¿Cuánto dura una revolución?

La pregunta que sirve de título a este artículo me la planteó un amigo, y uno que está muy de acuerdo con el proceso. En realidad, no creo que haya esperado de mí una respuesta concreta, sino más bien, la formuló con miras a entablar un debate, cosa que a mí suele encantarme. La pregunta me pareció terriblemente pertinente, ¿es que acaso una revolución puede durar para siempre? Las revoluciones económicas, sociales y políticas que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad ¿han durado para siempre?

En primer lugar, deberíamos precisar que significa el término revolución, demasiado manoseado a mi modo de ver. Una de las acepciones del diccionario es “cambio violento en las instituciones políticas de una nación”. Otra, “cambio importante en el estado o gobierno de las cosas”.

De las anteriores definiciones podemos inferir que una revolución se da en un tiempo relativamente corto y los cambios son muy importantes, y en las revoluciones políticas lo que cambia vertiginosamente es la forma de gobierno. Cabe destacar el adjetivo violento que se usa en una de las definiciones de revolución.

Cuando analizamos algunas de las revoluciones famosas, la revolución americana, la francesa, la rusa, la china y la cubana, vemos como denominador común justamente la rapidez con que se dieron y por la vía violenta, cambios sustantivos en la forma de gobierno; en el caso americano, pasando de una colonia a una república; en la francesa, de un sistema monárquico a uno republicano; en la rusa, también pasando de una monarquía a un régimen socialista; en la china, de un modelo imperial feudal también a un modelo socialista; y por último, en Cuba, se pasó de una dictadura a un modelo socialista. Todos estos cambios políticos se dieron en unos pocos años, para entrar después en el status quo, la revolución se transformó en establishment. Esto es bastante lógico, porque una vez introducido los cambios, los revolucionarios se convierten en defensores de la nueva situación que se ha creado y por ende se oponen a más cambios, en realidad se vuelven reaccionarios.

Podemos decir que las revoluciones cuyos logros han permanecido en el tiempo, son la americana, la francesa y la cubana, aunque ni los americanos ni los franceses asumen hoy en día que están aún viviendo en un tiempo de revolución, el régimen cubano era el único que sostenía que la revolución cubana aún tenía vigencia como en el año 1959, sin embargo, después del discurso de Raúl Castro ante la Asamblea Nacional cubana, admitiendo la necesidad de cambiar el modelo económico a riesgo de perderlo todo, nos revela la magnitud de la tragedia y el naufragio del socialismo cubano.

Todos sabemos lo que ha pasado con la revolución rusa y la china, la primera fue barrida sin mayor pena ni gloria, y la segunda, se ha convertido en un régimen que reprime con puño de hierro cualquier disidencia política, aunque en materia económica se ha abierto al capitalismo, y por cierto, al más salvaje que pueda imaginarse. Los ideales de la revolución americana y francesa aún permanecen en el tiempo y se ha suscitado un proceso de evolución en lo político que ha terminado en lo que hoy llamamos las democracias occidentales caracterizadas por un sistema electoral representativo que garantiza la alternabilidad en el poder, la separación de poderes, la defensa de la libertad de expresión y libre asociación de los individuos.

Sin embargo, se ha llegado a este punto a través de un proceso evolutivo y no revolucionario, acabando con la esclavitud, imponiendo el voto universal, y desarrollando un mecanismo de control entre los poderes.

En el caso venezolano, la revolución bolivariana no llegó por la vía de las armas, ni hubo una ruptura drástica de la institucionalidad. Se llegó por la vía electoral y los cambios se han ido impulsando de una forma muy lenta, empezando primeramente por la aprobación de una nueva constitución con postulados muy progresistas pero que de alguna manera pueden ser sostenidos por corrientes políticas de muy distinta orientación. De hecho, llama la atención que todos los sectores políticos desde la izquierda a la derecha manifiestan su defensa de la carta magna.

Después de 11 años de “revolución” nos encontramos con una Venezuela que estructuralmente sigue siendo la misma, con una economía de puertos, un sector manufacturero nacional muy débil, unas iniciativas en lo económico como el intento de reforzar el cooperativismo que fracasaron, unas empresas del Estado que no han podido conformar un sector económico estatal eficiente, productivo y pujante, siendo el caso de Guayana muy emblemático de lo anterior, un país dependiente más que nunca de los avatares del mercado petrolero, con un nivel alto de inflación ya crónico, con recesión económica y no debida a la crisis mundial porque los precios del petróleo se han mantenido altos, con una política económica clásica de devaluaciones forzadas, de control de la inflación vía operaciones de compra y venta de bonos en mercado abierto, de manipulación de la tasa del IVA y la creación y supresión de un impuesto a las transacciones financieras de acuerdo a las necesidades de efectivo del aparato gubernamental, con déficit gigantesco de viviendas, con una burocracia gubernamental aumentada e ineficiente, con elevados niveles de corrupción, una población más grande que ha ido incrementando la superficie ocupada por los barrios y ranchos improvisados.

La estructura política a pesar de los intentos de cambio por la vía del ascenso del poder popular, sigue siendo básicamente la misma, con alcaldías, gobernaciones, poder ejecutivo, legislativo, poder ciudadano y moral, etc. De hecho, tenemos que reconocer que eso de poder popular está aún por verse, y que hasta los momentos, es meramente declarativa pero sin acciones concretas. La división político territorial sigue siendo la misma a pesar de los planteamientos para un cambio drástico, y a pesar de la creación de vicepresidencias regionales por parte del Ejecutivo, cuya labor y eficacia aún está por ser demostrada.

Por la televisión vemos la propaganda oficialista señalando que vivir en socialismo es tener educación gratuita, medicina gratuita a través de Barrio Adentro y comida barata a través de Mercal. Si nos detenemos a pensarlo bien, todo lo anterior, ha sido llevado a cabo en otros países y en otros tiempos sin que nadie haya hablado de revolución. De hecho, todo lo anterior, podría perfectamente verse como logros de un gobierno socialdemócrata en otras latitudes.

En virtud de todo lo anterior, la gradualidad del proceso durante estos 11 años, el mantenimiento de la estructura económica, social y política, la persistencia de un modelo rentista dependiente del petróleo, una política económica errática y conservadora marcada por las necesidades de caja del aparato gubernamental y el desarrollo de una política de bienestar social basada en la renta petrolera de corte socialdemócrata, podemos decir que dudamos de la existencia de una verdadera “revolución”. Tal vez el éxito de Lula en Brasil fue el no haber prometido una “revolución socialista” , sino, haber aceptado que el momento histórico en ese país era el propicio para llevar adelante un gobierno progresista que mejorara las condiciones de pobreza extrema de una parte importante de la población brasileña.

A la luz de lo que sucede hoy con la revolución cubana y su giro hacia la liberalización de la economía, creo que es necesario ser muy prudente con el uso de la palabra “revolución” pues genera expectativas e ilusiones difíciles de satisfacer en el corto plazo, además, una revolución para serlo de verdad debe ser rápida y radical, si los cambios se introducen gradualmente a lo largo de los años y no involucran un giro de 180 grados en la estructura política, económica y social, estamos frente a un proceso evolutivo y posiblemente progresista, pero que de revolución no tiene nada.


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