Marx y la forma general del valor

Hasta ahora, Marx ha distinguido dos formas del valor: a) la forma
simple, concreta o fortuita del valor y b) la forma total o desarrollo
del valor. 20 varas de lienzo = 1 levita, es la forma simple del
valor, mientras que 20 varas de lienzo = 1 levita, o 10 libras de té,
o 40 libras de café, o 2 onzas de oro, etc., es la forma total del
valor. En esta forma, el valor del lienzo se expresa a través de
innumerables elementos que forman parte del mundo de las mercancías.
Es, precisamente, en la forma total del valor donde queda plenamente
de manifiesto la genuina naturaleza del valor: “cristalización de
trabajo humano indistinto”. En la forma total del valor, el trabajo
que crea valor se equipara con todo trabajo humano, independientemente
de la forma natural en que se exprese (levitas, té, café, oro, o lo
que fuere). En la forma total del valor, el lienzo se relaciona no con
una específica mercancía sino con todas las mercancías. “El lienzo
adquiere carta de ciudadanía dentro de este mundo”, dice Marx. En la
forma simple del valor, que el lienzo y la levita puedan
intercambiarse en una específica proporción cuantitativa (20 varas de
lienzo por 1 levita), puede implicar algo meramente casual. En la
forma total del valor, existe “un fundamento sustancialmente distinto
de la manifestación casual y que la preside y determina”. El lienzo
siempre vale lo mismo, así se exprese en levitas, té, café u oro. En
la forma simple del valor la relación entre dos mercancías es casual.
Pues bien, en la forma desarrollada del valor, esa casualidad ha
desaparecido. En la forma total del valor, la levita, el té, el café y
el oro, son equivalentes del valor del lienzo, materializan el valor
del lienzo. La levita, el té, el café y el oro, constituyen cada uno
de ellos formas equivalenciales dadas. Lo mismo acontece, remarca
Marx, con las clases de trabajo útil, específico, contenidos en las
mercancías materiales: su interés se centra exclusivamente por ser
específicas manifestaciones del trabajo humano en general.

Marx detecta ciertos defectos en la forma desarrollada del valor. En
primer lugar, la considera siempre incompleta. Las veinte varas de
lienzo se expresan en formas equivalenciales cuyo número es infinito.
En segundo término, se despliega de manera tal que configura “un
mosaico abigarrado de expresiones de valor dispares y distintas” (1
levita, 10 libras de té, 40 libras de café, 2 onzas de oro, etc.).
Finalmente, si el valor relativo de toda mercancía se expresa de esta
forma, “la forma relativa del valor de cada mercancía se representa
por una serie infinita de expresiones de valor distintas de la forma
relativa de valor de cualquier otra mercancía”. El valor relativo del
lienzo se expresa a través de la levita, de las diez libras de té, de
las cuarenta libras de café, de las dos onzas de oro, etc.; según
Marx, el valor relativo de la levita, por ejemplo, se expresa a través
de una serie infinita de expresiones de valor diferentes. Los defectos
detectados por Marx en la forma relativa del valor se trasladan a la
forma equivalencial. La forma equivalencial correspondiente a una
mercancía forma parte de una serie infinita de formas equivalenciales.
En consecuencia, cada forma equivalencial excluye a las restantes, lo
que significa que “sólo existen formas equivalenciales restringidas”.
Lo mismo sucede con la clase de trabajo útil contenido en cada forma
equivalencial (levita, té, café, etc.) Se trata pura y exclusivamente
de una forma especial e incompleta del trabajo humano. Ahora bien, la
forma desarrollada del valor consiste en una suma de expresiones
simples del valor de una mercancía: 20 varas de lienzo = 1 levita, o
10 libras de té, o 40 libras de café, o 2 onzas de oro, etc. Cada una
de estas ecuaciones encierra otra ecuación idéntica: 1 levita = 20
varas de lienzo, 10 libras de té = 20 varas de lienzo, 40 libras de
café = 20 varas de lienzo, 2 onzas de oro = 20 varas de lienzo, etc.
Si el dueño del lienzo decide cambiarlo por muchas otras mercancías
(la levita, el té, el café, el oro, etc.), es lógico que los dueños de
estas mercancías decidan cambiarlas por el lienzo. En consecuencia, si
se procede a invertir la forma desarrollada del valor, emerge la forma
general del valor: 1 levita, 10 libras de té, 40 libras de café, 2
onzas de oro, etc., = 20 varas de lienzo.

