Supermercados, ladrones.com

El hombre se acercó al mostrador de los quesos y embutidos y preguntó por el precio del queso parmesano de origen uruguayo; detrás de él me detuve con la mirada expectante, pues era el mismo producto que yo necesitaba; -268 bolívares el kilo, casi gritó la vendedora- ¡coño!- retrocedí enseguida, ¡joder apenas lo había comprado en diciembre pasado por un poco más de la mitad¡ Entonces a mi lado empezó un señor de unos 50 años, vestido todo con ropa de marca a vociferar: ¡Sigan votando por los malditos rojos, estamos todos jodidos por los ignorantes y desgraciados que creen en ese guevón de Chávez!... Y por allí continuó escupiendo agravios.

Buscando aclarar el porqué del rápido aumento llamé a la vendedora pidiendo hablar con el gerente o encargado, máxime que apenas unos pocos días escuché por televisión, a altos personeros del gobierno diciendo que las existencias que tienen todos los comerciantes fueron comprados con dólar a 4,30 y que aún no se otorgó un solo dólar a 6,50, por lo cual este supermercado Unicasa de la Avenida Urdaneta, candelaria, estaba especulando.

Por supuesto que nadie con ese título o cargo apareció y mientras, el desgraciado ahora apoyado por un individuo aupándolo con las manos estaba más envalentonado y recurría a mayores insultos escatológicos.

Aguantado de contestarle por la negativa de las dos amigas que me acompañaban, y por la frase aquella que dice que “los violentos son ellos y no debemos caer en su juego” me disponía a largarme. Entonces el desgraciado cuando pasé a su lado dirigiéndose a mí, bramo; ¡malditos chavistas hijos de puta, no sé porque no termina de morirse ese coño de madre de Chávez!

Perdí el control y rápidamente empujé con fuerza el carrito de productos que el truhán sostenía dándole por la cintura a la altura de su correa, la sorpresa salió de su cara acompañada del silencio, los pocos que vieron se alejaron con pasos disimulados. El también, extrañamente lo hizo sin decirme una palabra ni otra reacción. Mis amigas muy nerviosas empezaron a insistirme marcharnos sin comprar los restantes productos, pero me negué en redondo, argumentando, ¡hasta cuándo vamos a ser nosotros los que debemos torcer el brazo!

En esta nueva batalla económica nuestra respuesta debe ser enfrentarlos con todos los medios a nuestro alcance, sin ningún temor, porque ellos si ganan, vendrán por nosotros, por los lobos disfrazados de caperucita que roban en la administración pública y por los revolucionarios honestos de verdad.

PD: En este supermercado el remarcaje de precios, llega a niveles descarados.


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