¿Ustedes leen? hay que leer, dijo Chávez a su gabinete

¿Con qué tiempo?, seguro que pensaron muchos de los ministros después que el presidente lanzó esa pregunta, para la cual no esperó respuesta. Parte de la ineficiencia  consiste en las largas reuniones y las múltiples actividades del tren de ministros. Con sólo ver esa larga mesa con ese gentío codo con codo, reunidos en día sábado; ya desde esa visión podríamos sacar un índice de eficiencia.  A veces me pregunto cómo hacen las ministras para mantener sus casas y sus hijos, si  vivirán viviendo o corriendo. Creo que sí, que esas personas deben dar y dan todo de sí para estar en esos cargos, pero la carga podría ser más leve si se fuese más eficiente. Una eficiencia que va del presidente a los ministros y de estos al presidente. Yo he hecho una larga lista de acciones en este sentido, pero voy a cambiar el tono,  escribiré sobre  esto de la lectura.

Marcel Proust, en un librito: Sobre la Lectura, indica que muchos son los que no pueden iniciar su diario trabajo sin realizar una pequeña lectura, estas son como llaves mágicas que abren lugares especiales que  inspiran y estimulan. He conocido personas que tienen a la mano libros clásicos, marcados en determinados lugares y día tras día se alimentan con un poco del ánimo o del bálsamo que esas letras le regalan.

Proust señala que en otra oportunidades la lectura puede ocasionar un daño terrible cual es pensar que la verdad está en los libros y que la podemos acceder en reposo del cuerpo y del alma,  leyendo lo que nos pueda proporcionar ciertos documentos o textos, algunos incluso difíciles de conseguir, o que están en lenguas extrañas y lugares remotos. Qué importa si ellos nos revelan una  verdad, peligrosa sí porque es sorda a los llamados de la reflexión. Es una verdad guardada y preservada en un texto. Hemos conocido personas que tienen libros a los cuales siempre acuden porque en ellos algo se dice sobre un tema específico que es considerado como verdad inmutable en un mundo cambiante.

Continúa Proust su hermenéutica y nos habla del que lee por leer y por acordarse de lo que ha leído. El libro pasa a ser un ídolo, cuyo autor se nombra en determinados momentos. El libro es un fetiche, no un principio de vida. Todos hemos conocido personas que ante cualquier apellido preguntan sí no tendrá algo que ver con el actor tal del lugar cual que está escrito en el libro de un famoso escritor.

Hay una parte de este pequeño y complejo librito en el que Proust nos habla sobre el gusto por los libros como una pasión. Señala la lectura como una clase de amistad, un vínculo sincero, sin fealdad sin tener que demostrarles deferencia, devoción o gratitud, él expresa: “En la lectura la amistad es súbitamente devuelta a su pureza original.”

Todos quisiéramos que los ministros y ministras, tuviesen un tiempito para disfrutar de la lectura que el presidente les ha encomendado, para ello necesitarían de un tiempo que sólo una gestión eficiente  puede proporcionarle, sería muy conveniente que internamente se hablara sobre esos aspectos. Espero que un día podamos verles en un museo admirando una exposición,  o en la Librería del Sur buscando a  Marcel Proust. Sobre la Lectura. Libros del Zorzal, 2003.

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