Un blanco de la derecha

Mario Silva

Cuando Mario Silva llegó a proyectarse como un excéntrico comunicador social de profundo ideal socialista, no se sabía aún de su gran capacidad para desbaratar la procaz mentira oligárquico-mediática y descubrir que por mucho sofisticio que usara la estrategia derechista para distorsionar los logros de la revolución, algún gazapo habría de encontrar Mario, para derrumbar tales propósitos. Es un trabajo de día a día. Y eso el fascismo no lo perdona. Tongonear al mismo son y en sentido contrario que toque el servilismo mediático a la conjura yanqui, es un riesgo de vida en vilo. Y Mario lo ha asumido. Allí están las razones para desear salir de él a como de lugar. Porque la orden, seguro, está dada. El atentado de hoy desnuda esa realidad. Y el recato aparente que el fascismo haya asomado en el logro de sus pretensiones de exterminio es precisamente porque Mario en la calle cuenta, con una amplia solidaridad de pueblo que se ha ganado con valentía. Y no es paja. Durante la campaña electoral valenciana, Mario demostró mucha eficiencia política. Cuando hostiles factores le acechaban con saña, él se abrigaba en la organización del partido. En esa oportunidad su trabajo político junto al equipo que le acompañó fue sencillamente tan excelente, que por poco gana las elecciones en ambiente de fuertes adversidades. Allí está otro elemento que lo sitúa como blanco pertinaz de la derecha recalcitrante criolla. No hay duda entonces que el gobierno debe cerrar la posibilidad de su aniquilación. Porque aquí si cabe entonces una clara reflexión, de que es posible que sin Mario en La Hojilla, el cerco mediático a la revolución pudo haber avanzado tanto que su cuello estuviera ya expuesto a la soga de su cautiverio.


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INGENIERO GEÓLOGO

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