Almirante Carmen Meléndez: ¿Auditar desde afuera o dentro?

Carmen Meléndez, dicho así con sencillez, la misma que emana de su sosegada figura, fue designada por el presidente Chávez, para evaluar o auditar la gestión gubernamental en busca de la mayor eficiencia posible. Para ello se le hizo miembro del gabinete ejecutivo y uno supone, que su tarea envuelve parámetros tanto cualitativos como cuantitativos. Lograr que las tareas se ejecuten con la mayor idoneidad; es decir con la calidad debida, celeridad necesaria y manejo pulcro de los dineros que para ellas se asignen. Pero también, que la inversión y ejecutoria, sean coherentes con el proyecto nacional, lo que envuelve también la apertura de caminos hacia el socialismo.

No hay duda que se trata de una responsabilidad enorme que no sólo demanda un esfuerzo sin límites, sino pulcritud en demasía, amor por la patria y desmedida disposición al servicio del interés colectivo. Por encima de todo, exige la necesaria objetividad e impersonalidad necesarias para ser justo y asertivo. Pero también, una concepción metodológica, que pasa por una manera pertinente de relacionarse con el mundo al cual debe enfrentarse, en el mejor sentido del término. En este particular, la discreción y el pasar desapercibido parecieran ser fundamentales.

Como los venezolanos hemos aprendido a conocer a Chávez y podemos ufanarnos que en ese sentido hemos avanzado mucho, podemos asegurar que cuando escogió a la Almirante Carmen Meléndez, para desempeñar la función que ésta ahora tiene, no dio un paso en falso y menos se fundamentó en supuestos nada sólidos.

Por eso, no tenemos duda alguna de la competencia y mejor disposición de la designada para desempeñar el difícil rol que le fue asignado. Pero, pese a todos los valores positivos que a ella le adornan, podría suceder que por una inadecuada ubicación, quien tenga el mejor sentido de la vista, no logra el mejor ángulo del paisaje, no alcance a mirar y percibir como el pueblo y el presidente esperan.

Lo primero que a uno se le ocurre preguntarse acerca de la función que la alta oficial de la marina debe cumplir es ¿a quién va a auditar, vigilar o evaluar?

Uno imagina, y no puede ser de otra manera, que al gobierno todo. A todos aquellos funcionarios y organismos o dependencias por debajo de la presidencia de la República, por lo menos, en el ámbito del Poder Ejecutivo. Eso significa que debe estar detrás de las ejecutorias de los ministros hacia abajo. Le han impuesto la tarea de medir el ritmo, eficiencia, rendimiento de esos funcionarios. El rendimiento de la inversión pública y hasta el gasto bajo la responsabilidad de ellos. Por supuesto, también en el resto de los niveles de la estructura del gobierno nacional y los regionales.

Pensamos que en su campo de trabajo no hay funcionarios excluidos por su importancia, cercanía y deba centrarse en quienes podrían ser simples cumplidores de políticas que ya vienen diseñadas, medidas y determinadas de arriba. La causa de una mala operación en cuanto a ritmo, cantidad o calidad, puede estar alojada en cualquier nivel de la escala administrativa. Por eso a nadie puede dejarse fuera del área de observación de quién debe cumplir el trabajo que ahora fue asignado a la Almirante Meléndez.

Siendo así, para no contaminar sus procederes y observaciones, pareciera lógico pensar que ella no deba aparecer envuelta dentro del mundo de relaciones de quienes deben estar bajo su vigilancia. Verle cumplir a diario tareas con miembros del gabinete, primeros a quienes debe evaluar, genera la idea del nacimiento de compromisos e intimidades que podrían volverse molestosos cuando haya que abordar una investigación y toma de posición.

Cuando el presidente le nombró para el cargo y le asignó la responsabilidad inherente al mismo, pensé que no era sano o sensato que formase parte del gabinete ejecutivo. Que debía mantenerse alejada del ámbito donde se mueven y encuentran los funcionarios a evaluar y para ello vigilar. No obstante, si en eso uno se equivoca y se nos dice que eso es bueno para que tenga información de primera mano de lo que aquéllos deben hacer, estamos seguros que convivir con ellos en ese espacio, andar en tareas de gobierno, genera vínculos que le inhabilitan para ejercer con propiedad la tarea original.

Auditor o celador, que se “enllave”, mezcle personalmente con quienes debe observar, vigilar, evaluar o en fin de cuentas procesar sus procederes, diligencias, rendimiento, nivel de eficiencia y hasta responsabilidad, se entorpece para tal fin. Lo de “enllavarse”, está escrito de la mejor buena fe y sano sentido, pues parte de la idea que ese cercano convivir y actuar conjuntamente, necesariamente genera afectos que contaminan el trabajo de quienes deben cumplir tareas como las de la almirante.

Las relaciones de compañerismo, el sentirse partícipe de la tarea que cada quien cumple o debe cumplir por su lado; el establecimiento de relaciones estrechas por el diario compartir de la mejor buena fe, impide que se pueda evaluar con equidad y pertinencia.


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