Y ahora ¿Quién podrá salvarnos?

El 13/9/2010, hace solo dos años, se publicó  en la Gaceta Oficial 39.508, un conjunto de Normas para la protección de los usuarios bancarios, pero parece que los bancos las ignoran y no hay quien vele por el cumplimiento de las mismas. Pero lo más insólito es que entidades bancarias oficiales pareciera que se complacieran en hacer todo lo contrario a lo que la reglamentación establece. Un caso emblemático de ineficiencia, apatía y falta de respeto a los usuarios es el BANCO INDUSTRIAL DE VENEZUELA. Y no es en una agencia en particular, ya es algo epidémico en varios lugares de la geografía nacional: San Cristóbal, Porlamar, en las sucursales de Puente Hierro, el Ipsfa, Sabana Grande y la entidad principal del Distrito Capital.

En algunas oficinas como la de Pte. Hierro debes hacer cola fuera de la entidad, en plena acera, expuestos a la delincuencia de la zona, porque solo permiten entrar un máximo de cinco personas. Aunque hay capacidad para mayor número de usuarios, restringen la entrada porque “más usuarios elevan la temperatura de frízer que los empleados merecen y necesitan para realizar su trabajo” es la explicación que me han dado cuando protesto por la situación.

Sumado a lo anterior, desde hace algo más de un año, sistemáticamente son cancelados los retiros  en billetes de BsF. 20, 10 o 5 porque según ellos solo disponen de esas denominaciones. De nada ha servido manifestar el malestar por tal situación ante cajeros, subgerentes, gerentes, todos ellos parecen autistas y se limitan a encogerse de hombros, en el mejor de los casos. Por ello, cada quincena me desplazo a una sucursal diferente en Caracas, pero el problema es el mismo. ¿Será que pronto nos pagarán en monedas nuestros exiguos sueldos? Además, del malestar psicológico, debe sumarse los gastos de transporte para los continuos desplazamientos de sucursal en sucursal, la pérdida de tiempo, la apatía y hasta maltrato verbal del personal que labora en la entidad. Pero hay más: a veces, cuando se produce el cambio de guardia al medio día, el empleado comunica que solo tiene billetes de baja denominación y hasta su lenguaje gestual lo celebra, porque varias personas que tienen más de una hora esperando su turno, se retiran y continúan el peregrinaje en busca de que le  paguen aunque sea la mitad en billetes de BsF50.

Ni qué decir del número de funcionarios que atienden a los usuarios. La estructura interna de las agencias muestra el espacio adecuado para 5 o más empleados, pero sólo dos, y a veces uno solo, está operativo para la atención del público.

¡QUÉ CALVARIO! Y SIN PODER ELEGIR OTRA ALTERNATIVA PARA LA SOLUCIÓN DE TAN OPROBIOSA SITUACIÓN CONSUETUDINARIA pues estoy adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Educación y por ende no tengo otra opción que sufrir todas las quincenas la falta de respeto y el resultado de la ineficacia de tanta Ley que se queda en letra muerta.

La autora es: Lic.

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