La bestial dictadura del capitalismo

Según el decir de los opositores al gobierno del presidente Chávez, “en este país hay una dictadura arrechísima.” Alguien, a quien reconozco hasta dónde puedo, persona inteligente, escribió no hace mucho, que ésta, la de Chávez, “es una dictadura bestial, sólo que moderna.”

El suscrito, que por nuestra edad y profesión, relacionada con la historia, conoce bastante de dictaduras, y por la persona que aquello dijo, se quedó algo más que asombrado. Nací, como él, recién terminada la dictadura de Gómez. Lo que equivale a decir que crecimos cuando aún a Venezuela la cubría la sombra dictatorial. Nuestra adolescencia y juventud, transcurrió bajo la dictadura de Pérez Jiménez, a la que contribuimos a enfrentar como militantes revolucionarios. Combatimos clandestinamente contra el gobierno de Betancourt, siendo militantes del MIR, partido que aquél ilegalizó y nos persiguió con saña. Sufrimos los efectos de aquella circunstancia y todavía, nos mantuvimos en la lucha clandestina contra Raúl Leoni. Estos dos últimos gobiernos, fueron dictatoriales, al mismo estilo gomecista o perezjimenista, tanto que gobernaron todo el tiempo con las garantías constitucionales suspendidas, de una constitución que apenas estrenaban, aprobada en un cenáculo, mientras los partidos populares y opuestos estaban ilegalizados. Aquello les permitió encarcelar masivamente a venezolanos sin juicio alguno, expulsar del país, lo que la constitución misma en todo caso prohibía, torturar, hasta asesinar y desaparecer opositores.

Pero uno sabe también, que dentro de sus dictaduras y democracias formales, el capitalismo ha desarrollado mecanismos que le permiten controlar el pensamiento de la gente; crearle hábitos, conductas, patrones de consumo, valoraciones políticas ajenas al interés colectivo y gusto por lo absurdo y banal. Es decir, hace del hombre un prisionero de una cárcel sin barrotes. Los medios de comunicación, esos que el capital controla y utiliza como agentes de venta, hacen un eficiente trabajo con esos fines. Son capaces de crear necesidades y valores cada vez más ajenos al hombre. Lo triste en todo esto, es que se asumen con asombrosa naturalidad.

Lo mediático convierte a cualquiera en piltrafa o héroe. Sé es buen actor o actriz sólo si te publicitan o sales en los medios. Si no estás en ellos, no eres nadie. Hasta la verdad existe, solamente si la historia la narra un medio de comunicación de gran penetración, porque ese rasgo también es influyente. Si la dice un solitario o una voz anónima, no hay verdad ni nada en qué creer. En suma, el capitalismo tiene sus mecanismos, en veces sutiles o descaradamente violentos, para imponerse cual dictadura feroz, cuyo sistema político excluye la participación popular para todo tipo de decisiones, hasta aquellas trascendentes y que le incumben sobremanera. La multitud, la masa, “los desdentados” no existen o carecen de derechos. Capitalismo y democracia son conceptos excluyentes; por su esencia aquél es contrario a ésta.

El personaje inteligente, arriba mencionado, quien bien sabe de estas cosas, sobre las cuales escribió en el pasado, cuando no era tarifado del gran capital, usó ese conocimiento para inventar lo de la dictadura moderna, refiriéndose al gobierno de Chávez. Una “curiosa dictadura”, que no sólo permite la libre expresión del pensamiento, sino que estimula el debate, lo ansía, necesita de él. Que no acosa a nadie por sus ideas. Hasta permite a sus opositores todo tipo de desafueros. No tiene presos políticos, aunque se empeñen en decir lo contrario. Los “políticos” detenidos por el sistema judicial lo están por cometer delito. La tortura no existe, porque es una aberración que el proceso condena por su moral e historia. No hay política estatal que ampare el asesinato político y menos la figura del desaparecido. Cualquier recién llegado que lea la prensa venezolana, recorra las calles y escuche a opositores expresarse y en el tono desafiante en que lo hacen, no admitiría nunca la validez de esas acusaciones.

Las elecciones mismas, que permiten al sector opositor tener candidato, hacer su campaña con toda libertad, hasta cometiendo actos irregulares como el caso Caldera y, la creación de un sistema electoral elogiado por el mundo entero en cuanto a su confiabilidad y ante el cual la oposición misma no puede presentar de manera oficial ninguna objeción, sino hablar pendejadas en los rincones y justamente, otra vez, por los medios a su servicio que son la mayoría.

¿Dónde se hallan los heroicos resistentes, clandestinos de la oposición a quienes Chávez acosa? Ni siquiera quienes cometen tropelías, actos vandálicos, saboteos para intentar lograr sus oscuros propósitos. Porque en esto la candidez gubernamental asombra.

Es más, el chavismo está desmontando los mecanismos culturales, publicitarios y de todo tipo que utiliza el capitalismo para imponer sus hábitos, patrones destinados a la especulación y explotación del trabajo. Le abre oportunidades de todo tipo a quienes no las tuvieron.

Porque si hay una dictadura moderna en toda sociedad capitalista y en Venezuela persiste, la del capital y los capitalistas, que especulan con las medicinas, alimentos, servicios de cualquier tipo y la información. Esa de los medios de comunicación privados que los heroicos resistentes del pasado todavía tienen que enfrentar en desventaja; aquellos consecuentes que enfrentaron a Gómez, Pérez Jiménez y hasta Betancourt y Leoni, combaten hoy para hacer de Venezuela, un país libre y soberano, liderados por el presidente Chávez.

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