Las tetas de Jesús Silva

En estos ásperos tiempos de carestía y amenaza, cuando la derecha está dispuesta a hundir el barco para salir del capitán, cae bien un tema al mismo fresco y tibio como los senos femeninos. Nunca me hubiera atrevido a teorizar sobre algo sobre lo que mi en memoria y conocimiento es, para ser exacto, deliciosamente superficial, si no hubiera sido por dos artículos del inefable Jesús Silva (el "marxista" pitiyanqui certificado de la Embajada de Estados Unidos) sobre los implantes mamarios de silicona.

En su profunda sabiduría teórica, no contaminada por la práctica ni la variedad ("no fumo, no bebo licor, nunca he usado estupefacientes, no tengo ningún vicio, vivo en matrimonio estable, soy padre de familia y no tengo antecedentes penales") Silva nos aclara que tener o no tetas de silicona no cambia la posición política de la mujer...revelación por la cual la revolución mundial y el socialismo le quedarán eternamente agradecidos. De hecho, Jesús Silva parece que padece fijación mamaria, a juzgar por la publicidad que él mismo se hace:https://t.co/11XqvZw9bQ. Dejemos ahí, vapuleado entre capitalismo y comunismo a ese gran hombre, a ver si en el seno caritativo de alguna desafortunada mujer recibe la iluminación que el derecho y su ordenada vida le han negado. No juzguemos al hombre por sus gustos pues, parafraseando al pueblo: "el que nunca tuvo senos y senos llega a tener, le parecen una gran cosa los seños de esa mujer".

Yo formo parte de la generación del 45 (y de la Colt .45), que no tenía porno ni cine osado y sólo veía tetas bien avanzada la adolescencia, pero con la suerte, gracias al exilio adeco de mis padres, de un año de niñez en África que me curó de esa tan católica laguna sobre la dulce anatomía femenina. Y me sabía de memoria el poema de Andrés Eloy Blanco sobre 'La vaca blanca' que alimenta al recién nacido

"Tuvo hambre. Yo anduve de covacha en covacha / comprándole su leche al niño ajeno; / cada vez que encontraba una muchacha, / con cierta gula le miraba el seno.

Había seis mujeres: / eran cinco doncellas y una vieja arrugada; / eran diez pechos para los placeres / y dos que no servían para nada."

Y luego la historia de la copa de champaña modelada, por orden de Enrique II de Francia, sobre un seno de Diana de Poitiers (los ingleses que saben poco de...champaña, disputan esta versión) y aquella famosa anécdota de una célebre Madama de la aristocracia francesa que dijo que el tamaño ideal de un seno femenino era el que cabía "en la mano de un hombre decente"...vaya usted a saber.

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Leo en 'Taringa', "Historia del pecho": "Durante la Edad Media la mujer más honrada era la de trece o catorce años. A esa edad se casaba, concebía un hijo, y probablemente moría a los veinticinco años, de modo que los senos más atractivos eran los pequeños. Eso es evidente en las imágenes y en la poesía del Medioevo. Cuando el promedio de vida se extiende y el acento comienza a ponerse ya no en la esfera espiritual sino en la material -tal es el caso del Renacimiento- el ideal de mujer cambia y se impone la moda de los pechos grandes. En el siglo XX hemos tenido breves períodos en los que estuvieron de moda los senos pequeños: uno de ellos fue la década del ´20, y otro fue el de las postrimerías de la década del ´60, cuando se impuso la moda unisex al amparo del modelo de Twiggy."

Desde mi modesta ignorancia digo que hoy tienen los senos tres funciones básicas, dos clásicas: 1°) la erótica-erógena dependiendo del punto de vista del hombre o la mujer, y 2°) la materna, como 'glándulas mamarias'; y una actual: 3°) la publicitaria, que forma parte de las armas de la seducción deseante ("o no-deseante" Britto García dixit) en la reñida "competencia" de la belleza femenina en un país de jóvenes como el nuestro.

Positivo que las mujeres no se resignen a las funciones y formas que la naturaleza dio a su cuerpo, que decidan transformarlo para el fin que quieran atribuirle y atribuirse. Negativo que en el espectáculo, y su dependiente mercado de la cirugía estética, domine la vieja adoración industrial gringa por la cantidad, que ha reducido la oferta a grandes, más grandes y grandísimas. El catálogo general de los implantes mamarios no contempla la forma y, por lo general, ni siquiera la maravillosa y sutil diferencia de tamaño entre los senos, que permite diferenciarlos, nombrarlos, y les da personalidades diferente más acá de "izquierda y derecha". En el mundo de los implantes, la infinita y deliciosa variedad se pierde en un universo de símiles sólo diferenciados por el centimetraje cúbico.

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Recuerdo unas torpes vallas publicitarias (de whisky creo) que decían "No importa que sean falsas si uno lo sabe"... que le hacían un flaco favor a las mujeres, porque la modificación no las hace falsas, ni más verdaderas, y en materia de seducción hay tantas variantes que nunca está de más recordar aquello de "la suerte de la fea la bonita la desea", si estamos consientes que el poeta dijo: "la fealdad es la belleza en reposo".

Y aquí debe concluir mi atrevimiento, de entrar sin invitación en terreno femenino, citando a Shakespeare para hacerme perdonar: "Recíbeme en tu seno amantísimo, oh tú, mi mejor cielo en perspectiva". Amén.

 

 

 

 


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Eduardo Rothe


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