¿Qué es una empresa socialista?

Tras la frase “estamos construyendo lo que es el socialismo” se esconde, muchas veces, el mas completo desconocimiento de lo que se trata todo este proceso de transformación. Es cierto, aun debemos ajustar elementos filosóficos y prácticos sobre el socialismo del siglo 21, pero debemos tener completa claridad en lo esencial del socialismo: una vez el estado en manos del pueblo soberano este interviene directamente en la economía y en la sociedad para evitar la explotación de la mayoría por una minoría. Cualquier concepción de socialismo parte, al menos ideológicamente, de esa base totalmente contraria a la doctrina liberal, la  cual plantea que el estado no debe intervenir en la economía ni en la sociedad para que a través de la libre competencia y la “mano invisible del mercado” se llegue al bienestar común.

El socialismo sabe que “la mano invisible del mercado” es en realidad el pie invisible del monopolio, sea este privado o estatal, hecho ya comprobando y que imposibilitaría a la “Escuela de Chicago” explicar paradojas como la caída de la receta en Argentina, donde llegaron a privatizar el mismísimo Zoológico de Buenos Aires ó el que Los Estados Unidos de América, el gobierno mas liberal del mundo, sea desde 2009 el mayor dueño de bancos del globo, embarcado en un rescate de su economía que en las reglas de futbol, equivaldría a agarrar la pelota con las manos.

Hoy en día tenemos en Venezuela empresas socializadas, y dentro de estas muchos trabajadores le preguntan a sus jefes: “¿qué es una empresa socialista?”. Obviamente este debería ser el momento estelar para enseñar, pero presa del desconocimiento, el interrogado generará una de las siguientes especulaciones, dependiendo del actor: en el gerente escuálido, “coleado en el proceso”, se le hace fácil decir: “no se, esos tipos no saben ni de que están hablando”, pero para otros, comprometidos con el proceso, fieles seguidores rojos rojitos, los mismos a los que Lenin les dirigió aquella frase de: “no hay praxis revolucionaria sin teoría revolucionaria”, porque esos han existido toda la vida, se las verán en las chiquiticas cuando el mensajero les diga “¿mire licenciada qué significa eso de una empresa socialista?” entonces saldrán con aquello de que se esta “construyendo el socialismo”, y es verdad, ¡pero hay una parte construida e irreversible!: la orientación a la propiedad social y a cubrir las necesidades sociales. Esto debe enseñarse, porque sino nuestro vocero no actuará contundentemente en beneficio del proceso, como lo haría un “cuadro formado”, sino que, en el mejor de los casos, hará el papel de un creyente “comeflor” capaz de afirmar cosas como que el socialismo es “hacer a los pobres sufrir menos” o que “la gente debe tener casas y empleo”, ¿Quién podría decir que eso no es socialismo?, sí lo es, pero solo una parte pequeña del formidable concepto.

En primer lugar, una empresa socialista es una organización de propiedad social, no simplemente estatal, sino en el nivel más alto, aquel que garantiza el bienestar de la sociedad, una propiedad que va a rendir frutos sociales, pudiendo ser incluso entregada por el estado a la comunidad para su administración.

Una organización  de propiedad social que a través de la participación protagónica de sus trabajadores produce bienes y servicios necesarios a la sociedad. No es una empresa soviética que se contenta con ser de propiedad estatal, implica la participación y no en un grado cualquiera sino en la toma de las decisiones directas, eso significa protagónico. El protagonista no es un extra ni una actriz de reparto, es el que da sentido a la historia contada por la novela.

Detengámonos en el último elemento: “producir bienes necesarios a la sociedad”. Una empresa socialista no estimula el consumo innecesario, no acumula capital, produce bienes que favorecen la sociedad y sus excedentes los invierte tanto en la comunidad como en el bienestar de sus trabajadores.

En suma, lo característico de una empresa socialista es su carácter de propiedad social, versus la propiedad privada de los medios de producción de una empresa capitalista. Que dignifica y hace participante al trabajador, versus la explotación de este por un patrono privado. Que produce para la sociedad en lugar de estimular el consumismo. Y finalmente, que incrementa el bienestar en lugar de acumular capital.

Lewobitz ya lo ha señalado aquí mismo en Caracas, aquello característico de una empresa socialista no es su carácter de propiedad estatal (eso seria soviético) ni el control autogestionario de los trabajadores, ya eso ocurrió en Yugoslavia, con mucho éxito, y sin embargo la organización de trabajadores al mando,  redujo personal y automatizó para acrecentar sus ganancias, operando de espaldas a la sociedad. Lo verdaderamente decisivo, dice Lebowitz, en la empresa socialista, es la orientación social de su producción.

