El método Osmel para la selección de candidatos a diputados

Es el Miss Venezuela el concurso que representa mejor a la mujer-objeto o a la mujer mercancía, es la niña de los ojos de muchas empresas que patrocinan la banalización del género en nuestro país. El método de escogencia de las mises para cada uno de los estados que ellas van a representar es singular para seguir explicando la extraña cooptación estética que se usa para escoger a una de ellas para tal estado, aunque jamás en la vida haya pisado su suelo. Esto no nos sorprende, hoy mucho menos cuando hemos mejorado nuestra forma de mirar la realidad gracias a un presidente que se ha convertido en el mejor alfabetizador político, de allí su conexión intima y sentimental con el pueblo que ha dejado de ser una noción abstracta para erigirse en alfarero trabajando con su propio barro.

Sin embargo llama mucho la atención ciertas críticas que han venido haciéndose a la extraña manera de escoger los candidatos a diputados para los respectivos consejos legislativos regionales, dentro de las filas de los partidos y organizaciones que apoyan la candidatura de la patria, la del comandante–presidente Hugo Chávez Frías. En efecto, parece no haber ninguna diferencia entre la escogencia de las mises y los candidatos y candidatas a diputados(as). El pueblo, gracias a sesudos dirigentes “revolucionarios”, vuelve a ser esa noción abstracta que conocerá a sus candidatos cuando empiece la campaña, el afiche se encargará de hacer de la conexión el ejercicio mecánico de una soberanía edulcorada. Puede que algunos de los elegidos o ungidos por un poder regional o municipal  mal concebido haya demostrado teimosia y perseverancia en el trabajo creador dentro de las comunidades, es posible que otros  no, y sobre esas posibilidades no hay sorpresas. El problema es la manera de concebir a la gente, a las personas a la hora de tomarlas en cuenta, para unas cosas, pero para otras no. Es como si invocaran una especie de democracia aparentativa que divaga entre los bonitos discursos elaborados en torno al protagonismo y el rancio ejercicio o práctica del puntofijismo de nuevo cuño.

Esto no es bueno, y deben saberlo los camaradas que se están postulando con ese método, sólo que parece seguir prevaleciendo aquella estúpida conseja de la caja boba: “como vaya viniendo vamos viendo”. Lo saben, pero para ellos lo importante es acceder a ciertas escalas de poder -más que poder, de gobierno, pero más allá de éstas se encuentra el atractivo de los círculos de relaciones que se forman para UNO, en nombre de TODOS-. Total la “gente”, bajo esta concepción,  es sólo voto y tienen que obedecer la línea del partido, respetar la condición de año electoral y sencillamente depositar su voto. No dejan de ser interesantes al respecto las interrogantes que plantea Claudio Domínguez  http://www.aporrea.org/regionales/a148228.html: ¿Es posible plantearnos el objetivo histórico de ser un país independiente, si como hombre y mujer, no ejercitamos la voluntad de ser auténticamente protagónico? ¿Existe un país soberano sin el ejercicio de la soberanía? ¿Puede concebirse un país sometido a una potencia y sostener que las personas de ese país son soberanas?. Realmente como lo sostiene el camarada en su crítica estamos demostrando una interesante pero peligrosa cercanía con el modelo viejo, que muchos están optando a que no muera y por ende que no nazca lo que debe nacer.

Sobre la primera interrogante, sin embargo, debo decir que se intenta el ejercicio de la voluntad para el protagonismo, sólo que hay otros sectores que parecen más concentrados en impedir que ésta se desate pues ello implicaría el fin de la democracia en primera o tercera persona que postulan con su prácticas. Ello encerraría una creencia ciega en el NOMBRE, pero un alejamiento peligroso con el HOMBRE (y la mujer).

En cuanto a la soberanía como tal ésta pasa por la determinación, no sólo del ser, sino en la profundidad misma que implica la comunitariedad y sus dimensionantes. En efecto, acercarnos al modelo de sociedad que queremos pasa por entender la necesidad que tenemos de cambiarle el sentido a las concepciones que se tienen acerca del ser, del hacer, del tener y del poder. Si no estamos claro sobre el topos que ocupamos y sino pensamos desde ese lugar nuestro diremos con Simón Rodríguez “hemos arado en el mar”.

La conciencia para este Proceso, para dotarle de signos y símbolos revolucionarios no debe  radicar en lo aparente porque el mismo pueblo larguirucho y nuestro ha aprendido que las apariencias engañan. De allí que debemos pensar en ser potencia sin confundir que independencia y emancipación no son la misma cosa. Lo que paso en Carabobo, por ejemplo debe ser un elemento para concientizarnos y despejar las dudas sobre lo que significa la palabra del comandante presidente en torno a lo que él considera es la mejor opción y lo que realmente significa la mejor opción, la opción preferencial, pues lo que se cuestiona no es el nombre como tal, ni la decisión de Hugo Chávez, sino la manera oportunista como algunos dentro de nuestras organizaciones han empezado a interpretar a su favor aquello, del año electoral, de la línea del partido y de la palabra del camarada presidente y se han plegado tanto a ellas con cierto fundamentalismo que  confunden hoy el rostro con la máscara y vienen haciendo uso de ellas para ir escalando posiciones, en instituciones, en sindicatos, entre otros.

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