Planificación y subversión contra el capital

El peor enemigo de la revolución es el burgués que muchos revolucionarios llevan adentro (Mao Tse Tung)

Para contribuir al debate en el seno de los revolucionarios es necesario profundizar en algunos conceptos y métodos que relacionan el conocimiento de la realidad con la posibilidad de transformarla. Evidenciamos así, formas concretas que permitan desalienarnos y comenzar a construir una conciencia capaz de generar fuerza material y espiritual transformadora. Se trata de propiciar una reflexión para construir una praxis revolucionaria en la lucha de clases por la abolición del capitalismo. Esto se constituye en un llamado a asumir una actitud militante, para empoderarnos de ese conocimiento transformador de la realidad y para deponer actitudes que no nos permiten avanzar a la velocidad y con la profundidad deseada. El solo instinto de clase y la voluntad individual son insuficientes.

Con este planteamiento intentamos romper la visión que cosifica lo humano y humaniza las cosas, no solo porque oculta la verdadera esencia de la realidad, los procesos y las relaciones sociales, al desvirtuarla, sino porque estamos empeñados en superar el ejercicio de hallar la verdad por la verdad misma. La intención revolucionaria es que esa verdad pueda ser usada para impulsar la transformación deseada, en tanto permite develar las contradicciones que subyacen, de manera imperceptible, y construir acciones apoyadas en esas verdades descubiertas.

La sabiduría del colectivo

El conocimiento de la realidad se desplaza desde lo más histórico concreto a lo más abstracto formal, por ejemplo desde la fábrica a la historia de la lucha de clase que permite construir los conceptos que explican la situación actual; y es, precisamente, en este movimiento dialéctico como se puede construir la praxis revolucionaria, ya que expresa la teoría que orienta la acción y la construcción de nueva teoría desde la acción. La visión dialéctica de la historia que nos enseña Benedetti, nos permite entender que el presente es el pasado del porvenir, por eso el estudio de sus tendencias fundamentales nos permiten prefigurar el mañana, a partir de la acción de hoy.

Esa realidad que queremos transformar no es inmutable, está en movimiento permanente, y el motor fundamental es la lucha de clases, por eso hemos propuesto alternativas para superar la visión de la realidad como una fotografía del momento, que niega y oculta la historia. El estudio de la historia es lo que nos pudiera sugerir el devenir social, tomando como base, las múltiples manifestaciones y experiencias que solo pueden ser comprendidas en un proceso dialéctico; cuya esencia está en la revelación de las contradicciones, tanto en la confrontación de ideas como en los enfrentamientos entre contrarios. Son ellas las que mueven a la humanidad. Se trata de una rebelión contra la sumisión y contra el chantaje de la conciliación de clases como indispensable para lograr la paz. Los responsables de la violencia contra los pueblos son los que pretenden negar la historia, como una herramienta para mantener su dominio, basados en la opresión y el engaño.

Desde esta perspectiva la clase trabajadora asume que la sabiduría para transformar la realidad se construye en colectivo, por eso manejamos la idea de la integralidad y de la complejidad de la realidad como totalidad concreta, con la intención de incidir en su transformación. Cada unidad socio-histórica específica se comprende dentro de un contexto histórico, político y social que la contiene, y que permite validar sus singularidades. Las singularidades la diferencian e identifican como única y, a la vez, las particularidades comunes la asocian con otras. Son precisamente estas similitudes las que generan categorías abstractas y generalizaciones para hacer teoría y son sus diferencias las que enmarcan y definen la acción específica.

La esencia del capital

Una consideración previa a cualquier pretensión de transformación social es comprender cómo la sociedad capitalista olvida la naturaleza esencial del ser humano, al desvalorizar y alienar al trabajo y convertirlo en una esclavitud asalariada. El trabajo como mercancía pierde su libertad, su creatividad, su esencia comunitaria y humana, lo que obliga a reflexionar críticamente sobre la manera cómo se puede cambiar la esencia conceptual y procedimental de la planificación para que pueda subvertir el orden establecido.

En la comprensión de la naturaleza de la planificación capitalista está la esencia que hizo cambiar, históricamente, la producción comunitaria. Lo comunitario alude a lo común, a lo cercano y propio, con una visión del trabajo para la reproducción de la existencia; en tanto que la división social del trabajo en el capitalismo tiende a separar al trabajador de su producto. Al elevarlo a escala social, cada vez más amplia, desfigura su razón de ser. En su afán de generación de plusvalía y rentabilidad del capital, el capitalismo fracciona el trabajo y desmembra procesos de naturaleza continua y complementaria.

