¿Con quién vamos?

En el Banco de Venezuela asesoran al estilo escuálido


Por lo que paso a comentar, que antes a mi me comentaron, recuerdo el inicio de “Doña Bárbara”.

“Un bongo remonta el Arauca”; el patrón, pregunta:

-“¿Con quién vamos?”

En el bongo que Santos Luzardo ha abordado, también va el “brujeador”, hombre de confianza de “Barbarita”, la dañera o la doña, con la finalidad de vigilar de cerca al heredero del hato de “Altamira.” Luzardo, pese a haber sido advertido de los peligros que eso implica, entabló amistad con el siniestro personaje y èste hasta viaja como su invitado.

¿Con quién vamos?

Esa pregunta y remoranzas de la obra gallegiana nos la hacemos cada vez que sabemos cosas como estas que acontecen en todos lados. En PDVSA, sobre todo por su valor estratégico y aporte al avance del proceso de cambio e inclusión. Donde amigos y familiares incorporan a los suyos, en posiciones claves, no por la utilidad que puedan significar para la empresa y avance social, sino para que se “resuelvan”, sin percatarse que pueden ser esquiroles. En este caso, se piensa que los amigos y familiares están primero, la revolución viene después.

¿Con quién vamos?

Cuando los productores de pollo, entre ellos quienes han recibido toda la ayuda del gobierno y alcanzado por eso otro status, se “encambimban” con los otros para no enviar sus productos al mercado si no les permite un aumento de precio y con ello, ayudan y entran en la ronda especulativa. Lo mismo que los “compatriotas” pescadores, quienes, pese al esfuerzo y cooperación del gobierno, se meten en el contubernio de los propietarios de cavas, donde hay un importante monopolio, y no venden al público, contribuyendo a alargar la cadena.

Ahora mismo, Elías Jaua, ha informado con euforia y por ello lo felicito, la creación de unos centros de acopio para pescadores beneficiados por el gobierno. Pero eso me hace recordar lo que antes he denunciado. En otros sitios del país, se organizaron a pescadores, suplido de motores, embarcaciones, cavas y fundado esos centros de acopio, y los beneficiados han optado por cerrarlos para venderles a los caveros. Esto significa que, pese a la buena fe del gobierno y su hermosa gestión, iniciada con la Ley relativa a la pesca, los productos del mar ostentan precios que los hacen inalcanzables al gran público consumidor. Eso nos obliga a preguntar:

¿Con quién vamos?

Dos amigos profesores universitarios jubilados, beneficiados con el pago de las prestaciones sociales mediante el Petro Bono, cada quien por su lado, me refirieron estos hechos que me parecen graves, por lo que, pregunto una y otra vez:

¿Con quién vamos?

Los dos están con el proceso revolucionario venezolano o para decirlo sin rimbombancia, con Chávez. Recibieron información de autoridades competentes del Ministerio de Educación Superior, según la cual, el bono les dada tres opciones. La primera dejar todo el dinero depositado en el banco, con el respaldo del bono, el cual les garantiza buenos dividendos y contribuye con los planes nacionales; segundo, retirar una porción, la que sea crea necesaria y dejar otra invertida o solicitar que el Banco, en este caso el de Venezuela, les haga entrega de todo su dinero. Para llevarlo a otro lado o darle el fin que se crea conveniente.

Ambos, cada uno por su lado, acudieron a distintas oficinas o agencias del banco antes mencionado. Uno habló directamente con el gerente; el otro con uno de esos funcionarios que llaman “Ejecutivo de Atención al Cliente”.

Acudieron los dos, por razones nada difíciles de entender; sobre todo por su solidaridad con lo que aquí acontece, para escoger la segunda opción; retirar una pequeña porción y dejar el resto invertido en el bono.

Los dos, inteligentes y acuciosos, pidieron a los funcionarios que les atendieron explicaciones sobre el asunto. Pese, a como dijimos, ya sabían lo necesario. Cada uno escuchó con paciencia la misma explicación que antes les dieron en nombre del gobierno.

¿Usted qué me aconseja?

Hicieron, cada uno por su lado, en tiempo y espacio diferentes y a distintas personas, la misma pregunta.

“Cada pulpero alaba su queso”, dice el refranero popular. Y como la función primordial de esos funcionarios es trabajar a favor de su empresa, esperaban que los agentes del Banco de Venezuela, les recomendasen dejar el dinero a cambio del bono, hablasen de las ventajas que eso significaba para el inversor o por lo menos, les sugiriesen lo que pensaban hacer antes de llegar allí.

¿Con quién vamos?

Mis dos amigos, hicieron lo que pensado tenían antes de llegar al banco. Pero escucharon, no sin asombro y calentura, cada uno por su lado, de boca de funcionarios distintos de oficinas diferentes del Banco de Venezuela en Barcelona, la misma respuesta:

-“Le aconsejo que saque sus reales y los meta dónde crea conveniente, porque es lo más seguro.”

La historia o, como suelen decir los cumaneses, el “cacho” me lo echaron dos personas serias y chavistas.

¿Con quién vamos?

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