La política compleja

La política es compleja, pero no “compleja” en el sentido estrictamente etimológico del término, es decir enredada, sino más bien en la dimensión y el sentido transdisciplinario que le otorga el filósofo francés Edgar Morin. La política, en la práctica, es una especie de telaraña en la que se entrecruzan todas las experiencias humanas y religiosas. De allí que quien intente entender este ejercicio de ciudadanía, como lo definieron los griegos, debería apartarse de la lógica reduccionista, positivista y estrecha para valorarla de forma dialógica, amplia y multidireccional. Eso no es otra cosa que relacionarse de manera transparente, directa y sin prejuicios con el pueblo, sin subestimarlo.

Es contraproducente hacer política sin valorar, en su justa importancia y dimensión, disciplinas como la historia, la sociología, la antropología, e incluso el mismísimo arte. Quien se aventura por ese tránsito de bifurcaciones impredecibles, debe tener, al menos como frágil garantía para prolongar el extravío, una formación ética, pero sobre todo plena conciencia de la importancia de asumirse, honestamente, como un agente de cambio social, dispuesto a las transformaciones, aún las más radicales; teniendo además profundamente internalizado que cualquier esfuerzo reivindicativo implicará un sacrificio.

Indudablemente que solo algunos hombres se han acercado a ese político modelo y hasta utópico. En Venezuela, por ejemplo, pudiéramos nombrar a Simón Bolívar, e incluso, a Antonio José de Sucre. Ellos fueron hombres que por su visión trascendental del hecho político, su ética y su sacrificio alcanzaron un estadio mítico del deber ser. Reivindicar sus actos heroicos y sus ejemplos no cabe duda que ayuda a preservar lo poco que pueda quedar de esas grandes virtudes.

Volvemos al primer párrafo para resaltar que una de las grandes tragedias del momento es que los políticos de ahora, si por algo destacan es precisamente por la incultura, el pragmatismo risible y por una visión empañada, oscura y chucuta de esa noble actividad que determina el grado de desarrollo de una sociedad.

Bastará con intentar una hermenéutica de la fauna política, sobre todo de esa que se opone al presidente Chávez, para percatarnos de que su discurso anacrónico, cursi y decadente refleja no más que su reduccionismo mental y su poca capacidad para interpretar los códigos de lo que desde sus perspectivas debería ser algo cotidiano.


[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 1026 veces.



Recomienda la lectura de esta nota a través de las redes sociales




Comparte en las redes sociales




US Y /ideologia/a158104.htmlCUS