Leninismo o culto al espontaneísmo, esa es la cuestión

Lenin fue contundente cuando señaló que las luchas reivindicativas (o economicistas) no generan espontáneamente conciencia revolucionaria, entendiendo a esta última como la adopción masiva del marxismo por las amplias vanguardias de las clases objetivamente revolucionarias.

Lenin ubicaba acertadamente a las luchas reivindicativas como expresión de la contradicción entre explotados y sus explotadores que pugnan sin interrupción, con flujos y reflujos, por arrancarle al capital mejores condiciones en la compra/venta de la mercancía fuerza de trabajo. Es decir, se trata de una pugna ubicada en el terreno del mercado capitalista imposible de convertirse, por sí misma, en una lucha por la abolición del sistema capitalista en general. Con sus bemoles, podemos inscribir en esta categoría no sólo las luchas sindicales, sino también las luchas de los más diversos sectores por su inclusión social y por el respeto a su cultura y cosmovisión, amenazadas por el capitalismo mundial.

Basta observar con detalle algunas experiencias concretas para comprobar que el simple desarrollo de esta contradicción no genera automáticamente conciencia revolucionaria. Casos donde a pesar de la presencia de maduras condiciones objetivas, las masas populares -y sobre todo sus vanguardias- al adolecer del manejo adecuado de los elementos teóricos-científicos de la ideología revolucionaria, se le ha dificultado el paso de los objetivos reivindicativos hacia los objetivos políticos revolucionarios.

Porque de eso se trata. La revolución solo será posible cuando las clases explotadas asuman la transformación política de la sociedad como un todo, remplazando al Estado burgués por el Estado popular-revolucionario. Y esto es algo radical y nada fácil, que no podrá ser logrado sin una guía científica, pues no se trata sólo de “destruir” un estado de cosas sino fundamentalmente de construir un nuevo mundo, una nueva vida.

La historia está llena de episodios donde –producto de estas carencias- las luchas de sectores populares terminan sirviendo de punta de lanza de los intereses más reaccionarios. Ello gracias a la doble acción de la manipulación burguesa (que tiene en la secular dominación ideológica su principal recurso) y la falta o deficiencia en el manejo de la ideología revolucionaria por sus vanguardias (que es un conocimiento científico y no empírico).

Por otro lado, el economicismo no sólo se inscribe en la práctica dentro del sistema capitalista, sino que muchas de sus formas han sido institucionalizadas por éste, absorbidas gracias a su enorme capacidad metabólica. Incluso en los países capitalistas llamados desarrollados cuyas empresas transnacionales han expoliado y expolian a los países de la periferia imperial, parte de estas riquezas fluyen a manera de “goteo” hacia las clases explotadas de los países desarrollados, lo cual ha servido de base material al hoy en crisis Estado bienestar europeo y al “American way of life”. Como subproducto surgió el fenómeno de las “aristocracias obreras” europeas y gringas, parasitarias de las clases dominadas del mundo. Recientemente, las llamadas Comisiones Obreras españolas –otrora combativas vanguardias proletarias- manifestaban su repudio a la nacionalización argentina de la empresa petrolera YFP en manos de la rapaz transnacional española Repsol. Peor aún las posiciones eurocéntricas y filo-eurocéntricas de algunos intelectuales de izquierda que han sobrestimado los alcances de la llamada “Primavera Árabe” y servido de mampuesto a la violencia imperial y reaccionaria desatada por imperialistas, neocolonialistas y oligarcas petroleros árabes contra los pueblos y gobiernos libios, sirio y persa, entre otros.

Ningún conocimiento científico puede ser adquirido espontáneamente. El conocimiento científico es fruto del estudio y del método sistemático que combina la teoría y la práctica, siempre alejado de todo empirismo. La teoría aislada no genera ciencia, la práctica sin guía teórica tampoco.

