"El arado y el mar"

Las enseñanzas del Comandante, el que tenga oídos que oiga

Es frecuente oír hablar de la herencia material del Comandante, es verdad que fue importante y mucha, se menciona la lista de logros materiales y con la misma frecuencia se olvidan las enseñanzas espirituales y políticas que son esencia del pensamiento chavista, su aporte inmenso a la teoría y práctica de la Revolución, de la redención del humano.

En el alma del Comandante anidaba firme el precepto cristiano “no sólo de pan vive el hombre”; era un militar y también un poeta, un hombre espiritual. Atendió las necesidades materiales de la población, pero sabía que el destino de la Revolución, del país, del planeta iba a depender de lo espiritual. La primera Misión que se planteó en el gobierno fue traer a los humildes desde la prehistoria a la historia, erradicó el analfabetismo con la Misión Robinson, después con la Misión lectura y las bibliotecas populares, les abrió las puertas de la cultura universal, les posibilitó salir del mezquino entorno y subir a los hombros del pensamiento de los mejores hombres de la humanidad, construyó así una conexión amorosa inmortal con el alma de los humildes. “Ser cultos para ser libres”, estas palabras que nos llegaron a través de la Revolución Cubana guiaban al Comandante, su preocupación por el estudio, por la lectura es legendaria, su “Aló Teórico” constituye cátedra universal, difícil conseguir en la historia de la docencia mundial  un  auditorio mayor al que tuvo ese esfuerzo de enseñanza.

Pero fue en su práctica, en su obra donde estuvieron las mayores enseñanzas del Comandante.

La primero fue enseñarnos el valor de la verdad, aun reconociendo errores, aun aceptando fracasos. El 4 de Febrero fue una cátedra de ética revolucionaria; luego, cuando acepta que había sido un pendejo creyendo en la tercera vía, en las buenas intenciones de la burguesía nos daba una lección de la humildad indispensable para un líder y daba una clase magistral del valor de la rectificación y la crítica.

Toda su acción vital está signada por “profundos sentimientos de amor”, haciendo buenas las palabras de Cristo supo perdonar, así se une al Che Guevara en el sitial de los hombres del futuro. Nos decía con su conducta que sólo apoyados en una nueva ética se podía hacer Revolución, o mejor, que la Revolución es en esencia un cambio de ética. No persiguió a nadie, al contrario, dio muestras de magnanimidad que asombró al mundo, recordemos el perdón a aquellos paramilitares, o el trato siempre respetuoso que tuvo para los que se alejaron de su gobierno, o para los líderes guerrilleros que lo adversaron.

Muchas enseñanzas surgen de la vida de este líder, pero en la página de las más importantes se escribirá que nos enseñó que la Revolución siempre es posible: cuando el cielo se cerraba sobre toda esperanza, el Comandante se levantó y le gritó al mundo que el Socialismo no es una pasión inútil, que es posible un nuevo mundo, que el capitalismo es derrotable, y de esa derrota depende la existencia de la vida. Siempre hay condiciones para la Revolución.

La obra de un hombre como este no puede ser deformada, borrada, está anclada en el corazón de los humildes, en el espíritu de los pobres de la tierra, allí junto a Bolívar, Zamora, Martí, Fidel, el Che, Marx, Rosa, León y tantos más, forma parte del sagrado destacamento espiritual que guiará los próximos brotes revolucionarios de la humanidad.


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