Ahora, la levita, el té, el café, el oro, etc., expresan sus valores
en una sola mercancía, el lienzo, y de una manera única ya que todas
acusan su valor en la misma mercancía. “Su forma de valor es simple y
común a todas; es, por tanto, general”. La forma concreta del valor y
la forma desarrollada del valor tenían algo en común: expresaban el
valor de una mercancía (el lienzo) como algo diferente de su propio
valor de uso (su materialidad corpórea de mercancía). En las
ecuaciones 1 levita = 20 varas de lienzo, 10 libras de té = media
tonelada de hierro, etc., el valor de la levita se expresa como un
objeto igual al lienzo. De igual forma, el valor del té se expresa
como un objeto igual al hierro. Ahora bien, “lo igual al lienzo y lo
igual al hierro, expresiones de valor de la levita y el té,
respectivamente, son cosas tan distintas entre sí como el lienzo y el
hierro mismos”. La forma simple del valor fue útil en la antigüedad,
cuando lo producido por el trabajo se transformaba en mercancías a
través de intercambios esporádicos y coyunturales. En la forma
desarrollada del valor, el valor de una mercancía (la levita) se
distingue más radicalmente que su valor de uso ya que la levita
aparece como algo igual a sus equivalentes (el lienzo, el hierro,
etc.). La levita aparece, remarca Marx, “como algo igual a todas las
mercancías, con la sola excepción de la propia levita”. Y agrega: “La
forma desarrollada del valor empieza a presentarse en la realidad a
partir del momento en que un producto del trabajo (…) se cambia, pero
no como algo extraordinario, sino habitualmente, por otras diversas
mercancías”. La forma desarrollada del valor empieza a presentarse en
la realidad cuando comienza la transición de esa forma a la forma
general del valor.

En esta forma nueva, los valores de las mercancías quedan expresados
en una sola mercancía (el lienzo). Además de diferenciarse de su
propio valor de uso, el valor de cada mercancía se distingue de todo
valor de uso en general, lo que le permite expresarse en función de lo
que posee en común con todas las mercancías. La forma general del
valor relaciona a todas las mercancías consideradas como valores,
permite que las mercancías se vinculen como valores de cambio. La
forma simple del valor y la forma desarrollada del valor expresaban el
valor de una específica mercancía (el lienzo). Mientras que en aquélla
el valor de una mercancía se expresa en otra mercancía, distinta y
concreta (la levita), en ésta el valor de una mercancía se expresa en
una serie de mercancías distintas (la levita, el té, el café, el oro,
etc.). En ambas formas del valor correspondía a la mercancía como
valor relativo (el lienzo) el darse una forma de valor, quedando las
otras mercancías reducidas al rol pasivo de equivalentes. En la forma
general del valor, éste emerge por decisión colectiva del mundo
mercantil. “Una mercancía sólo puede cobrar expresión general de valor
si al propio tiempo las demás expresan todas su valor en el mismo
equivalente, y cada nueva clase de mercancías que aparece tiene
necesariamente que seguir el mismo camino”. En la forma general del
valor, la mercancía destacada por las otras mercancías como
equivalente reviste el carácter de equivalente general: 1 levita, o 10
libras de té, o 40 libras de café, o 2 onzas de oro, etc. = 20 varas
de lienzo, siendo el lienzo el equivalente general de las otras
mercancías. La forma natural propia del lienzo “es la configuración de
valor común a todo este mundo de mercancías (la levita, el té, el
café, el oro, etc.), y ello es lo que permite que el lienzo pueda ser
directamente cambiado por cualquier otra mercancía”.

A manera de colofón, Marx expresa lo siguiente: “La forma general del
valor, forma que presenta los productos del trabajo como simples
cristalizaciones de trabajo humano indistinto, demuestra por su propia
estructura que es la expresión social del mundo de las mercancías. Y
revela al mismo tiempo que, dentro de este mundo, es el carácter
general y humano del trabajo el que forma su carácter específicamente
social”.

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