"El arado y el mar"

Ninguna acción revolucionaria se pierde, sólo se acumula

La rebeldía revolucionaria es un río cuyo origen se pierde en los abismos de la historia. Quizá nació junto con el surgimiento de la propiedad privada o como resistencia al aparecimiento de la propiedad privada de la tierra, de los hombres sobre otros hombres, de la esclavitud; seguro, junto al primer esclavo surgió el primer revolucionario. El río revolucionario es uno solo, toda acción rebelde es su afluente, lo nutre, lo fortalece; ninguna, por pequeña que fuere, por insignificante que parezca, se pierde ni deja de ser útil a la gran causa de la redención humana. Toda acción revolucionaria produce una onda, una ola que se enlaza con otras olas futuras confiriéndoles movimiento al espíritu rebelde.

Aquí entre nosotros, en esta época histórica podemos intentar seguir este movimiento construyendo un muy preliminar y, por supuesto, incompleto esquema. Todo comenzaría con  una ola, una onda expansiva que estalla en el silencio sepulcral de San Pedro Alejandrino, con aquella proclama del Libertador: “Colombianos, han abusado de vuestra credulidad”. Claro que podríamos situar el comienzo más profundo y tendríamos otra ola con José Leonardo, con Guaicaipuro, y más atrás con Tupac. Pero, la nuestra podemos comenzarla con Bolívar y no estaríamos cometiendo anatema. Se continúa con Zamora, es recogida por el Apóstol Martí, sigue cabalgando en la generación del 28, con Sandino, Carlos Aponte, Antonio Guiteras, Gustavo Machado, Julio Antonio Mella, y culmina una primera etapa con la “Generación del Centenario” del Apóstol, con el Asalto al Moncada, el Granma, la Sierra, Fidel, y tiene una fuerte repercusión en el continente y en el mundo. Esta ola, que podríamos llamar americana, se encuentra con la ola europea que comienza con la Comuna de París, cuando el proletariado alza su puño y entra al mundo político por la puerta grande, y culmina con la Revolución de los Soviets, con Lenin, con Trotsky.

Chávez cabalga estas dos olas y les da continuidad, consigue fundir en un solo anhelo la prédica de Cristo de “amar los unos a los otros”, con la proclama de Marx de “Proletarios del mundo, uníos”, todo dentro del humanismo bolivariano destacado en la presentación de la Constitución de Bolivia. Es así, Chávez es la conclusión de aquella ola que tiene su expresión más acabada en la Revolución Cubana, y a su vez es el inicio de otra onda expansiva que comienza con la presentación del Plan de la Patria en el Consejo Nacional Electoral.

Esta ola comienza enfrentándose a la desviación socialdemócrata que capturó a la Revolución y la desvió al capitalismo. En esta lucha está amolando su teoría, depurando sus filas, construyendo en las catacumbas una vanguardia que se nutre de la experiencia de la Revolución Chavista, cabalga el espíritu libertario del 4 de Febrero, aprende en silencio, desecha teorías anarcoides y populistas, comprueba lo dañino del reformismo, y espera su momento para irrumpir.

No hay que perder la esperanza, hoy, ahora estamos siendo parte, aun sin percibirlo, de un amanecer revolucionario que puede darse mañana o dentro de cien años, no sabemos. De lo que sí estamos seguros es que lo que hoy hagamos, la firmeza de hoy, la rebeldía de hoy será parte importante de lo que suceda en el futuro. Podemos afirmar, sin pecar de pedantería, que el futuro estará fuertemente influenciado por lo que hoy digan y hagan los revolucionarios.


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Toby Valderrama y Antonio Aponte


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