Cuando Lenin decía que la ciencia revolucionaria viene de afuera del movimiento popular se refería, a nuestro entender, a eso. No puede la mera lucha reivindicativa o práctica social, por si sola, generar ciencia revolucionaria. La diferencia con el tiempo en que vivió Lenin es que hoy la humanidad dispone relativamente de elementos comunicacionales que rompen con el férreo monopolio que del conocimiento científico –que al fin y al cabo es un producto social- tenían las clases dominantes. Es cierto, pero subrayamos su relatividad porque esos mismos medios comunicacionales son fraudulentamente utilizados por las burguesías como barreras contra la difusión descontaminada del conocimiento científico, sobre todo en el campo de lo social. El sistema educativo burgués continúa llevando en su seno la contradicción entre el conocimiento científico necesario para sostener el impulso de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, versus la confirmación científica de la caducidad del capitalismo y de la necesidad histórica de su reemplazo por el socialismo. La declaración a favor del socialismo de Albert Einstein es un ejemplo. La aparición de la ciencia ecológica, a pesar de las tergiversaciones, es otra muestra de ello.

Lenin arreciaba en su crítica contra aquellas corrientes internas del campo socialista que levantaban el culto a la espontaneidad, asignándole arbitrariamente a la lucha economicista capacidad de gestación, por sí misma, de ideología revolucionaria.

Estas corrientes entraron a un debate con Lenin donde negaban la necesidad del partido revolucionario como ente organizado que en forma consciente introdujera la ciencia revolucionaria al interior de las clases llamadas a liderar el cambio histórico. En este contexto Lenin produjo lo sustancial del llamado leninismo que sigue por cierto siendo rechazado por los herederos actuales de estas corrientes.

Lenin nos alecciona de la necesidad de un partido revolucionario que en el caso venezolano de hoy permita la vinculación dinámica de cuadros revolucionarios bien formados con integrantes de las vanguardias sociales y de la intelectualidad popular emergentes que recién se incorpora a la lucha política revolucionaria (a diferencia del relativamente hermético partido bolchevique de cuadros clandestinos que actuaban desde la ilegalidad enfrentados a la represión más absoluta del zarismo).

En Venezuela, algunos personeros de estas corrientes –en su afán por negar la necesidad estratégica del partido- han llegado al extremo de señalar al levantamiento popular de Febrero de 1989 o Caracazo de ejemplo de cómo un movimiento popular espontáneo, carente de una dirección orgánica revolucionaria, podía provocar situaciones revolucionarias o pre-revolucionarias.

Visto en perspectiva, aquel movimiento fue ciertamente un golpe temprano a la estrategia neoliberal de la burguesía y del imperialismo, pero sólo fue la rebelión militar del 4F la que potenció su efecto político transformador. De no haber existido 4F (ni 27N) es bastante probable que la mencionada capacidad metabólica del capitalismo pudiera posponer, quien sabe por cuánto, las transformaciones revolucionarias que protagonizamos en la actualidad, relegando al 27F a un episodio más en la sangrienta historia de represión de los explotadores contra los explotados.

Aunque en el sentido clásico, el MBR-200 (que lideró aquella rebelión militar) no era un partido explícitamente marxista-leninista, tenía indudablemente muchas características que lo asemejan a un partido de cuadros revolucionarios, siendo hoy –pasando por el MVR- uno de los embriones fundacionales del PSUV. Para nadie es un secreto que en la formación ideológica sistemática de aquellos cuadros militares jugó un papel fundamental componentes de la ciencia revolucionaria. Dicha ciencia no está en contradicción con la comprensión y la valoración de los aportes de nuestra historia particular, si es que alguien se atreviera, por ejemplo, a contraponer el marxismo al pensamiento bolivariano (robinsoniano o zamorano), independientemente de las equivocadas opiniones del mismo Marx al respecto.

Lo que queremos destacar es el rol fundamental que juega el pensamiento y la ciencia revolucionaria en la conducción exitosa de la sociedad revolucionaria hacia la transformación material y moral de la misma. Y también señalar que en última instancia las corrientes que le asignan al movimiento popular espontáneo poderes que no tiene, terminan ineludiblemente haciéndole un servicio político a la burguesía, clase negadora por excelencia del papel revolucionario del marxismo y de todo partido revolucionario.

El culto al espontaneísmo le sirve a la burguesía cuando nada más y nada menos niega u obstaculiza la creación y consolidación del partido revolucionario. Es menester de los revolucionarios y las revolucionarias dar el debate ideológico contra estas corrientes que en el seno del movimiento popular pretenden desarmar al pueblo de uno de sus principales instrumentos para la transformación histórica.

INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA. VIVEREMOS Y VENCEREMOS.

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