Alquimia política

El Dorado negro

El mito del Dorado, esgrime Eduardo Galeano en su libro “Las venas abiertas de América Latina”, fue un cuento que inventaron los indígenas para alejar a los Europeos de allí de sus dominios;  muchos españoles murieron en vano, intentando encontrar algo que nunca existió, unos murieron por hambre, otros por enfermedades y otros fueron atravesados por flechas. Para algunos cronistas ese anhelado Dorado tiene una ubicación espacial-geográfica en territorio de lo hoy conocido como República de Colombia; para otros, un tanto extrapolando al valor de las riquezas en el ahora histórico, ese Dorado es la Faja petrolífera del Orinoco en Venezuela.

En 1973, en el XX Aniversario de la Escuela de Estadística y Ciencias Actuariales (disciplina que aplica métodos estadísticos y matemáticos a la evaluación de riesgos en las industrias aseguradora y financiera), de la Universidad Central de Venezuela, el profesor y estudioso del asunto petrolero Domingo Alberto Rangel (1922), expuso en una Conferencia, titulada “El Imperio y la faja bituminosa del Orinoco”, que la postura del Imperio Norteamericano ante la creciente demanda de energía, era buscar nuevos yacimientos naturales que le garantizaran los suministros permanentes desde los distintos países productores. Según Rangel, desde ese momento la Faja Bituminosa del Orinoco pasó a ser un objetivo estratégico del Gobierno estadounidense. Lo único claro entonces era que había una Faja con una inmensa cantidad de petróleo, lo que no era cierto era su calificación de bituminosa.

La Faja cubre 55.314 km2, siendo la acumulación más grande que hay en el mundo de crudos pesados y extrapesados. Un lago de petróleo yace en las entrañas de la Faja del Orinoco, en percepción de Rangel; reservas que aumentan a medida que los estudios exploratorios de Pdvsa se profundizan.

En este sentido, la Faja, geográficamente, está en la ribera norte del río Orinoco y se extiende por el sur de los estados Monagas, Anzoátegui, Guárico y parte de Apure en el parque Guariquito. Cubre cuatro extensiones que antes se llamaban Cerro Negro, Hamaca, Zuata y Machete; desde el 2005, se les cambió el nombre por los de Carabobo, Ayacucho, Junín y Boyacá.

Rangel en tu Conferencia, que luego se materializó en libro en 1974, calificaba de bituminosa a la Faja, esto radicaba en que el primer pozo que se perforó en la Faja fue el Canoa 1 en 1936 y había una especie de estrategia de las empresas foráneas instaladas en Venezuela de calificar esas reservas como bitumen porque la producción de crudo liviano era alta; a esto se une que no había la tecnología suficiente para procesar este petróleo liviano, y lo calificaron como un gran lago de bitumen, cosa que no era cierta. El bitumen viene a ser un crudo menos comercial porque tiene alto contenido de metales, es más pesado, más viscoso y, por lo tanto, no fluye, lo que sí hace el petróleo. El bitumen canadiense no se mueve debido a la temperatura de 10º C a 15º C, y en el caso de la faja del Orinoco, la temperatura es mayor, lo que provoca que se mueva y fluya. En una palabra, se calificó de bituminosa para restarle valor y por ende poder acceder a ella a precios mínimos (toda una estrategia de mercadeo liberal).

En la Faja del Orinoco de hoy día, hay una cantidad variable de hidrocarburos; van desde extrapesados, a partir de 7º API (clasificación de American Petroleum Institute), hasta pesados que llegan a 16º API; hay que destacar que  entre el petróleo liviano, mediano, pesado, extrapesado,   superpesado, sus diferencias están enmarcadas los grados de concentración de sus compuestos, certificada por el American Petroleum Institute (API), a menor a 6º es bitumen, de 6º a 10º es extrapesado, de 11º a 18º es pesado, de 19º a 30º es mediano, entre 31º y 41º liviano y después de 42º son condensados.

A todas estas, la capacidad de producción de la Faja se mide por la sísmica aplicada durante la exploración que envía ondas debajo de la tierra que al rebotar quedan grabadas en superficie con lo que los geofísicos hacen un esquema macro para determinar el espesor de la arena. Después vienen los pozos exploratorios, luego los pozos de avanzada y con el espesor de las arenas se determinan los volúmenes que haya. La producción petrolera de la Faja ascendería en los próximos años, según cálculos de American Petroleum Institute, alrededor de 600.000 barriles de petróleo, a través de la exploración de Petróleos de Venezuela y las empresas mixtas.

Volviendo a la idea de Domingo Alberto Rangel en su Conferencia de 1973, la Faja, en ese momento calificada de bituminosa, se iba a negociar porque significaba honrar un compromiso económico con las empresas transnacionales que habían, entre comillas, realizado una inmensa inversión en el país. El asunto fue, y eso lo vaticinó Rangel, que los norteamericanos querían para ya hacer esa negociación, porque una “política venezolana que tienda a que la Faja no se explote por el Estado sino cuando nuestro petróleo convencional esté agotado, va a ser una zona de graves conflictos con los EE.UU. Si nosotros reservamos la explotación de la faja por el Estado, para dentro de diez y quince años (1984 ó 1989), tendremos recursos suficientes de capital y tecnología para enfrentarnos a las dificultades que pueda oponernos este yacimiento, que no es igual al Lago de Maracaibo, o los de Oriente…” ¿Qué demostró la historia? Que el Imperio, ante el retardo de las adjudicaciones y concreciones de explotación total sobre la Faja, iniciara un proceso de endeudamiento a través del Fondo Monetario Internacional produciéndose dos grandes crisis: la devaluación de la moneda nacional en 1983 y la aplicación de las medidas económicas de sinceración en 1989 (caracazo); como ven, coinciden los tiempos con el temor norteamericano a que se independizara tecnológicamente la empresa petrolera. En la década de los noventa todo estaba listo (la gran apertura petrolera) para que la tan anhelada negociación se diera…El proceso electoral de 1998 cambió el panorama; hoy la Faja del Orinoco es el Dorado desmitificado, cuya explotación y control ha quedado en manos de sus nativos propietarios.

*.-[email protected]


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Ramón E. Azócar A.


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