En la economía capitalista se planifica y organiza la producción, con la intención de producir plusvalía para los dueños de los medios de producción y se amparan en los estados burgueses para consolidar más aún sus ganancias. Para profundizar en este análisis, es necesario hacer referencia tanto a la composición orgánica del capital (COC), el incremento de la productividad y la obtención de ganancias. Se asume para esta comprensión la organización de un proceso productivo de agregación de valor en cadena, que comienza con la materia prima y concluye con la transformación en bienes de consumo, pasando por los productos intermedios, la producción de bienes de capital y de servicios a la producción. Como en cada fase productiva se agrega valor, también se incrementa la plusvalía y es aquí donde el capital centra su interés de control absoluto. De esta manera, pretendemos comprender la complejidad del proceso social de producción.

A pesar de esta complejidad, la tendencia es a ver la producción de manera muy simple y a despreciar sus múltiples relaciones. De hecho, la atención se centra en la producción particular y se desatiende otros procesos, asociados y complementarios, incluyendo la distribución, el intercambio y el consumo de esa producción en particular. Igualmente, se obvian las relaciones sociales de supremacía y de poder del proceso productivo, que termina sometiendo a la clase trabajadora para garantizar la máxima ganancia. Ejemplo de ello lo constituye la tercerización y la subcontratación de personal en los actuales procesos industriales, como forma concreta de desregulación laboral, que tienen como único propósito incrementar la plusvalía.

El trabajo y la valoración del ser

Marx, en el Manifiesto del Partido Comunista de 1848, afirma que El comunismo no priva al hombre de la libertad de apropiarse del fruto de su trabajo, lo único de lo que lo priva es de la libertad de esclavizar a otros por medio de tales apropiaciones.

Como una manera de desmontar las representaciones ideológicas que distorsionan y encubren la realidad y que le permiten a la burguesía preservar su dominio sin mayores riesgos, es necesario comprender los principales fetiches asociados a la producción capitalista. El principal fetiche es el de la mercancía, el que hace ver al propio trabajador o trabajadora como que su fuerza de trabajo es una mercancía que le pertenece y por tanto puede vender, sin darse cuenta que lo condena a la pérdida de la libertad. De lo concreto y cualitativo que caracteriza la fuerza de trabajo, donde se sintetiza lo espiritual y material, la fuerza y la razón del ser humano, se reduce a lo abstracto y cuantitativo, para asignarle valor en "el mercado de trabajo". De esta misma manera, el fetiche de la mercancía hace ver los productos como extraño al productor, sin poder ejercer ningún control sobre ellos, ni sobre el proceso productivo al que se deben. A final, todas las mercancías se transforman en dinero para poder adquirirlas. Lo importante es producir cada vez más, sin saber cómo, para qué y para quién se produce.

Para acabar con la esclavitud asalariada el trabajo debe tener significado propio en la satisfacción de las necesidades de la población, y serán los propios productores directos asociados los que planifiquen, articulen y complementen socialmente los procesos productivos, en beneficio de toda la colectividad. Llegar a esta afirmación, que puede parecer muy obvia, requiere profundizar en la relación que existe entre la generación de la plusvalía y la organización del proceso productivo social.

En la medida en que el capital se ve como natural, también la planificación, reproductora del capital, parece lógica y normal y, de esa manera, cualquier intento de cambio se reduce a una reforma. Por eso planteamos otro fetiche sobre la supuesta condición natural de mantener lo establecido. La actitud conservadora es presentada como la que tiene menor riesgo, cuando en realidad se hace con la intención de sembrar temor por la incertidumbre. Sin embargo, la capacidad creadora que posee el ser humano, demuestra lo contrario. El que domina utiliza su poder para hacer creer que todo lo que existe es natural y que por lo tanto hay que conservarlo, tal como es su esencia.

Comprender el mundo desde adentro

La historia nos permite comprender la manera en que los seres humanos van produciendo los medios para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales. Solo así podemos interpretar la realidad para transformarla. Los cambios políticos e ideológicos se deben concretar en transformaciones profundas de las relaciones sociales de producción y reproducción capitalista; en el modo de reproducir nuestra existencia, que en esencia definirá un cambio de civilización en lo inmediato, de lo contrario la barbarie continuará.

Rescatar nuestra memoria histórica en las luchas de la clase trabajadora y de todos los sectores oprimidos, es fundamental para romper las cadenas de la esclavitud asalariada y la conquista de la liberación del género humano, como parte integrante de la naturaleza. Este acto es de naturaleza emancipatoria, posibilita el control de la sociedad, en tanto permite la abolición de todo tipo de opresión, explotación y discriminación.

