La Primavera de Praga y la preocupación del Presidente Chávez

Hace ya 44 años de aquel movimiento suscitado en la capital de la entonces Checoslovaquia, conocido como La Primavera de Praga. Fue un proceso liberador en el que estuvieron involucrados obreros, estudiantes, políticos, periodistas y cuidadanos comunes, que apostaban por reformas que permitiesen la libertad sindical, libertad de prensa, la existencia de múltiples partidos políticos y el derecho a huelga. Este movimiento comenzó en enero de 1968 y duró hasta mediados de agosto del mismo año, cuando por orden de Leonid Brezhnev, Checoslovaquia fue invadida. Los tanques soviéticos nuevamente habían traspasado las fronteras de un país miembro del pacto de Varsovia para aplastar una iniciativa independiente y critica de la política lineal de Moscú, tal como lo habían hecho con la revolución Húngara en 1956.

Leonid Brezhnev argumentaba que se había tomado la decisión de intervenir por pedido mismo del partido comunista checo, quien a su vez había dicho que tal movimiento estaba infiltrado por una conspiración trotskista. Tal apreciación costó alrededor de 400 muertos y cualquier cantidad de heridos. “La infiltración trotskista” tal parece que habría alcanzado a Tito en Yugoslavia y a Ceacescu en Rumania, quienes criticaron férreamente la invasión y sus consecuencias.

Lamentables experiencias históricas y políticas, más el desmoronamiento de la URSS, nos han enseñado que el problema de la burocracia es un asunto fundamental a la hora de tratar y proponerse desde la perspectiva revolucionaria, la posibilidad de un nuevo modelo político, social, económico, cultural, etc. La burocracia falsifica, corroe, maltrata, secuestra las conquistas propias del pueblo y se llena de dinero por medio del erario público. La burocracia es una casta que no tiene problemas en encontrarse con la burguesía, pues tratan los mismos temas, son negociadores, sus hijos estudian en los mismos colegios, compran ropa en los mismos almacenes, toman el mismo whisky, es decir: la burocracia es la otra cara del capital, y cuando llevan a cabo sus acciones en contra de aquello que pone en peligro sus privilegios, se justifican como lo hizo Brezhnev diciendo que La primavera de Praga era un movimiento contrarrevolucionario.

El presidente Chávez viene haciendo publica su preocupación por la burocratización de nuestro proceso revolucionario, pero el compañero presidente deja muy en abstracto su inquietud, no la baja a tierra. Pues el camarada Chávez solo nos dice que hay que combatir la corrupción y que hay que ser honesto, cosa que es cierto, pero que tenemos que profundizarlo, ya que ante la avasalladora lógica del capital, no hay ser humano que esté blindado, pues para eso precisamente están montadas las estructuras propias del capital: para inocular y minar a los hombres y mujeres que en ellas hacen vida.

Escoger candidatos a dedo es un elemento burocrático, es distanciarse del carácter popular y constituyente de nuestro proceso revolucionario. Eso se asemeja más al hecho que tengamos funcionarios del gobierno, que a la vez son jefes del PSUV, voceros del polo patriótico y además tienen programas de televisión. Son los mismos que se oponen al control obrero,“señalan” a los sindicatos y tratan con desdén a las bases en general.

La preocupación expresada por el presidente abre un debate que debemos asumir con el mayor rigor posible y apostar por la dialéctica como el gran método de razonamiento que nos permita enriquecer y cualificar el proceso en aras de darle el rumbo que el mismo amerita. Entendiendo por supuesto que los oprimidos del mundo no tenemos salida en el marco del capital y por ello apostamos por un mundo sin burgueses ni burócratas.


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Gustavo Martínez Rubio / miembro de Marea Socialista


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