La legión delincuencial

He podido apreciar que en el ámbito del poder Ejecutivo, o más bien, en general existe una voluntad política del Estado para hacer frente a la INSEGURIDAD, que afecta a nuestro querido País. La delincuencia y el gran número de armas que se encuentran en poder de un sinnúmero de personas inescrupulosas, que nos acechan a cuantos ciudadanos, nos arriesgamos a salir a la calle, bien sea a pie, en nuestros vehículos, o en unidades de transporte público es realmente impresionante y mortífera, me parece muy conveniente esa política de recoger esas armas con las cuales nos someten a diario para privarnos de nuestros bienes y hasta de la vida, de cuanta persona resultan a diario víctima de esa delincuencia.

He podido apreciar que el Estado ha destinado innumerables recursos y esfuerzos educativos en pos de darle a todos los ciudadanos la oportunidad de hacerse de una profesión que les haga acceder a una profesión u oficio, para vivir dignamente y que cada persona pueda obtener la satisfacción de sus necesidades de vida y las de su familia.

Es indudable el esfuerzo gubernamental para lograr que las personas en general adquieran vivienda, comida, salud y hasta vehículos familiares, al igual que se han abierto las vías para que las personas obtengan créditos a bajo o ningún interés, para facilitar el progreso de quienes quieran trabajar y emprender actividades económico productivas para alcanzar la mayor felicidad posible.

Todos estos esfuerzos son valiosos e innegables, que los tenemos al alcance de nuestras manos, sin distingos y sin preferencias. Sin embargo, el problema persiste y se mantienen gravísimos y alarmantes índices de delincuencia e inseguridad, que a mi manera de ver hay que explorar y buscar en la RAIZ del problema, que nos afecta lo cual no es otro que EL CAPITALISMO, que induce a las personas en general al consumismo y el deseo desaforado de adquirir bienes y servicios, producto de la publicidad creación de demandas en los consumidores y multitud de factores, que crean en la población reales y ficticias necesidades, que en definitiva es de donde se generan las actuaciones delictivas, que tanto nos preocupan.

Observamos que los victimarios, en alto porcentaje se localizan en una población joven y muy joven, quienes en su mayor cuantía no pueden ser penalizados propiamente dicho, aparte claro está de la impunidad imperante por la falta de denuncia, por ineficiencia del aparato policial y judicial, que deja un gran número de delitos sin la correspondiente sanción. Caso especial merece considerar el abarrotamiento de expedientes en las fiscalías, más la corruptela policial y muchos fiscales, que por venalidad o negligencia contribuyen con dicha impunidad.

En conclusión, tenemos una LEGION DELINCUENCIAL, que se nutre de una fuente inagotable, principalmente de un sector de nuestra juventud: LOS DESERTORES DEL PROCESO EDUCATIVO. El delincuente, generalmente no posee una profesión u oficio lícito del cual derivar sus ingresos, no tiene perspectivas de profesionalizarse; todo joven que deserte del proceso educativo bien puede ser objeto de un seguimiento sencillo, pues su destino en definitiva es LA LEGION DELINCUENCIAL. Desde la educación primaria, los de la educación media y también Universitaria, quienes se aparten del proceso educativo, vienen a ser individuos o candidatos potenciales de integrarse a la LEGION DELINCUENCIAL. El seguimiento es sencillo, a partir de nuestro sistema educativo, solo basta con llevar un estudio particularizado de cada caso de deserción y procurar darle un destino antes que sea reclutado por LA ILÍCITA LEGION. En un promedio de dos años acuartelados, bien se pueden formar en un oficio digno que le sea de utilidad al individuo y al país.

El Estado puede perfectamente crear una obligación de DEFENSA Y DESARROLLO, digamos, de modo que todo individuo hombre o mujer, que se aparte del proceso educativo debe ingresar en una especie de Servicio Militar Obligatorio, bajo régimen militar o equivalente, para impartirles una educación práctica o técnica, útil para la vida, un oficio según las aptitudes de cada cual y las necesidades de desarrollo del País, ya que un joven desertor del proceso educativo es un SEGURO CANDIDATO para ingresar a la LEGION DELINCUENCIAL. Incluso quienes ya estén enrolados en dicha ilícita legión, incorporarlos a un sistema de reeducación que los incorpore a la vida ciudadana y útil a la patria en oficios prácticos.

Todas las personas conocemos por experiencia común, que un joven adolescente, representa un serio peligro social, el mismo hecho de no encontrarse inserto en el proceso educativo, implica que su grupo familiar no pudo mantenerlo debidamente orientado hacia una profesión digna y licita. Sin un oficio y con tantas tentaciones de droga, alcohol, sexo y consumismo, el financiamiento de sus NECESIDADES, no es otro que el delito, las familias no pueden sostener esta carga económica.

La defensa y desarrollo, producirá en la sociedad en general, la contrapartida de la legión ilícita, ciudadanos aptos y capacitados para emprender actividades productivas en el área agroproductiva, construcción y demás necesidades de la Patria y de las familias de donde se originan dichos adolescentes o jóvenes. La misión saber y trabajo no basta, se debe hacer algo más directo y contundente mediante una adecuada legislación, que defienda a la sociedad.

Si logramos hacer que no siga creciendo la LEGION DELINCUENCIAL, el Estado puede perfeccionar la tarea represiva y de reeducación de la actual delincuencia, con todo el peso de la ley implacablemente y sin tregua.

Con un enfoque de esta naturaleza, con la incorporación de todos los sectores políticos y las Instituciones relacionadas con el problema de la denominada delincuencia Juvenil, bien puede vencerse el grave problema de inseguridad que confrontamos, la simplificamos y la vencemos.

Los jóvenes desertores del proceso educativo hombres y mujeres, no pueden dejarse de su cuenta, tienen mucho tiempo libre y demasiadas opciones delincuenciales, el consumo casi obligatorio de drogas, alcohol, más los gastos de la dinámica de la vida actual, necesariamente los van a llevar a organizaciones delictivas y a tareas contrarias a la vida digna que aspiramos todos los ciudadanos de nuestra Patria.

Este punto constituye apenas una idea de muchas que se pudieran poner en práctica si realmente nos avocamos a darle una solución definitiva al asunto.



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