De otra manera veremos repetidos los vicios soviéticos de una burocracia poderosa apropiada de hecho de los medios de producción. Ejemplo de ello lo podremos conseguir aquí mismo, en aquella aberración de una CVG Cuarta, dominada por el “Zar de Guayana” Sucre Figarella, o la PDVSA de la cuarta, manejada por clanes como el de Praseli o el de Alcock, para poner ejemplos de los cuales este pueblo olvidadizo no ha de recordar fácilmente y que ni siquiera hoy en día nuestros seguidores comprenderían cuando les expliquemos la anécdota del coronel retardado, quien recién ascendido a general y enviado a cumplir una misión relevante en la estatal petrolera cayó en los brazos de las mafias del Emirato PDVSA Cuarta, al punto de llegar a conspirar contra su benefactor, en un acto que hasta en el comportamiento perruno se denigra por aquello de morder la mano que te alimenta.

El socialismo revolucionario parte de que es el pueblo mismo quien conduce el proceso, no se lo regalan desde arriba, como pretendió el socialismo utópico, o los semisocialismos del siglo 20 con sus fórmulas de la socialdemocracia o la tercera vía, donde se plantea conciliar con la burguesía y aceptar su sistema como forma de llegar al poder y entonces “hacer el socialismo”.

Nuestras fuentes están en el socialismo científico marxista, en el socialismo revolucionario cristiano, en nuestro árbol de las tres raíces: Bolívar, Robinson, Zamora; en nuestra herencia indoamericana. Por esa razón una empresa socialista no puede ser concebida ni como un monasterio utópico socialista donde todos somos “solidarios” entre nosotros mismos y aislados de la sociedad, ni como un espacio de conciliación con los intereses burgueses reaccionarios.

La empresa capitalista tradicional y la del siglo 21 saben muy bien que las relaciones de producción  operantes en el mundo actual no permiten una cosa tan odiosa como el trabajo repetitivo, la gerencia despótica o las relaciones verticales, entre muchas otras que eran comunes hasta hace apenas tres décadas. La crisis de la competencia global mostró la necesidad de superar viejos esquemas capitalistas del trabajador repetidor para adoptar toda esa argamasa socialista con carteles y talleres de “estos son nuestros valores”, “somos una familia”, “consultemos directamente al operario, al obrero, al cliente final”, o como decía Jan Carlson “el encuentro entre quien representa la empresa y el cliente es el momento de la verdad”.

Muchos quisieran escuchar que la literatura de comportamiento organizacional de Robbins es la que se usa en una empresa “capitalista de rostro humano” entre tanto una socialista trataría de aplicar el Manual de Economía Política de Nikitin. Lamento decepcionarlos, no funciona así, las empresas capitalistas simplemente saben, y por el “saber” que da el ejercicio de ganar millones de dólares y destruir a los adversarios, algo evidente hasta en la película El Padrino: “yo tengo mis negocios afuera, lo importante en mi casa es mi familia, mi iglesia y mi honor”. La empresa capitalista tiene sus “negocios”: ganar, destruir, competir a muerte, pero por dentro aparenta ser enérgicamente socialista, lo demuestra desfachatadamente con gestos, detalles y remilgos. La redacción de los valores, misiones y visiones no escatiman en requiebros y poesías como por ejemplo “somos una empresa orientada a la gente”,  y cuando no le renuevan el contrato a una mujer embarazada o despiden a un obrero reincorporado después de un reposo por accidente laboral, parecieran decir simplemente: “perdóname, no es personal, solo negocios”. Su uso de eufemismos como el de “desvinculación” para aludir al despido, o “reorganización” para la desvinculación masiva, nos recuerdan la figura del oxímoron, error del discurso, (Como el pleonasmo Ej. Autosuicidio), donde se combinan dos cosas incompatibles, ejemplo: los conceptos americanos de “una fuerza militar de paz” o “actúe en forma natural” que de tanto repetirlos nos hacen olvidar su absurda composición contradictoria y falsa.

Debería haber sin duda una indemnización para quien, creyéndose ser verdadero miembro de una “familia” como estas, sea despedido al ser victima del downsizing (botar gente) o los outsourcings (contratar tercerizados) que distinguen la empresa capitalista más moderna con respecto a aquella tradicional, la cual si tenia empleados con antigüedad y hasta jubilaba. No, ahora las empresas capitalistas son como Mac Donald, una empresa ganando millones de dólares diarios sin freír una hamburguesa, la maquila, la economía de guerra con sobreproducción armamentista, el bendito problema de la droga, de la cual ha llegado a decir Milton Friedman que la guerra contra esta es ineficiente porque quien la combate es una “empresa socialista”, es decir, un esfuerzo emprendido por el estado ineficiente, ¡absurdo!, la guerra no ha servido porque el negocio de la droga sí es una empresa capitalista moderna, cuyos tentáculos están de uno y otro lado, sin reconocer sino sus propios intereses, que no cree en nacionalidades, deberes ni concepción de la humanidad alguna distinta a aquello que se llama el capital.

Las empresas socialistas tienen la ventaja de tener un discurso interno genuino y en demostración constante, que no utilizan la política del palo – burro – zanahoria, no necesitan engañar a nadie, tienen la ventaja de que el bien común, la cooperación, la solidaridad y la igualdad están en su esencia, son su razón de ser. ¡Trabajadores del mundo unámonos!

(*)  Ph.D en Economía y Gerencia

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