Respeto para los pobres, no seguridad para los ricos

La seguridad que no respeta es injusticia


1. La seguridad y la Revolución: ¿De qué hablamos cuando hablamos de seguridad? ¿Quiénes la demandan, qué demandan? ¿Para qué, y sobre todo a quiénes sirven realmente las políticas de seguridad? ¿Qué dicen los pobres, los excluidos, cuando toman la palabra en el debate sobre la seguridad? Pese a la innegables transformaciones que vivimos, nuestra Revolución patina por los lugares donde transitan los sujetos que le sobran al capitalismo, los que fueron expulsados, los que no quedaron ni siquiera como ejército de reserva para ser los explotados del sistema, esos que hoy hacinan las cárceles del sistema penitenciario o que fuera de ella son el ojo del huracán de las “políticas de seguridad”.

La seguridad que no atiende, que no responde también a los excluidos, le pone un límite a la REVOLUCION, un techo que es el techo de la máxima exclusión. Aún está pendiente construir el paradigma de cómo debe de ser la justicia en el socialismo venezolano. Más cárceles y más policía NO son la solución.


2. El sistema de justicia, las políticas de seguridad y la violencia institucional: justificadas a partir de la alarma social y el pánico moral intentan disfrazarse de progresistas y humanizantes, cuando en su ejecución cotidiana resultan ser una continuación de las múltiples violencias y formas de irrespeto estructural del que ya vienen siendo objeto quienes padecen la pobreza y la marginación social.

No desconocemos la gravedad de la violencia del pobre contra el pobre, pero las políticas de seguridad encubren las situaciones de opresión y de exclusión que la causan. Las políticas de seguridad termina por sustituir y descuidar la principal tarea de la revolución: Construir una sociedad justa y de iguales, donde nadie necesite usar la violencia para obtener un respeto que la sociedad le niega.

La miopía del discurso burgués de la seguridad divide a la sociedad en dos bandos delimitados: la víctima, ser de lástima, condenado a la pasividad y a la demanda de ayuda compasiva; los delincuentes en monstruos irracionales, ajenos a toda humanidad y por merecedores sólo de control y represión. Ambas figuras justifican la seguridad como necesidad, siendo los delincuentes el motivo y las víctimas los clientes. .

Desde esta miopía, el Estado responde con políticas de seguridad que exponen una excesiva violencia institucional, unas políticas que se dirigen a los más pobres y cuyo efecto sobre los delitos de mayor gravedad es inexistente mientras que aumenta la tasa de encarcelación y perpetúa lógicas que producen violencia entre los iguales.


3. La pobreza como crimen: porque un sistema de justicia que, al seguir siendo burgués, señala a sujetos excluidos de la lógica capitalista como los únicos responsables de la violencia que “azota” las calles, los responsables del crimen, de los delitos que deben ser perseguidos y sancionados con mano dura. Hacia ellos se dirigen los discursos sobre la (in)seguridad. Para el discurso de la seguridad, son los actores que encarnan la violencia y el delito mientras se ocultan las otras violencias existentes: las de la policía, la violencia doméstica, el sicariato rentado por el poder, el negocio de las armas y del gran tráfico de drogas, los delitos de los poderosos, el delito de cuello blanco y corporativo, la corrupción, las formas de dominio y extorsión, ilegales y aceptadas, los delitos ambientales. ¿Será justicia cuidar el orden establecido por el capital por encima de la vida?


4. Ante este escenario, nos convocamos nosotros pobres, presos, militantes, mujeres, jóvenes, gente de barrio, investigadores comprometidos, buhoneros, perseguidos, excluidos, todos los rebota@s, los de abajo, para presentar otra cara de los problemas relacionados con la seguridad y las violencias; para posibilitar una comunidad de sentido que busca crear dinámicas de encuentro, organización y acción colectiva.

Confrontamos los discursos de la seguridad que alientan la generación de políticas que siguen orientadas por las lógicas de reproducción del capital que derivan en protección a los ricos y sanción a los pobres. Proponemos transformarlas en lógicas de reproducción ampliada de la vida, donde el RESPETO sea el principio que guíe las prácticas políticas. Pretendemos producir prácticas nuevas que permitan desestructurar el dispositivo de la seguridad hecho de prejuicios de clase y de raza, y actuar sobre la estructura social, las políticas y los imaginarios que sostienen la exclusión, la violencia y la criminalización.


Respeto es que los pobres no sigamos muriendo violentamente por culpa del sistema.

Respeto es poder tener opciones de vida no subordinadas a la explotación.

Respeto es que las políticas de seguridad NO sigan sirviendo para proteger a la burguesía, mientras matan y se llevan presos a los de clase humilde.

Respeto es que los medios de comunicación no manipulen el miedo para propiciar que los pobres sean tratados como criminales.

Respeto es que NO nos dignifiquen, sino que reconozcan nuestra DIGNIDAD.

Respeto es que la población penitenciaria sea tratada como gente.

Respeto es que desaparezca toda forma de abuso y humillación de las autoridades.

Respeto es que no exista ninguna forma de aplique entre los iguales porque toda desigualdad es un irrespeto.

La seguridad que NO respeta es INJUSTICIA.


Rebota@s. Plataforma de los de abajo por el respeto y la igualdad.

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