secreto para nadie que la estabilidad laboral es uno de las causas digamos, genéticas de lo que sucede en la administración pública y en nuestro concepto uno de los paradigmas al parecer intocables que gravitan sobre ella. Porqué la calificamos de paradigma, sencillamente porque además de retroalimentarse bajo el chantaje no vitrinal de quienes continúan haciendo de las suyas bajo la etiqueta de técnicos y no políticos, se escudan en una coraza burocrática y ofrecen la solución pragmática a los directivos, llámense gerentes, directores, ministros, etc, etc, etc, es decir el “conocimiento” de la cosa pública, de los intríngulis de la gestión, vendiendo su mejor producto y verdolagueando su lealtad política inconmensurable.

La situación planteada anteriormente nos remite básicamente a los funcionarios de carrera entre los cuales muchos se convierten por necesidades del servicio en “imprescindibles”, no por culpa de ellos únicamente, sino por la complacencia automática de los superiores, porque les “ hacen falta”. De igual manera los hombres y mujeres de confianza de quienes se les da la responsabilidad de dirigir tal o cual dirección general, de línea y coordinadores(antes Jefe de División), no se les exige más allá de las cuatro paredes de su oficina. En nuestro concepto, es este el problema más agudo que presenta la administración pública venezolana, y si a esto agregamos los tinglados propios del devenir gestional y el ámbito de la corrupción, podríamos decir entonces, que en realidad hace falta una verdadera revolución en la administración que coadyuve a llevar la revolución bolivariana a su seno, más allá de las implicaciones administrativas y funcionales.

A objeto de ilustrar lo anterior, pondremos un solo ejemplo que por sus características, importancia y poder de decisión sobreviene de la gestión, tomaremos el caso de los jefes o jefas de la planificación, quienes entre sus funciones está la de llevar a cabo el cumplimiento sistemático y eficiente de las políticas de cada ente, por lo general quienes ostentan estos cargos vienen con experiencia en el mismo u otro organismo público, además tienen bajo su responsabilidad el consecuente cumplimiento del presupuesto por proyectos, instancia vital de la presente administración, dados los parámetros sociales a cumplir, pues bien, la mayoría de ellos y ellas, traen unas especiales de gringolas cuartorepublicanas, que no les permite en el mejor de los casos, ver el entorno de una política específica en cada organismo, lo grave de esto, es la ausencia casi absoluta de seguimiento, control y evaluación de las metas y objetivos trazados, ante lo cual reiteradamente quienes ejercen estas competencias de planificación se oponen (porque es su función?), al funcionamiento y en algunos casos a la constitución que por ley corresponde de las unidades de seguimiento y control no fiscales. Este sólo ejemplo es realmente elocuente de lo que pasa en la administración pública y es causa y efecto del poco rendimiento en los resultados y en muchos casos de la baja utilización de los recursos (porcentaje de gastos causados).

Otro caso patético es el las adquisiciones y suministros y los cansados pero no desmayantes comité de licitaciones, donde un altísimo porcentaje de decisiones es por la vía de la adjudicación directa, previa la declaración de desierta la licitación, la Ley al respecto debe ser mas estricta y reducir la discrecionalidad imperante, uno de los problemas más álgidos en la Administración Pública Nacional. Como todas las cosas que suceden, el seguimiento y control y el papel de las Auditorías Internas ha sido hasta ahora un saludo a la bandera, la complicidad automática y el silencio administrativo son las herramientas más efectivas para continuar con lo mismo de siempre, es decir abonando el terreno de las irregularidades recurrentes.

En verdad cuando se escribe de estas cosas, pasan por la mente los sinsabores de los regimenes adeco copeyanos en esta materia, el nivel de atropello a quienes se oponían a los criterios recurrentes de directivos en el manejo de los recursos y sobre todo la falaz política de personal instaurada bajo la figura discriminatoria del carnet, en los actuales momentos lo del carnet parece ser cosa del pasado, funcionando en muchas partes la famosa lista pero al revés, es decir no existe una política sana en la conservación de los recursos humanos desde el punto de vista del conocimiento y compromiso adquirido con esta revolución y eso está sucediendo a pesar de los pesares.

Por último, y a manera de consuelo, creemos necesario que en la mayoría de organismos públicos de antigua data o recientemente creados, se aplique de manera didáctica e institucional una herramienta de la planificación estratégica que permita visualizar el todo, estamos hablando de la matriz funcional FODA en todas sus formulaciones, la situación actual permite o le da placet a la aplicación de la misma con la finalidad inaudible de conocer las debilidades, fortalezas, oportunidades y amenazas como argumento y diagnóstico para enderezar lo que la inercia está produciendo, es tiempo y recursos que hay que ahorrar, eso por una parte, y luego hay que inventar los procedimientos gerenciales que permitan detectar si en verdad se desea los reales y verdaderos focos de infección en cada organismo, esta tarea corresponde a los ministros, presidentes de institutos, directores y todo aquel que tenga cuotas de responsabilidad en la administración de la cosa pública, hay que tirar la primera piedra, luego la segunda y así sucesivamente hasta reducir al mínimo los niveles de enriquecimiento en los gerentes y uno que otro subalterno que ostente y se le exija comprobaciones afines a sus ingresos, la contraloría social bien orientada y bajo apoyo institucional y legal pueden hacer este trabajo, esto sería el comienzo de la revolución en el seno de la administración pública nacional



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