La linea justa es la estructura consejista

Este documento pretende ser una contribución que genere un poco la reflexión y la conversa en los y las compatriotas que se han venido reuniendo y que han planteado la estructura consejista como forma organizativa de los trabajadores del MPPE. Se busca con esto tocar a manera de recordatorio, o si se quiere ver, como un alerta de lo que ha significado un poco la historia de la cultura política de algunos liderazgos en el seno de los trabajadores y trabajadoras, hoy más que nunca, necesario es revisar ese proceso, ante la importante tarea que les toca abordar en el presente y futuro de la revolución bolivariana a la nueva organización consejista, que vienen delineando algunos trabajadores, también en otras instituciones del estado, como sujetos constructores de la nueva institucionalidad y que tienen la nada fácil misión de construir la hegemonía revolucionaria, o por lo menos eso es lo que pienso desde mi más humilde posición de trabajador

Plenamente estoy conciente que esta opinión expresada en estos párrafos, son un minúsculo esbozo de la larga historia de la lucha ancestral de nuestras y nuestros trabajadores; luchas reivindicativas, luchas políticas, algunas veces con conciencia, otras sin ella, otras veces esa fuerza arrolladora, era manipulada por los intereses de los lacayos de la clase dominante y se convertía en una masa que no tenía educación política, ni conciencia de sus propios intereses, ni de su fuerza transformadora. También importante es dejar claro que no es un tratado de la historia de la lucha de clases, por ello esta exposición no ahonda en análisis y conclusiones elaboradas.

Revisemos rápidamente el papel ejercido por los políticos de derecha durante el periodo de la llamada "democracia", me refiero a la puntofijista. Casi todos ellos venían de ser "dirigentes estudiantiles", de las juventudes de los partidos AD, COPEI, URD y una elite de trabajadores que fueron acaparando privilegios y fuero sindical producto de traficar e hipotecar los intereses más genuinos de las y los trabajadores, esto por mencionar algunos. Todos ellos con una clara conciencia del papel que tenían que jugar en función de usar esa masa inconsciente al servicio de los intereses de la clase dominante que ellos representaban; fue así que mediante la despolitización de las personas pudieron mantener sus proyectos de dominación.

Es necesario que el pueblo, y más aún los trabajadores y trabajadoras, tengan plena conciencia de que todo proceso histórico, es por definición un proceso político, que  se desarrolla en, con y para la gente, es por esto que consideramos de mayúscula importancia prestarle la máxima atención a su desarrollo  y la forma como participan ellos y ellas en dicho proceso. De esto decimos que dentro del pueblo se dan distintos niveles de conciencia y que es la formación, la organización política de los trabajadores y trabajadoras, de las masas, la que es capaz de señalar (si es verdaderamente consciente), las verdaderas causas de sus miserias, logros o victorias, igualmente de acuerdo a esa conciencia y organización, es que puede darse un programa de acción que permita encarnar los  intereses de la clase trabajadora. El desarrollo de esta conciencia, es tan indispensable para el éxito de sus luchas, como  lo es la inconsciencia de las masas para el triunfo de las acciones contrarrevolucionarias o de los proyectos de dominación que pretenden regresar e imponerse.

El papel fundamental hoy de los dirigentes, y específicamente la dirigencia joven de los trabajadores y trabajadoras,  es educar a las masas, mostrarles con claridad y ejemplo, la misión histórica a que están llamados a cumplir en esta hora de la independencia nacional (Primer Objetivo Histórico del Programa de la Patria). Demás esta señalar que el viejo sindicalismo como  modelo organizacional de los trabajadores, al igual que el sistema capitalista, está en franco retroceso, debido al agotamiento de las estructura que le dieron origen; por ello la entrada de la vieja dirigencia a los consejos (sin que esto se entienda como una posición sectaria; nada que ver), tendría que pasar por un exorcismo  ideológico y una profunda critica y autocritica de las prácticas  de conducción y defensa de los intereses de clase; implica entonces, con honestidad, poner en la responsabilidad de nuevos hombres y mujeres jóvenes la conducción de la nueva estructura.

