Si mi abuelita tuviese ruedas, fuese bicicleta




Contra toda lógica me atrevo a afirmar lo siguiente: si el gobernador Díaz Orellana hubiese destinado a los barrios merideños lo que gastó en el plan de emergencia en que convirtió a Cormetur, en obras desatinadas como las fuentes de parques, la plaza de la trucha y la manga de coleo, y en tarimas feriales, francachelas y otras formas de circo degradante, en burocracia innecesaria e inútil, jamás se hubiese perdido el municipio Libertador y mucho menos las elecciones de octubre.

Contra toda lógica algo que pudo suceder, porque no era que el fulano gobernador fuese salta talanqueras, ni malintencionado, sino que su cabecita ideologizada no le daba para más, no le daba para superar un concepto extraviado de turismo que lo llevó a desnaturalizar la inversión de los recursos que le tocó administrar, comportándose como cualquier gobernador de derecha y llevando palo parejo de quienes percibían lo alejado del pueblo y de los preceptos elementales del socialismo que fue su administración. Hay que recordar que las clases no son malas ni buenas en sí, ni mal intencionadas, sino que identifican lo que les favorece como clase con la conveniencia de los demás, actuando en consecuencia.

Más grave aún, el ornato de la ciudad a la que dedicó Díaz O. desmesurados esfuerzos –recursos– es una atribución de la alcaldía que cabalgó el gobernador, sacándole la pata del barro a su antiguo compañero de militancia en Copei, Lester B. que así disponía de más recursos para la demagogia barata. Y aún más, el concepto y calidad de las obras que realizó, deja mucho que desear y linda con lo ridículo. Proliferaban las situaciones absurdas. En oportunidades se limpiaban las islas de las avenidas y se sembraban cientos y cientos de plantas ornamentales; con ellas crecía la mala hierba, y entonces aparecía otra cuadrilla, con segadoras, que afeitaban parejo, malas yerbas y plantas ornamentales. Nunca se supo el nombre de la empresa que proveía las plantas ornamentales, pero debió enriquecerse sin mesura.

Era como barrer y guardar a basura bajo la alfombra; se engalanaba la ciudad de los ricos y se mantenía en situación precaria los barrios de los pobres. Se reforzaba el concepto de “Mérida, ciudad hipócrita”, que aparenta ser una ciudad de clase media, porque sus barrios están escondidos, alejados de las rutas turísticas establecidas.

Los merideños revolucionarios esperamos que un alcalde revolucionario debe modificar el concepto de turismo de exhibir las bellezas y esconder lo vergonzoso, por uno que tienda a elevar la calidad de vida de toda la población, repartiendo las obligaciones de mantener hermosa la ciudad según los criterios que desde mucho tiempo atrás están plasmados en ordenanzas municipales. Que recomponga la distorsión existente en el gasto municipal, dirigiéndolo hacia donde las necesidades sean mayores, es decir hacia los barrios periféricos, y seguro que el Consejo Local de Planificación Pública lo querrá así.

Por su parte, el gobernador debe hacer lo mismo, y dirigir las acciones de Cormetur y otros organismos de esa naturaleza, hacia la dotación de servicios y solución de las necesidades básicas de las zonas periféricas, hacia lograr el cese de la violencia y establecer unos niveles de seguridad que posibilite el buen vivir y, por que no, por añadidura al embellecimiento del entorno. ¡Embelleced a los barrios, que la ciudad rica se embellecerá sola!

De plantearse en serio la escogencia interna de los candidatos a concejales y alcaldes, estos tendrían que presentar propuestas para conocer hasta dónde llega la capacidad de administración de una ciudad en función de los parámetros de una gestión revolucionaria con y de cara al pueblo. En esta serie de artículos hemos planteado líneas de acción en diferentes situaciones que históricamente han sido maltratadas por alcaldes de derecha y de “izquierda”. Gobernar con coherencia revolucionaria, significa debilitar la ideología merideña, única manera de abrirle paso a la implantación del socialismo en esta ciudad. Seguiremos en la porfía, por lo menos hasta abril, para cuando se fijaron las elecciones internas. En el siguiente capítulo seguiremos con el problema mayor del reordenamiento urbano. (100213/21:509

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