¿Sembramos el petroleo o comunalizamos la renta petrolera?

La interrogante que sirve de título a estos comentarios pareciera ser un simple juego de palabras. Sin embargo,  en ella se encierra el gran dilema económico-político en que se debate  la Revolución Bolivariana.

A partir de 1917 cuando las concesionarias angloholandesas exportaron  el primer barril de petróleo, se despertó en Venezuela la conciencia rentística, es decir, los intelectuales orgánicos del bloque de clases dominantes de aquel atrasado país, se dieron a la tarea de buscar la justificación ideológica para arrancarle al capital petrolero, una tajada de las superganancias que obtenía con el recursos natural extraído de nuestro subsuelo. El resultado fue la entronización de la categoría jurídica PROPIEDAD NACIONAL-ESTATAL, mediante la cual, el Estado pasaba a jugar el mismo rol de un propietario privado del subsuelo, tal como se había institucionalizado en Norteamérica. Establecido este principio jurídico el ente estatal quedaba facultado para exigir en la actividad petrolera, un canon de arrendamiento al capital inversionista foráneo; y así, el rentismo petrolero adquirió carta de ciudadanía en estos lares. 

Una vez establecida la plataforma jurídica del rentismo, el nuevo reto de las clases dominantes de la Venezuela que se asomaba al siglo veinte, fue la legitimación nacional e internacional de su condición rentística en materia hidrocarburera. El Estado que es según Gramsci es coerción más consenso, ya en tiempos del Gomecismo buscó legitimar el ingreso petrolero, tanto en el plano nacional como internacionalmente. En este sentido, Pedro Manuel Arcaya fue el adalid de esta primera avanzada de la conciencia rentística venezolana. Según este autor, lo legítimo del provento petrolero se explicaba por los beneficiosos efectos que dicho ingreso podían tener en la revitalización del agro criollo, o sea, de la gran propiedad territorial. Esta fue la primera aproximación a la idea de sembrar el petróleo en la atrasada agricultura venezolana de entonces. Esta siembra del petróleo tenía indiscutiblemente un interés de clase decantado. Paradójicamente, en los años que corrieron entre 1920 y 1940, la renta petrolera favoreció más al comercio importador que a la propia agricultura.

Con los avatares de la Segunda Guerra Mundial, influenciada por el keynesianismo auroral venido de Europa y dada la obesidad petrolera del Estado, el ala luminosa de la burguesía criolla, liderada por Arturo Uslar Pietri y Alberto Adriani, profundizan  la idea de sembrar el petróleo. Para estos intelectuales liberales, la renta petrolera debía traducirse en desarrollo económico capitaneado por los hombres de empresa. Se trataba de hacer extensivo a a todo el territorio nacional, las relaciones capitalistas de producción que el capital petrolero había instalado los campos petroleros. A partir de la cuarta década del pasado siglo,  la burguesía venezolana dispuso de un arsenal de condiciones económicas, sociales, políticas, geopolíticas y culturales que la convirtieron en una de las clases sociales dominante más favorecidas por el desarrollo histórico en este continente que la predisponía a  llevar adelante un proceso de desarrollo económico, fundamentado en la reproducción del capital. El intervencionismo estatal redistribuyendo la renta petrolera fue el expediente que la burguesía utilizó para privatizar el ingreso hidrocarburero. Cuatro década más tarde, el resultado no pudo ser peor: Se había sembrado elpetróleo y su resultado, el capitalismo rentístico que creo la burguesía criolla entró en colapso,  dejando una estela de miserias sociales  que convirtieron al país en una olla de presión de las contradicciones de clases. La Siembra del petróleo por los señores del capital había devenido en una de las más grandes estafas de la historia contemporánea continental.

La caída en barrena del capitalismo rentístico se tradujo en una deslegitimación política del Puntofijismo y en el ascenso del Movimiento  Bolivariano. El pueblo venezolano dado sus tradiciones mesiánicas, encontró y se apoderó del Comandante Chávez como el líder que buscaba para redimir sus miserias sociales. Los bolivarianos originales traían como expediente para sacar al país del barranco adeco-copeyano en el que había caído, una reedición de la Siembra del Petróleo pero sin las corruptelas de la Cuarta República. La Constitución de 1999 resume esta visión que venimos comentando. Hoy, en el alto gobierno de la Revolución esta siembra de los proventos petroleros en convivencia con el capital ha adquirido carta de ciudadanía, legitimada con la praxis de las misiones  sociales. Puesta así las cosas, para un poderoso sector del bolivianismo, el capitalismo es una moneda  dos caras: la del Estado de Bienestar y la del Neoliberalismo, con el agravante que lo condenable del capital es su cara neoliberal, o sea, capitalismo bueno vs capitalismo malo.

Las masas humildes de nuestro país ya no se calan esta disyuntiva entre capitalismo bueno vs capitalismo malo. El capitalismo en todos los rincones del orbe viene demostrando que entró en crisis sistémica, o sea, le cayó  encima  un sida socio histórico, cuya única solución es su sustitución por un régimen  anticapitalista. Este capitalismo en fase terminal lo que ofrece a las clases trabajadores del mundo es sólo sangre, sudor y lágrimas.

La Revolución Bolivariana entró en un  periodo de grandes definiciones políticas. El pueblo venezolano a partir de las elecciones del 7-O le viene indicando al Comandante Presidente que ha llegado el momento de profundizar la Revolución. El Presidente ha aceptado el reto y ha llamado a su tren ministerial a enfrentar la tarea de radicalizar el proceso. En el Plan de Desarrollo 2013-2019 está el germen del futuro anticapitalista de Venezuela: la construcción de 30.000 empresas de propiedad social y la entronización del Estado Comunal. Ahora bien, estas propuestas tienen una limitación de origen: se acepta que la construcción del nuevo aparato productivo socialista y pos petrolero debe ser llevada a cabo por el Estado Liberal reinante. Este Estado dado su perfil de clase, sólo llegara a Sembrar el Petróleo, o sea a direccionar la renta petrolera hacia las arcas del capital, cediéndole una cuota de compromiso a las clases explotadas, eliminando de plano cualquier veleidad socialista. De manera entonces que si de verdad queremos crear una sociedad alternativa al capitalismo debemos pisar el acelerador en la erección del Estado Comunal y esto sólo se lograra: COMUNALIZANDO LA RENTA PERTOLERA, es decir, apoderándose el pueblo del control y gestión de los inmensos recursos rentísticos petroleros que fluyen y seguirán llegando in crescendo, en el futuro de mantenerse la actual geopolítica petrolera. Comunalizar la renta petrolera es un término que deslinda el debate ideológico por el control de los proventos petroleros; significa en dos platos que los recursos del subsuelo ya no estarán más nunca a disposición del capital. Significa también sembrar en la mente de los trabajadores venezolanos que por ser ellos los creadores de la riqueza social, son también ellos los grandes beneficiarios del excedente creado por su esfuerzo diario.


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Humberto Trómpiz Valles


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