En mi paso por los espacios institucionales del Ministerio del Poder Popular para la Educación, me pude dar cuenta que hay una inmensa camada de jóvenes, que creo no se les han implementado mecanismos atractivos para la participación; pienso que los carteles, invitaciones y otros medios de convite para participar en reuniones conversas, no han sido efectivos (vaya esta apreciación como autocritica también). Revisar esto y corregirlo, es tarea que se enmarca en las R5.  En la medida en que esa juventud asuma su papel con humildad, sin arrogancia, su autoridad, legitimidad e influencia con sus afines crecerá. Por ello, en las nuevas condiciones políticas, el respeto y la credibilidad de los dirigentes aumentaran, en la misma medida en que vayan destruyendo lo que hacía posible  las victorias de los dirigentes de la burguesía; que no era otra cosa que la ceguera y el analfabetismo político de las masas. Estoy plenamente seguro que la vieja dirigencia con cultura adeco-copeyana, sigue acechando en los ascensores, pasillos y oficinas, metiendo su veneno de los viejos vicios a la juventud despolitizada; ahí está la clave del desgano, la apatía de participación que muchas y muchos de ellos padece, hay que contribuir a elevar la conciencia de ellos y ellas, para que participen en los asuntos políticos, que también les son inherentes. En tanto que los verdaderos revolucionarios (estadio de la vida altísimo de alcanzar), cumplan con este papel  histórico y emergente de la formación política e ideológica de esa juventud, el nuevo liderazgo joven, se desmarcará de las elites que aún hoy arrastran detrás de sí a un "rebaño" de hombres y mujeres que pudiéramos decir poco consciente de su participación en la construcción  histórica de la sociedad.

No es fácil ser dirigente revolucionario. Aquí no vamos a establecer diferencias entre cuadros de la revolución, sean de dirección alta o media; la educación burguesa y por consiguiente la cultura política que hemos recibido y que en muchos casos todavía, a pesar de los catorce años de revolución bolivariana, nos acompaña y sigue marcando gran parte de nuestras acciones. Las ideas y hábitos que esa cultura ha difundido a través de los procesos educativos y de los medios de comunicación masiva a su alcance durante muchos años, hacen que la  ideología burguesa penetre en todos los sectores sociales. Esta es la razón por la que numerosos dirigentes que quieren y dicen servir al pueblo y a la revolución, se encuentren rnuchas veces atrapados por esta influencia  y caen en una serie de métodos de dirección y  de trabajo incorrectos, que los hacen asumir actitudes propias de un dirigente burgués, con la  consiguiente desconexión de las masas. Recomiendo revisar unas reflexiones que escribí en Aporrea . Org  el 03/06/2008, titulada "Consideraciones sobre la conducta revolucionaria (II)

Hay otro  alerta que debemos puntualizar para esta nueva situación histórica que vive nuestra República Bolivariana, que a veces cambia la relación entre los dirigentes y las  masas, es aquella cuando la clase opositora burguesa, trata por todos los medios de introducir la desconfianza del pueblo hacia sus dirigentes y hacia las metas que se proponen, ya sea calificándolas como ilusorias, o no viables, bien sea  engañando y mintiendo al pueblo por todos los medios  que disponen. Este método de ofensiva de la burguesía, que a veces logra tener éxito en ciertos sectores del pueblo, hace aún más necesario desarrollar la conciencia de las masas, a la par que el de su dirigencia. Se trata de que ambos tengan armas políticas e ideológicas propias, para descubrir el engaño y para rechazar en el caso de las masas, a aquellos dirigentes impuestos por la burguesía que no interpretan sus verdaderos intereses.

Hechas estas consideraciones  que aluden ahora al recién creado Consejo de Trabajadores del Ministerio del Poder Popular para la Educación, quisiera tambien dejar algunas opiniones que he venido sosteniendo en otros momentos, referidos a los consejos de fabrica, de trabajadores, y la nueva organización estudiantil; ellas con sus especificidades, pero que atañen y hay que tener presente para la nueva hegemonía revolucionaria que estamos construyendo entre todos y todas. En otras oportunidades y en esa línea de pensamiento, referíamos:

Otros síntomas virales que contaminan a veces a  algunos liderazgos; no escapan a ellos la dirigencia estudiantil, como la trabajadora consecuente y emergente, desde luego, pero también a otros sectores de dirección; esos males virales son los que tienen que ver con el individualismo, el liberalismo, el caudillismo, el burocratismo y el sectarismo.  Esta cultura o prácticas políticas, por demás incorrecta, consisten en actitudes y comportamientos que resultan de la influencia que tiene la ideología burguesa sobre las personas. Ello hace que la preocupación fundamental de cada uno sea sobresalir como individuo,  imponiéndose a los demás y así lograr satisfacer aspiraciones personales a costa de lo que sea. Se crea así un desprecio por las masas, y, al mismo tiempo, una tendencia a manipularla, a usarla para conseguir objetivos de tipo individual.

