De progresistas a anticomunistas

El 7-O fortaleció la democracia venezolana y el liderazgo del presidente Chávez. El candidato Capriles reconoció  que perdió limpiamente. Parecía que se abría otro capítulo en las relaciones oposición-Gobierno. Pero al imperio no le cuadra que la democracia venezolana se afirme. Roger Noriega dio la señal, secundado por María Corina, Leopoldo López, Antonio Ledezma y el monopolio mediático.

Ahora ponen en duda el proceso del 7-O, el autobús de la desestabilización sustituye al autobús del progreso y el Gobierno venezolano es una copia de la "dictadura" cubana, las comunas son una amenaza a la propiedad privada y los más feos prejuicios de la ultraderecha se convierten en el programa. La campaña electoral del 7-O es sustituida para el 16-D por una Guerra de Baja Intensidad con peso significativo en la creación de realidades virtuales, la captura de los imaginarios colectivos y apoyándose en el peso de la tradición y la costumbre tratan de perpetuar los sentimientos individualistas.

Crecerá la penetración de mercenarios y bandas delictivas a través de la frontera, las redes de microtráfico, secuestros, sicariato, trata de personas, perversas campañas mediáticas, multiplicando la violencia diaria para crear miedo y terror, que sustituyan la solidaridad como factor de cohesión social y la organización del pueblo como autoempoderamiento, por un proceso de vínculos en torno a intereses egoístas que impidan la consolidación de un bloque social de los oprimidos que una al 90% de la población venezolana con clara conciencia de hermandad frente a la opresión.

La degradación de la vida cotidiana, el anticomunismo, la defensa de la propiedad privada y la denuncia de un fraude electoral son base de la campaña ultraderechista para el 16-D, como cruzada contra el castrochavismo terrorista. Donde ganen, fue derrotado al comunismo terrorista. Donde pierdan, habrá triunfado el fraude. Dentro de una estrategia imperial desestabilizadora, esto tiene sentido. Dentro de una estrategia de maduración de fuerza político-electoral, es un absurdo. Pero esta política democrática no cuadra con lo realizado por la oposición en el paro de diciembre 2001, el golpe de abril 2002, el paro petrolero Si no nos equivocamos, los derrotaremos en toda la línea.

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