Los Precios de mercado son concatenables, no así los costes de producción

Los trabajadores tienen el poder de reclamar tantos aumentos de sus salarios como incrementos que semanal o quincenalmente hagan sus patronos, y hacerlo sin pasar por los protocolos sindicaleros de costumbre, ya que los consumidores afectados en la presente guerra son precisamente los propios asalariados. Las correspondientes huelgas podrían ser interdiarias y generales.

Dados determinados costes de producción, los precios de mercado son referencia de ingresos para las empresas a fin de garantizarse ganancias medias con independencia del capital invertido en determinada producción o comercio. Estos precios de mercado   son la concreción más actualizada de los precios de producción en los que previamente la competencia entre los propios oferentes transformó sus valores de producción a fin de garantizarse una tasa media de ganancia a pesar de operar con composiciones orgánicas de diferente peso.
Es así cómo las empresas de alto capital obtienen tasas de ganancia a la medida obtenida por las empresas de menor capital. Este fenómeno, insistimos, se lleva a cabo mediante la transformación de los costes de producción[1] en precios de producción. Estos, a su vez, son los que terminan siendo transformados en precios de venta a partir de sus correspondientes precios de mercado. Todas esas transformaciones son propias y exclusivas del libre mercado.
A pesar de que la oferta se coloca según los precios de mercado, estos guardan una relación directa con el valor específico de cada tipo de mercancías, de su calidad como valor de uso, de su carga cuantitativa de fuerza de trabajo social, ya que de lo contrario todas las mercancías se venderían al mismo precio y eso no ocurre. Desde luego, el valor o coste de producción de una empresa no llega al mercado imponiendo estos costes particulares ya que se da por descontado que otras empresas ya lo hicieron en conjunto.
Sin embargo, lo que sí ocurre es que los precios de mercado influyen no sólo en el precio de venta de las mercancías   con características similares a la que el vendedor toma como referencia para el marcaje del precio de la suya, sino también influyen en el precio de todas las demás aunque sus valores de uso sean diferentes. Esto damos en llamarlo la concatenación de los precios.
Esa concatenación surge por la misma razón de que los bienes son intercambiables como depósitos de fuerza de trabajo aplicada, porque todas las mercancías tiene en común provenir del trabajo, y por consiguiente resulta razonable que si el precio de mercado de una mercancía de  uso cotidiano y popular, digamos el azúcar, incrementa su precio de mercado, también tiendan a incrementarse no sólo los que le sean complementarios y sucedáneos, sino todas los mercancías ya que lo que se incrementa es el valor  trabajo  subyacente en la mercancía cuyo precio de mercado se toma como referencia inicial , siempre que se conserve una proporcionalidad de partida. Así, si un pan tiene un precio de mercado equivalente al precio de un lápiz e grafito, esta relación de valores y de precios es la que debe seguir rigiendo en el resto de las mercancías concatenadas.
Para provocar la presente inflación extraeconómica, ciertos empresarios actúan sobre esa base; lo hacen aquellos que tienen todavía en su poder el control de la fabricación y/o distribución de algún producto de la cesta básica. Es a este tipo de oferente al que el Estado debe casi mediatamente visitar, confrontarlo y tomar las necesarias y urgentes medidas antibelicistas.
Por su parte, los trabajadores tienen que asumir el control del valor de su trabajo que es la causa aparente, principal y determinante de estas descontroladas subas de precio que se basan en un supuesto incremento de la mano de obra, o es que descaradamente sólo se basarían en subas arbitrarias de precio que definitivamente el Estado debe sancionar con cierres indefinidos de los comercios que inician el concatanamiento de precios que nos ocupa.
 

 


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Manuel C. Martínez


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