Uno de los más perjudiciales elementos de las desviaciones burguesas en el seno de los revolucionarios, lo constituye el liberalismo. La actuación liberal de dirigentes  y a veces miembros de base de una organización, se caracteriza por una conducta poco colectiva, indisciplinada, basada en la toma de  decisiones personales y no apegadas a los intereses del colectivo. Esta desviación tiene sus raíces en poner por encima de todas las cosas lo personal o tendencial, olvidando un principio fundamental revolucionario que afirma "No son los individuos, sino las masas las que hacen la Historia". El individualismo, tanto como el liberalismo son desviaciones típicamente pequeñoburguesas; ellas provienen de la forma de actuación individual que establece la lógica de la sociedad capitalista. Los que estén libres de estas desviaciones, no se den por aludidos; solo queremos dejar sentado que esto existe y esta vivito en nuestra revolución. Veamos estos ejemplos que ilustran lo que hemos venido alertando.

Una de las formas de actuar es colocar las opiniones personales en primer lugar, sin aceptar someterse a las opiniones colectivas emitidas por el organismo al cual se pertenece; o exigir consideraciones especiales para su caso personal, rechazando las medidas que se han decidido aplicar a todos; organizar una reunión sin preparar previamente una agenda de interés, usar el poder que tiene por desempeñar algún  cargo público, en institución o en el partido, para pasar por encima de las discusiones y decisiones orgánicas, imponiendo a los demás sus puntos de vista personal. Muy ligado a lo anterior está el hacer críticas irresponsables a espaldas de los compañeros de trabajo o de estudio, así mismo es común en este tipo de conducta, no decir nada en las reuniones, pero andar con chismes  o posiciones a favor de lo que ya se debatió y quedo superado.

El problema del burocratismo, como enfermedad de un proceso, amerita dedicarle un documento especial. No obstante, un dirigente cualquiera sea su responsabilidad, si se convierte en un burócrata, tenga la plena seguridad que a la larga como proceso histórico y del aprendizaje que va dejando la construcción del poder popular, el irredento pueblo no se va a dejar engañar por ninguna burocracia; la conoce y reconoce como enemiga por más fotos que se tome al lado altos funcionarios de nuestra administración pública, o del espacio de trabajo donde se desenvuelva.

Sobre el sectarismo tendremos que decir que es una de las desviaciones más graves de un proceso revolucionario, ya que tiende a impedir la unidad de las fuerzas revolucionarias, unidad sin la cual es imposible triunfar frente al  enemigo y mucho menos desarrollar los planes de emancipación de los pueblos.

Necesario es dejar claro que existe sectarismo cuando los distintos organismos o individualidades que trabajan en el proceso revolucionario, en lugar de complementarse y trabajar en forma armónica, se dedican a competir entre sí, a tratar de ganar zonas de influencias o liderazgo personal o factorial, sin apostar al triunfo de la organización o del partido, según sea el caso. Repetimos para ser reiterativo, más no redundante, que existe sectarismo cuando una organización, sindicato, comité o consejo, trabaja en forma aislada, anteponiendo sus intereses locales o grupales, a los intereses del proyecto al cual se inscribe y le debe lealtad.

Hechas estas consideraciones generales de contenido político, ideológico y organizativo, podemos ir asomando una gran conclusión, y esa es que hoy la historia le cede un espacio muy especial a los consejos de trabajadores y trabajadoras, a movimientos de jóvenes revolucionarios y revolucionarias, brindándoles la oportunidad de recomponer la estructura orgánica, de dirección y organización que demanda la clase trabajadora revolucionaria y que esto no solo debe fortalecerse en el espacio laboral, sino también en el comunal, donde se convive con otros ciudadanos.

Finalmente, las y los trabajadores combativos más viejos, nos  vamos a sentir reivindicados y reivindicadas, sabiendo que un nuevo liderazgo, toma y levanta las banderas de la revolución, honrando la memoria de los que cayeron  o quedaron en el camino, los que regaron con sangre esta tierras bravía, en la búsqueda y construcción de una patria libre y digna; la patria socialista. Igualmente,  hacemos votos para que en este esfuerzo organizativo de trabajadores y trabajadoras que se está impulsando desde el MPPE, la discusión y el debate se genere bajo la disciplina que corresponde a una nueva concepción del liderazgo emergente, con un alto nivel de conciencia revolucionaria, en la perspectiva de unir el mayor consenso que permita la integración de las fuerzas trabajadoras bolivarianas y antiimperialistas en pro de lograr el objetivo supremo de un movimiento consejista revolucionario organizado, unido, fuerte, que plantee su estructura de dirección unitaria a la luz de una nueva organización, en la cual todos se encuentren identificados.


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Bartolo Hernández


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