Con compromiso militante, tenemos que profundizar en el conocimiento concreto de realidades para poder transformarlas, como el caso emblemático de Guayana, de la llamada Zona del Hierro. Aquí se han centrado importantes recursos en los últimos 50 o 60 años, y se han realizado intervenciones económicas y aplicadas políticas neoliberales, muy difíciles de revertir, que han marcado la historia de la lucha de clases en Venezuela y en general de los países productores de materia prima. En Guayana, donde se concentra un grueso sector de la clase trabajadora venezolana, se ha consolidado nuestro rol en la división internacional del trabajo, y se ha evidenciado, de manera dramática, la pérdida de soberanía e independencia. Por esta vía nos vinculamos con el capitalismo mundial y la lucha de la clase trabajadora para su liberación; y en especial comprendemos, desde una realidad concreta, cómo se consolidó nuestra condición de país rentista petrolero. Cada crisis del capitalismo mundial ha conducido a crear formas nuevas de dominación, que no se deben subestimar para conocer la magnitud de la confrontación social. No se trata hoy solo de una resistencia al capital que con su impulso arrollador invisibiliza nuestros logros. Por el contrario, para revertir la historia a nuestro favor es necesario acumular fuerza para vencer la potencia inercial del capitalismo.

Plan transformador y autonomía de clase

Consideramos que la política revolucionaria demanda una acción deliberada, organizada, articulada y orientada dentro de los principios y teoría del socialismo, para que pueda haber transformación social. Se trata de una toma de conciencia sobre el destino que se está construyendo. Éste exige una sólida formación teórica e ideológica, además de un gran compromiso con la praxis revolucionaria. Sí la planificación no se orienta así, no habrá praxis revolucionaria que incida realmente en el cambio social deseado.

La interpretación de la historia para transformar la realidad es muy distinta a la religiosa, que por ser dogmática establece que es Dios quien dirige hacia la meta que el propio Dios se ha marcado. Quienes creen en esto, solo le preguntamos ¿quiénes han escrito a nombre de Dios? Es también radicalmente distinta a la interpretación idealista o racional que privilegia las ideas, y con ello la evolución del pensamiento para explicar el acontecer histórico, determinado por una razón universal.

La clave es entender la realidad como proceso histórico en permanente movimiento y construcción. La realidad vista desde la perspectiva de cada opuesto aparece como "lo que es" y la del contrario como "la que no es", por la negatividad de ella. Si queremos cambiar la realidad no podemos verla con los ojos de los otros, los que hoy dominan y nos hacen creer en la imposibilidad del cambio, por su interés de reproducir el sistema que le garantiza sus privilegios. La lucha de contrarios implica la conciencia de que uno existe porque existe el otro. Existen pobres porque existen ricos; existe burguesía porque existe proletariado. El momento de la superación histórica es totalmente dialéctico.

El diseño y la ejecución de un plan transformador exigen autonomía de clase. Su construcción debe elaborarse desde los trabajadores y trabajadoras y demás sectores oprimidos de la sociedad, comprometidos con la construcción del socialismo. Esta autonomía se va conquistando en la medida en que aumenta la democracia directa y la conciencia política de la clase trabajadora. La cual tendrá que construir una visión dialéctica e histórica, que tome en cuenta el desarrollo de la dinámica social a transformar y la propia lucha de clases. Un Plan emancipador es una herramienta de la praxis revolucionaria; su naturaleza es contraria a la lógica del capital que destruye la condición de ser humano para reproducir y acumular riqueza para la clase dominante. La única opción real de reproducción de la existencia humana bajo criterios de igualdad política y justicia social es enfrentar y eliminar el sistema capitalista.

La propuesta de planificación emancipadora para la construcción del socialismo exige una visión de totalidad concreta, de integralidad, de multi-disciplinariedad y trabajo colectivo. Pero sobre todo de una profunda reflexión sobre el conocimiento de la realidad a transformar, de lo que aspiramos y cómo lograrlo. Esto relaciona dialécticamente método con la teoría, y éstas con la acción. Por eso afirmamos que es indispensable revisar exhaustivamente cada acción, cada idea, cada información y corregir a tiempo los errores para evitar consecuencias negativas o desviarnos del camino. Toda planificación socialista es de naturaleza subversiva porque propicia la transformación social, la abolición del orden establecido: del poder hegemónico del capital. Hacer lo contrario, no tocar la esencia de lo establecido, nos coloca en la tentación y la inercia de lo tradicional, de lo instituido, de la involuntariedad de preservar el sistema, aun en contra de nuestro propio compromiso revolucionario. En fin, lograr solo reformas que permiten mejorar la realidad pero no la transformación de su esencia.

Ciudad Guayana, noviembre 2012

Correo electrónico: [email protected]

1 Este artículo está basado en el Preámbulo y el Capítulo I del libro Planificación Emancipadora, subversión contra el capital, 2012, en imprenta.


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Elizabeth Alves


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